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ANÁLISIS

Un canal discreto Ajuria Enea-Moncloa

Nunca un lehendakari había convocado una rueda de prensa para presentar personalmente a sus colaboradores más directos como ha hecho Iñigo Urkullu con el secretario general de Paz y Convivencia, Jonan Fernández; la directora general de Derechos Humanos, Mónica Hernando, y el coordinador de Atención a las Víctimas del Terrorismo, Txema Urquijo. Y menos aún, la víspera de su primer encuentro como lehendakari con el inquilino de La Moncloa, Mariano Rajoy.

Con esa puesta en escena y la rueda de prensa de ayer en Madrid, Urkullu quiso expresar la importancia que otorgará en su mandato a la consolidación del final de ETA. “Aprovechar la oportunidad” que se presenta, como dijo tras el encuentro con Rajoy.

Urkullu sabe que, pese a la complejidad del reto, solo la consolidación del final del terrorismo le puede ofrecer satisfacciones políticas en un mandato en el que la crisis va a seguir campando a sus anchas y causándole disgustos, aunque se empeñe, lógicamente, en hacer de ese reto su prioridad. También ha expresado reiteradamente su desinterés por la vía soberanista por la que ha apostado Artur Mas. Urkullu se vacunó de esa experiencia con el frustrado y frustrante, para el PNV, plan Ibarretxe. Sabe que en Euskadi, al contrario que en Cataluña, no existen actualmente mimbres de consenso suficientes para hacerlo viable sin traumas. Sin embargo, sí ve que hay mimbres para ahormar en el País Vasco un consenso, aunque no exento de dificultades, sobre la consolidación del final de ETA. Fue eso lo que ayer trasladó a un Rajoy atento, al que pidió colaboración.

Urkullu va a hacer de la ponencia del Parlamento vasco sobre Paz y Convivencia el eje de su política de consolidación del fin de ETA y va a presionar, con el apoyo de PNV y PSE, para que participen en ella PP, UPyD y EH-Bildu y facilitar desde ese foro —se acabaron las mesas discretas de partidos— el consenso para avanzar en la convivencia en Euskadi.

Un plan convivencia que pasa por el reconocimiento del daño causado y una revisión crítica del pasado, sobre todo por parte de ETA y la izquierda abertzale, y una política penitenciaria activa para los presos de ETA que supere las presiones inmovilistas de un sector de los reclusos y de una derecha radical —que utiliza a una parte de las víctimas del terrorismo— que se muestra contraria a la política constitucional de la reinserción, favorable al cumplimiento íntegro de las penas de los terroristas e insensibles a que la banda cesó definitivamente hace 15 meses. En todo ello tiene mucho que decir Rajoy, y una prueba de su interés es que Urkullu anunció, ayer, no solo la institucionalización de un canal fluido con el presidente, sino también discreción, que es la pantalla de los compromisos. Con ello, Urkullu colmó su objetivo.

La decidida apuesta del lehendakari por consolidar el fin del terrorismo se manifiesta, también, en la elección de sus dos principales colaboradores, Fernández, procedente de Elkarri, y Urquijo, de Gesto por la Paz. Son dos activistas sobresalientes y complementarios —uno ha defendido el diálogo con ETA y el otro la movilización contra la banda— que han aceptado el cargo bajo la condición de ensayar políticas activas para la convivencia en Euskadi.