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Interior mantiene bajo vigilancia a 20 etarras en cinco países de la UE

Los terroristas han huido de Francia ante la presión policial en el país vecino

La compañera sentimental de Lander Fernández toma la palabra en una protesta en Roma contra la detención de su pareja. Ampliar foto
La compañera sentimental de Lander Fernández toma la palabra en una protesta en Roma contra la detención de su pareja.

Lander Fernández Arrinda fue detenido el pasado miércoles en Roma, donde vivía con su novia en una casa okupa desde hacía un año. Al igual que a Arrinda, Interior tiene controlados a una veintena de presuntos etarras en distintos países de la Unión Europea. Se encuentran, fundamentalmente, en cinco Estados: Bélgica, Alemania, Irlanda, norte de Italia y Reino Unido. Algunos llevan años allí; otros han llegado en los últimos meses por la presión policial de Francia sobre ellos, porque saben que en el país vecino no están seguros y porque una ETA que no está cometiendo atentados no necesita a todos sus miembros pegados a suelo español.

Muchos de ellos hacen vida normal. Están integrados en sus países de acogida con documentación falsa y sin llamar la atención; esperando por si, en algún momento, sus servicios pueden ser requeridos. Sobre todo, en este período en el que ya no ponen bombas, pueden ayudar a otros miembros de la organización que quieran salir de Francia. La Policía Nacional y la Guardia Civil les siguen la pista con la colaboración de sus colegas de esos países.

Se trata de militantes con distinto nivel de importancia dentro de la organización —algunos, mínimo, como el propio Fernández Arrinda, al que buscaba la Audiencia Nacional por un delito de estragos— pero con causas pendientes en España, según fuentes de la lucha antiterrorista. Esta veintena de personas es a las que se refería el ministro del Interior la semana pasada cuando anunció —en unas declaraciones sorprendentes para un ministro, que no suele advertir de futuros arrestos— que próximamente podría haber “más detenciones en otros países europeos”.

El ministro se refirió a ellos al anunciar próximas detenciones

Por los controles de distinto tipo a los que están sometidos estos miembros de ETA, la policía española puede seguir sus debates internos. Incluso los que llevan más tiempo inactivos, sin colaborar con la organización, no pierden detalle de todo lo que tiene que ver con las noticias en torno al final del terrorismo, cada movimiento de la izquierda abertzale, los gestos del Gobierno, la política penitenciaria, las cartas y pasos de los llamados presos de la vía Nanclares —unos 20 de los 500 reclusos de ETA en cárceles españolas— que han abandonado la violencia y se han desvinculado de la banda...

En estos momentos, aparte de la veintena de miembros de ETA dispersos por países europeos, puede haber otros 50 en Francia y otras 50 personas más en ese país que, aunque no formen parte de la organización ni hayan cometido delitos, militan en el entorno que la arropa. Por otro lado, fuentes de la lucha antiterrorista calculan que hay una treintena de etarras en Cuba y otros 30 o 40 en Venezuela.

Imagen del presunto etarra, arrestado el miércoles.
Imagen del presunto etarra, arrestado el miércoles.

El sector más duro de los etarras que están en la clandestinidad en Francia está apoyado por miembros de ETA en Venezuela y por presos recluidos en el Puerto de Santa María (Cádiz), que se resisten a que la organización avance ni dé ningún paso más mientras no se haya conseguido nada a cambio. Las cárceles, en general, están muy revueltas, afirman fuentes penitenciarias. Los presos esperaban, tras el anuncio de ETA del cese de la violencia, algún tipo de medida, alguna mejora, que no llega. Por eso, ocho meses después, y tras una época de relativa calma, vuelven a tener una actitud reivindicativa, con protestas, quejas y múltiples peticiones por escrito, dentro de las prisiones y al juzgado de vigilancia penitenciaria de la Audiencia Nacional. Cada vez están más nerviosos, aunque, por el momento, no tanto como para aceptar la reinserción individual que el Gobierno les ofrece, como quedó claro tras la declaración que presentaron a principios de junio en Gernika.

La respuesta de Interior es que no van a conseguir nada como contraprestación del cese de la violencia. Seguirán produciéndose detenciones y no se dará ningún paso más, tampoco en materia penitenciaria, salvo la posibilidad de ser acercados a prisiones vascas siempre y cuando pasen por el plan de reinserción anunciado a finales de abril y que el Gobierno tiene la intención de impulsar con más fuerza, hasta que la banda no se disuelva. La organización, en principio, no está dispuesta a llegar a la disolución sin más, aunque existe una posibilidad de que lo haga, anunciándolo antes de las próximas elecciones autonómicas vascas, como golpe de efecto para conseguir votos para la izquierda abertzale con el mensaje de que, a pesar del inmovilismo del Estado, ellos están dando todos los pasos hacia la consolidación de la paz.

Los huidos siguen al detalle cada noticia sobre el final del terrorismo

Mientras tanto, con una estructura muy debilitada, con pocas posibilidades de financiación una vez que han abandonado la extorsión al empresariado, los miembros de ETA van buscando refugio por Europa. Aunque no todos los huidos desde Francia a otros países son recién llegados, ni mucho menos. Algunos, como Eneko Gogeaskoetxea, detenido en julio de 2011 en Cambridge (Reino Unido), llevan tiempo refugiados, apartados de la primera línea y ocultos en estos países. Gogeaskoetxea, cuando fue arrestado, estaba perfectamente integrado en Gran Bretaña, país en el que vivía desde hacía al menos seis años y en el que trabajaba como informático. Lo relató tras el arresto Steve Casey, presidente del Cambridge Squash Club, del que era miembro Gogeaskoetxea —que se hacía pasar por francés y era conocido como Cyril Macq—, buscado por la Audiencia Nacional por intento de asesinar al Rey, posesión de armas, homicidio de un ertzaina, robo de vehículos y falsificación de documentos. Aunque las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado le habían situado como parte de la cúpula militar de ETA junto a su hermano Ibon y Mikel Kabikoitz Carrera, Ata, tras la caída de Garikoitz Aspiazu, Txeroki, en 2008, en ese momento él ya vivía en Cambridge con su mujer e hijos.

Fuentes de la lucha antiterrorista consideran que, incluso los que ya no estaban en activo cuando ETA decretó el cese de la violencia, están ahora pendientes de todo lo que está sucediendo en estos momentos convulsos en los que la banda debe decidir sus próximos pasos.

La cooperación antiterrorista más importante es la que presta Francia a España, y el Gobierno recientemente constituido de François Hollande ha ratificado esta estrecha colaboración, como expresó recientemente su ministro del Interior, Manuel Valls. Hace tan solo dos semanas fueron detenidos en el suroeste del país galo Oroitz Gurrutxaga y Xabier Aranburu, a los que Interior consideró, respectivamente, jefe del aparato militar y su lugarteniente, aunque después la fiscalía francesa, que los acusa de pertenencia a banda armada, aseguró que nada corroboraba que Gurrutxaga fuera el jefe de los comandos —el arrestado tenía un largo historial de kale borroka e ingresó en ETA en 2008—. Pero el resto de los países europeos llevan tiempo colaborando con España. En los últimos años se han producido detenciones en Italia, Bélgica, Reino Unido... y, según el ministro, la del otro día no será la última

¿Sigue la banda captando militantes?

M. C. B.

Desde que ETA decretó el final de la violencia el pasado 20 de octubre, se ha hablado sobre si seguía o no reclutando militantes. La última polémica al respecto la tuvieron el ministro del Interior, Jorge Fernández, y el consejero vasco Rodolfo Ares, tras los arrestos de Oroitz Gurrutxaga y Xabier Aranburu en el suroeste de Francia. Fernández dijo que reclutaban nuevos miembros, y Ares, que no le constaba que ETA estuviera captando más allá de la infraestructura para mantenerse en la clandestinidad. Fernández afirmó más tarde que se trataba de una “diferencia de matiz”, aunque no explicó su información.

La captación, según fuentes de la lucha antiterrorista, sí se está llevando a cabo, pero bajo una premisa fundamental: asegurando a aquellos a quienes piden ayuda que no tendrán que empuñar las armas. Es algo que preguntan los reclutados y que les confirman los reclutadores. Lo contrario no tendría mucho sentido. ¿Quién, a estas alturas, con una ETA diezmada y que ha anunciado que deja de matar, sin recursos, en pleno proceso de debate interno sobre el futuro, decidiría arriesgarse a pasar 30 o 40 años en prisión? Y, sobre todo, ¿para conseguir qué?

Los reclutamientos que han detectado las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado tienen como objetivo, fundamentalmente, lograr un compromiso: el de que, si en algún momento necesitan apoyo (pisos, coches, un escondite...), los captados estarán dispuestos a brindárselo y a prestar la colaboración necesaria a una organización clandestina con cada vez menos fuerza.

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