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“El Estado ha derrotado policialmente a ETA, se ha cargado la lucha armada”

Los presos asumen que la banda “está de rodillas” y que quedan “cuatro libres” y que las fuerzas de seguridad saben incluso "quienes son"

Aitor García Aliaga y Ana Belén Egüés, dirigente del EPPK, durante un juicio. Ampliar foto
Aitor García Aliaga y Ana Belén Egüés, dirigente del EPPK, durante un juicio. EFE

El encierro entre los muros de una prisión deja mucho tiempo para reflexionar y para hablar de lo que pasa ahí fuera. Los presos de ETA no paran de hacerlo, especialmente ahora que presienten el final del terrorismo. Según un informe de las fuerzas de seguridad sobre lo que hablan los etarras entre rejas, muchos de ellos se dan por vencidos. “El Estado ha derrotado a ETA policialmente, la ha aplastado, así de claro”, se asegura en una conversación recientemente interceptada. Paradójicamente, el interlocutor se muestra sorprendido de que el Gobierno esté actuando de una manera “torpe de cojones” (literalmente) y esté dejando, cree, que sea lo que fue Batasuna la que capitalice como un logro propio el que ETA acabe desapareciendo.

Los presos, inmersos en un debate sobre si se adhieren al acuerdo de Gernika, están a la expectativa de que en los próximos días la banda haga público un comunicado. Las fuerzas de seguridad también creen posible que en los próximos días ETA se pronuncie, aunque sin anunciar su adiós, aseguran las fuentes. Por lo menos ahora.

Pero diga adiós o no, los presos ven que su organización terrorista está derrotada. Y se sorprenden de que el Gobierno no lance las campanas al vuelo. “Son tan torpes que en vez de decir que los hemos puesto de rodillas, que están todos en la cárcel y que los cuatro que quedan sabemos quiénes son y dónde están (...) van a presentar lo que es una victoria como una derrota final”, se puede leer en un de los informes sobre las conversaciones en prisión.

Los reclusos consideran que el Estado está dejando que “parezca que todo lo ha conseguido Batasuna”, cuando están convencidos de que la Guardia Civil y la policía, con la sucesión de golpes policiales, “la lucha armada se la han cargado”, según afirmaciones de un preso del sector más ortodoxo de la banda.

Los analistas de las fuerzas de seguridad advierten de que, viendo como hablan los presos, “se puede caer en el error de que al final capitalicen el final de la violencia precisamente quienes la han practicado”. El lehendakari, Patxi López, subrayaba, en esa línea: “No nos equivoquemos de por qué estamos en esta situación”. Y el candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, remachaba: “Hemos ganado la guerra, que no perdamos la paz”.

En esta línea, los expertos policiales destacan la práctica ausencia de la kale borroka de las calles del País Vasco durante este verano. Un informe del Departamento vasco de Interior, dirigido por Rodolfo Ares, subrayaba que en lo que va de año el vandalismo terrorista ha descendido un 91%.

Los expertos avisan de que Bildu quiere capitalizar el éxito del final etarra

Pero incluso ese descenso, que Ares atribuyó a la presión policial, ha querido ser capitalizado por Bildu como parte de las condiciones políticas propiciadas por su éxito electoral. Por ello, los expertos antiterroristas analizan: “La izquierda abertzale ha querido arrogarse el protagonismo de ese final de la violencia y de la kale borroka, asumiendo de ese modo que antes tenían alguna participación en que existiera”.

Incluso así, los analistas del Ministerio del Interior ven algo bueno en ese intento de protagonismo. “Con su afán [de la izquierda abertzale] de cumplir la ley, cada día se ve obligada a dar más pasos y ese afán por querer cumplir la ley delata el éxito de la política antiterrorista”, escriben. Los mismos analistas se atreven a rogar en sus informes que se deje “al margen de la discusión electoral la estrategia antiterrorista”.

Los pasos para cumplir la ley llegan hasta el punto de que incluso la izquierda radical reclama que los presos puedan acogerse a los beneficios penitenciarios, algo impensable hace apenas unos años, pero que el colectivo de presos de Nanclares (aquellos que han renegado de la violencia) lleva tiempo reclamando.

El asunto va cundiendo entre los presos, tal y como revela el comentario de otro preso cercano a la ortodoxia de la banda: “De Madrid para arriba [en referencia a los encarcelados en prisiones más cercanas al País Vasco o de la propia Euskadi] están locos porque les pongan un papel por delante para firmarlo sin leerlo e irse a la calle”. Lo que confirmaría que el colectivo está roto y que cada vez son más los que se buscan la vida por su cuenta y al margen de ETA.

 

La ‘kale borroka’ se ataca a sí misma

Es cierto, como dice Rodolfo Ares, que la kale borroka (lucha callejera o vandalismo terrorista, según quién la nombre) ha caído hasta el nivel más bajo de la historia. Como es cierto también que el incidente más grave de este verano lo sufrió un ex colaborador de ETA. Ocurrió en la madrugada del pasado día 24, cuando unos desconocidos lanzaron un petardo e hicieron una pintada faltona en el domicilio de la familia de Ander Arrue Ayuso.

Ander Arrue, a los ojos de los violentos, cometió dos pecados. El primero, en marzo, cuando en el juicio por el ataque con un artefacto explosivo contra un repetidor de telefonía en Mendibil (Álava, en mayo de 2009) rechazó el uso de la violencia e inculpó a su amigo de toda la vida, Jokin Zerain, de haberle entregado el paquete explosivo. El segundo lo cometió cuando abonó el importe de los desperfectos causados por la colocación del artefacto: 6.864 euros.

Dos quebrantos de la ortodoxia que le permitieron que la Audiencia Nacional le condenase a solo un año de prisión en abril pasado al serle aplicada la atenuante de reparación del daño. Jokin Zerain fue condenado, en cambio, a nueve años de prisión.

Lo curioso es que, tras el ataque a la casa de Arrue (al que ya insultaron los familiares de Zerain durante el juicio), nadie de Bildu ni de lo que era Batasuna, nadie de la izquierda abertzale, ha salido a defenderle. Ni lo ha contado Gara. El dato no ha pasado inadvertido, en cambio, a los servicios antiterroristas ni al Departamento vasco de Interior.