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Seres Urbanos
Coordinado por Fernando Casado
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Ciudades Sostenibles
Tribuna
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Inclusión y cuidados, la clave para combatir la desigualdad en las ciudades

En sociedades en donde las brechas de inequidad son cada vez más profundas, el reconocimiento de los ciudadanos como agentes de cambio es clave para crear urbes más inclusivas, justas y equitativas

Port-au-Prince, Haiti,
Una mujer delante de su casa improvisada, reconstruida después de que las pandillas la incendiaran, en Port-au-Prince, Haití, este 20 de abril.Odelyn Joseph (AP)

En el contexto de múltiples crisis interconectadas en el que nos encontramos actualmente, las desigualdades en el mundo se han disparado. El ritmo de reducción de la pobreza se ha estancado como una de las principales consecuencias de la pandemia. Según el Banco Mundial, 90 millones de personas más de lo previsto cayeron en situación de pobreza extrema (es decir, vivieron con menos de 1,7 euros al día) en 2020. Los pronósticos de 2022 no son más optimistas, debido a las repercusiones de la guerra en Ucrania y a la crisis del coste de la vida a nivel global.

El más reciente informe de Oxfam sobre desigualdad, lanzado en el Foro Económico Mundial de Davos, indica que en los últimos dos años el 1% más rico de la población mundial ha acumulado casi el doble de riqueza que el 99% restante. Vivimos en una sociedad en la que la desigualdad alcanza niveles récord. Por primera vez en 25 años, la riqueza y la pobreza extremas se han incrementado simultáneamente.

La urbanización como oportunidad

Las ciudades, que ya albergan más de la mitad de la población del mundo, acogerán al 70% de aquí al 2050. La urbanización constituye no solo un desafío, sino también una oportunidad para impulsar un nuevo contrato social alrededor de los sistemas de cuidados, en el que las comunidades y los gobiernos locales juegan un papel fundamental.

Por primera vez en 25 años, la riqueza y la pobreza extremas se han incrementado simultáneamente

“El cuidado es una actividad humana, y en su máxima expresión es un medio a través del cual las personas se cuidan entre sí y al planeta”, plantea el documento político sobre el tema elaborado entre otros por Cities Alliance, para el congreso mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU).

En los sistemas de cuidados, las comunidades, sobre todo las más marginadas, son a la vez el objetivo y el motor de la acción social. Empoderar a las personas para que participen en la toma de decisiones que afectan sus propias vidas, es el primer paso para crear sociedades más inclusivas, justas y equitativas. El segundo es reconocer el cuidado como un derecho humano y un bien público, a la vez para los que reciben los cuidados, pero también para los que los proporcionan.

Cuidar a las que nos cuidan

Aquí es central cuestionar y reconocer que son las mujeres quienes generalmente, por razones sociales y culturales, desempeñan las labores de cuidado remunerado y en buena parte no remunerado. Este fenómeno se hizo mucho más visible durante la pandemia, cuando la carga del trabajo doméstico y los cuidados que desde antes recaía desproporcionadamente en las mujeres, se intensificó drásticamente a causa del cierre de escuelas, guarderías y otros dispositivos de apoyo a las familias.

En Bogotá, por ejemplo, esta situación llevó a la alcaldía a generar un sistema distrital de cuidado que promueve mejores servicios de proximidad para las mujeres de bajos ingresos y aquellos que ellas cuidan. La iniciativa, pionera en América latina, brinda a las mujeres la posibilidad de disfrutar de actividades de autocuidado y bienestar, y promover la igualdad de género, a través de una oferta de formación para fomentar el acceso al mercado laboral y así romper el ciclo de pobreza y desigualdad.

En Durban, Sudáfrica, la ONG Asiye eTafuleni (AeT), en colaboración con Mujeres en Empleo Informal: Globalizando y Organizando (WIEGO) han puesto en marcha un proyecto piloto para prestar servicios de guardería a las trabajadoras del sector informal, en una de las áreas comerciales más concurridas de la ciudad. Las zonas inutilizadas del mercado se han transformado en espacios seguros para los niños, y la mayoría de las madres han recibido formación como cuidadoras. Dos de ellas cuidan a los niños por una tarifa diaria asequible que pagan las otras madres. El proyecto también ha elaborado directrices y ha iniciado diálogo con el gobierno local para apoyar este tipo de iniciativas.

Un proyecto piloto en Durban, Sudáfrica, presta servicios de guardería a las trabajadoras del sector informal. Las zonas inutilizadas del mercado se han transformado en espacios seguros para los niños, y la mayoría de las madres han recibido formación como cuidadoras

Si la desigualdad es un fenómeno que afecta a la sociedad en general, las personas que viven en la pobreza y otros grupos desfavorecidos son los más perjudicados. En las ciudades, estas personas son generalmente habitantes de asentamientos informales y trabajadores de la economía informal. Esta franja de la población es justamente el enfoque de Cities Alliance, organización afiliada al sistema de Naciones Unidas, gestionada por UNOPS (la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos), que trabaja en torno a los desafíos de la pobreza urbana.

En países como Uganda, Liberia o Túnez, la coalición, que reagrupa organismos multilaterales, Estados miembros, sociedad civil y asociaciones de gobiernos locales, trabaja de la mano con las comunidades más pobres para definir prioridades de desarrollo urbano. Cities Alliance ha creado un sistema de fondos comunitarios de mejora (Community Upgrading Fund, CUF en sus siglas en inglés). A través de este mecanismo, las organizaciones comunitarias pueden financiar pequeños proyectos de infraestructura como guarderías o instalaciones de suministro de agua y saneamiento, que generan un impacto directo conmensurable en la calidad de vida de los habitantes de las zonas urbanas más pobres.

Los CUF son plataformas participativas que fomentan el diálogo entre los ciudadanos y los gobiernos locales, y a su vez fortalecen los sistemas de gobernanza local y la prestación de servicios municipales. Esta estructura permite además de planificar el desarrollo urbano de manera incremental, en función de las prioridades de la comunidad, haciendo los procesos más manejables, en contraste con los grandes esfuerzos que requieren los planes integrales de infraestructura en las ciudades.

Estos ejemplos nos demuestran que, al situar a las comunidades en el centro y promover la toma de decisiones colectiva, se empodera a las personas para que cuiden unas de otras. Dejan de ser receptores pasivos de ayuda para convertirse en actores integrales de cambio y progreso. Los sistemas de cuidados contribuyen al bienestar social y económico de los más pobres, de las mujeres, de las comunidades marginadas, pero su impacto beneficia a la sociedad en su conjunto. Y esta es la base para crear ciudades inclusivas y ganar la batalla contra la desigualdad.

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