La ONU advierte de que una de cada 23 personas requerirá ayuda humanitaria en 2023

La OCHA ha señalado que 339 millones de personas necesitarán asistencia urgente el año que viene. La crisis climática y la guerra en Ucrania han empeorado la inseguridad alimentaria, entre otros efectos, por lo que solicita 50.000 millones de euros, un 25% más que en 2022

Un sanitario administra gotas antipoliomielíticas a un niño durante una campaña de vacunación antipoliomielítica de siete días en Karachi, Pakistán, el 28 de noviembre de 2022.
Un sanitario administra gotas antipoliomielíticas a un niño durante una campaña de vacunación antipoliomielítica de siete días en Karachi, Pakistán, el 28 de noviembre de 2022.SHAHZAIB AKBER (EFE)

Un récord de 339 millones de personas, 65 millones más que el año pasado, necesitarán ayuda humanitaria en 2023, ha advertido la ONU. Este importante incremento se debe a los impactos superpuestos del cambio climático, la guerra en Ucrania y la mayor crisis alimentaria mundial en la historia moderna, que han empujado a millones al límite. Así lo ha confirmado Martin Griffiths, subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU y coordinador de ayuda de emergencia, en la presentación del resumen humanitario global de la ONU para el año que viene. La cifra significa que uno de cada 23 habitantes del planeta requerirá asistencia para sobrevivir, por lo que el organismo solicita una inversión de 50.000 millones de euros, un 25% más de lo que pidió para 2022. “Este llamamiento es un salvavidas. Para la comunidad internacional, es una estrategia para cumplir la promesa de no dejar a nadie atrás”, ha señalado Griffiths.

El Panorama Humanitario Global (GHO, por sus siglas en inglés) de 2023, lanzado este miércoles por la ONU en colaboración con organizaciones no gubernamentales y otros socios humanitarios, pinta una imagen cruda de lo que se avecina. Para empezar, al menos 222 millones de personas en 53 países enfrentarán inseguridad alimentaria aguda al cierre de 2022, y 45 millones en 37 países corren el riesgo de morir de hambre. Segundo, la salud pública está “bajo presión” debido a la covid-19, la viruela del mono, así como otros brotes de ébola y cólera que están resurgiendo en algunos países en los que estas enfermedades se daban por erradicadas.

Al menos 222 millones de personas en 53 países enfrentarán inseguridad alimentaria aguda para fines de 2022, y cuarenta y cinco millones de personas en 37 países corren el riesgo de morir de hambre

El cambio climático, además, está aumentando “los riesgos y la vulnerabilidad” y, a finales de siglo, el calor extremo se podría cobrar tantas vidas como el cáncer. Por último, destaca el documento, se necesitarán cuatro generaciones —132 años— para lograr la paridad de género global. A nivel mundial, 388 millones de mujeres y niñas viven en la pobreza extrema. “Las necesidades están aumentando porque nos ha golpeado la guerra en Ucrania, el covid, el clima. Y me temo que 2023 va a ser una aceleración de todas esas tendencias”, ha sintetizado Griffiths.

“Sequías e inundaciones letales están causando estragos en comunidades desde Pakistán hasta el Cuerno de África. La guerra en Ucrania ha convertido una parte de Europa en un campo de batalla. Más de 100 millones de personas están ahora desplazadas en todo el mundo. Y todo esto, además de la devastación que ha dejado la pandemia entre los más pobres del mundo”, ha explicado.

Aquellos que se prevé que necesitarán asistencia en 2023 se distribuyen en 68 países, pero en 10 de ellos las necesidades son particularmente altas. Para ellos, la ONU ha presentado planes de ayuda humanitaria que cuestan más de 1.000 millones de euros. Entre esta lista están Afganistán, Siria, Yemen, Ucrania, Etiopía, la República Democrática del Congo y Somalia, que está al borde de la hambruna.

Sobre cómo se distribuye la ayuda, Eri Kaneko, portavoz de OCHA, desarrolla: “Trabajamos para identificar las necesidades humanitarias más críticas, planificar respuestas y determinar los presupuestos necesarios para abordarlas. Tenemos un plan de respuesta para cada uno de estos países. En cada país, priorizamos a los más vulnerables y más afectados por la crisis, especialmente los hogares encabezados por mujeres, los niños, las personas mayores y las personas con discapacidad. Cuando no recibimos los fondos que necesitamos, tenemos que tomar decisiones imposibles, cuando tenemos que reducir las operaciones en un país en particular. Pero nunca priorizamos una crisis sobre otra”.

Este año, las organizaciones humanitarias han brindado asistencia para evitar las necesidades más urgentes de 157 millones de personas. Esto incluye asistencia alimentaria para 127; suficiente agua segura para casi 26; asistencia para el sustento de 24; salud mental y apoyo psicosocial para 13; consultas de salud materna para 5,2 millones de madres; y servicios de atención de la salud para 5,8 millones de refugiados y solicitantes de asilo. “La comunidad humanitaria también intervino para abordar las consecuencias del impacto de la guerra en Ucrania, incluidos sus efectos en la cadena de suministro de alimentos y en los precios. A través de nuestra promoción y mediación, hemos establecido y renovado la Iniciativa de Granos del Mar Negro para mejorar y reducir los impedimentos a las exportaciones de Ucrania y Rusia”, añade Kaneko.

Los donantes han proporcionado una generosa financiación de 24.000 millones a mediados de noviembre de 2022, pero las necesidades están aumentando más rápido que el apoyo financiero. La brecha de financiación nunca ha sido mayor: actualmente es de un 53%. “La generosidad de algunos Estados miembros, y debería haber más, se mantiene. La brecha [de financiación] se debe a las necesidades, no a la financiación”, reconoce el portavoz de OCHA.

“Es una doble ironía, y una flagrante injusticia”, continúa Kaneko, “que los países más afectados por la crisis climática hayan contribuido menos al cambio climático y estén recibiendo la menor financiación climática. Necesitan su parte de los fondos de adaptación y pérdidas y daños para volverse más resistentes a los impactos. No podemos seguir transfiriendo dinero del desarrollo al clima a las líneas presupuestarias humanitarias. Para que cada uno de estos sea impactante, sostenible y rentable, deben ser complementarios entre sí”. El financiamiento climático debe llegar, dice el portavoz de OCHA, “no solo a los países vulnerables al clima, sino también a las personas más vulnerables, en particular a las personas que viven en áreas inestables y de difícil acceso y a las personas desplazadas”.

“Los países desarrollados son responsables del 80% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero del mundo y son ellos quienes deben pagar los fondos de adaptación que deben. Estos fondos deben canalizarse hacia las comunidades que más los necesitan, especialmente en el Cuerno de África, donde la vida y los medios de subsistencia de las personas se ven afectados por cinco ciclos consecutivos de sequía. Debemos ver que los fondos prometidos fluyan hacia el mecanismo de pérdidas y daños implementado para ayudar a las personas a reconstruir sus vidas, ya sea en el Sahel o en Pakistán”, se explaya Kaneko. “Esperamos que 2023 sea un año de solidaridad”, concluye.

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