Juegos olímpicos

Ellas y el futuro olímpico de Chad

Cuatro niñas del país africano, uno de los más pobres del mundo, llegan a Madrid gracias a una beca que les permitirá continuar sus estudios y entrenarse como deportistas profesionales. Una de ellas será la representante de Chad en gimnasia artística en los Juegos Olímpicos de París 2024

Achta, una de las gimnastas chadianas acogidas en Madrid, salta en una de las aulas del colegio San Francisco Javier de Toukra, en Chad.
Achta, una de las gimnastas chadianas acogidas en Madrid, salta en una de las aulas del colegio San Francisco Javier de Toukra, en Chad.Antonio Lopez Diaz

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En 2016, durante una estancia en Madrid para ser tratado de una enfermedad, el padre jesuita Camille Manyenan asistió a un campeonato de gimnasia artística femenina. Inmediatamente comprendió que era la herramienta que buscaba para empoderar a las niñas chadianas desde su puesto como director del colegio San Francisco Javier, en Toukra, situado a 30 kilómetros de la capital de Chad. Necesitaba cambiar mentalidades y enseñar a las niñas que, por serlo, eran capaces de hacer cosas que ni siquiera se habían imaginado.

Chad es uno de los países más pobres de África. Allí, la mujer está muy por debajo del hombre en la escala social, las adolescentes son frecuentemente sometidas a matrimonios forzosos y la ablación continúa arraigada en la cultura de muchas familias. Un tercio de las niñas se casa antes de cumplir 19 años. Casi la mitad de las mujeres están enlazada con un hombre que les sobrepasa la edad en diez o más años. La mitad de las menores de 14 años no están escolarizadas y entre los niños la cifra desciende al 36%. Al llegar a la mayoría de edad, solo un tercio de las chicas escolarizadas continúa sus estudios.

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En pocos minutos, Manyenan y la organizadora del evento, Sylvia García, junto con Ramón Grosso, el presidente de la Fundación Ramón Grosso, se propusieron llevar la gimnasia a Chad. La entidad capitaneó el proyecto que se inició en un aula reconvertida en gimnasio y posteriormente, en 2018, continuó en una humilde instalación deportiva que lograron construir gracias a la solidaridad de donantes e instituciones como el Club Gimnastica Salerno de Italia. Sylvia García, la directora del programa, hizo pruebas a cientos de niñas, trajo a algunas de ellas a España durante los veranos para entrenarse con los aparatos de los que no disponían en Chad. Una de ellas, Regina, sería luego la entrenadora en Chad.

Las clases de gimnasia pronto se convirtieron en un acontecimiento. Se llenaron rápidamente y hubo que elegir entre las chicas más comprometidas. García viajaba a Chad para verlas y asistir a sus progresos. “En mi siguiente viaje a Chad, encontré un escenario totalmente diferente: un grupo de gimnastas con un método. Tenían un entrenamiento reglado con una estructura propia de gimnasia, venían de forma regular a preparase…”. A partir de ahí, fueron seleccionadas las cinco atletas con las mejores cualidades. Desde entonces, salvando las iniciales reticencias de algunos de sus padres, los siguientes veranos viajaron a entrenar con el Club de Gimnasia Artística Pozuelo. Ángela Domínguez sería la entrenadora del proyecto.

Entrenamientos en el Club de Gimnasia Artística de Pozuelo.
Entrenamientos en el Club de Gimnasia Artística de Pozuelo.Antonio López Díaz

El siguiente paso era traerlas a vivir a España, darles las mismas oportunidades que a una niña europea, tanto en su educación como en su preparación deportiva. Demostrar que todos, en igualdad de oportunidades pueden lograr los más altos objetivos. Ahora necesitaban un altavoz que trasmitiera el mensaje y ayudase al cambio del papel de la mujer en la sociedad chadiana. García, Gresso y Manyenan se propusieron que una de las niñas acudiera a los Juegos Olímpicos en representación de su país. La meta: París 2024.

“Las seis semanas de entrenamiento en verano en España no eran suficientes para acudir a unos Juegos Olímpicos, teníamos que traerlas a entrenar durante todo el curso escolar”, comenta Sylvia.

Durante los cuatro años que restaban para la cita olímpica, las niñas pasarían el periodo escolar en España formándose en el colegio de los Escolapios de Pozuelo y entrenando en seis sesiones de cuatro horas de lunes a sábado. Viajarían a Chad junto a sus familias en los periodos de vacaciones.

Gran acogida

La idea tuvo una buena acogida por parte del Gobierno chadiano que solo puso una condición. El equipo deberá clasificarse con sus propios medios, tratando de no tener en consideración la invitación olímpica Wild Card (para deportistas o equipos a los que por competencias no les correspondería participar, pero a los que los organizadores incluyen expresamente). Para la ocasión se creó la Federación Chadiana de Gimnasia y García fue nombrada su directora técnica. El recién nombrado Comité viajó a finales de 2019 a Madrid para firmar el acuerdo de colaboración con el Comité Olímpico Español. Así nació el equipo olímpico de gimnasia de Chad.

“La intención de la fundación con los proyectos deportivos no es conseguir gimnastas, ni futbolistas, jugadores de baloncesto o karatecas. La intención es que esos niños sean abogados, arquitectos, médicos, y que ayuden a la sociedad chadiana. Si conseguimos que una de estas niñas participe en los Juegos Olímpicos va a ser un milagro. Pero el objetivo no es ese, sino demostrar al resto de ellas, que gracias al trabajo y al empeño, no tienes por qué resignarte a la vida que se espera de tí, sino que puedes conseguir un futuro distinto”, explica Grosso.

Tras conseguir todos los permisos pertinentes, las cuatro niñas, de 11 años, Grace, Cecilia, Ane Marie y Achta, aterrizaron en Madrid el 4 de enero de 2020 para iniciar su aventura. La más pequeña, Bonté, llegará el próximo septiembre de 2021, una vez cumplida la edad requerida para poder permanecer en España con una familia de acogida.

Tras las puertas del aeropuerto les esperaba un terrible desconocido, el invierno. Al llegar a la casa de una de las familias de acogida, Grace se quedó ensimismada con la chimenea, hasta que el dolor de su dedo tras tocar el cristal del casete la sacó de su embelesamiento.

La adaptación no fue sencilla, apenas hablaban el idioma y aunque ya conocían España, el choque cultural fue importante

La adaptación no fue sencilla, apenas hablaban el idioma y aunque ya conocían España, el choque cultural fue importante. La exigencia era máxima. A nivel académico ―dependen de los resultados para permanecer en el programa― empezaron con clases de apoyo, pero debían ponerse al nivel de sus compañeros. En lo deportivo, el esfuerzo físico pronto comenzaría a moldear sus privilegiados cuerpos para convertirlas en gimnastas.

Alto rendimiento

Domínguez, su entrenadora, es la más sorprendida por su rendimiento. “Técnicamente han tenido una evolución sorprendente. Han adquirido habilidades que se tardan mucho tiempo en conseguir. Ahora logro ver qué tipo de gimnasia van a ir haciendo. Tienen un potencial físico extraordinario, pero son muy diferentes. Por ejemplo, a nivel de fuerza una tiene una potencia muscular bestial y otra de ellas una fuerza exquisita que va encontrando el camino de los elementos y su funcionalidad. En la parte emocional se han adaptado a un deporte que te hace enfrentarte a bastantes miedos, a controlar los nervios, y siempre están dispuestas a afrontarlo, aun estando tan lejos de los cuidados de sus padres, tan necesarios en estas edades. Lógicamente tienen algún momento de bajón que puede ser debido a la presión, a las ganas de volver a casa o a la exigencia de un deporte que te exprime tanto que puedes llegar a no poder más”.

Sus padres entendían que les daban una oportunidad para cambiar su destino, además de la felicidad que les aportaba practicar gimnasia

Sus padres entendían que les daban una oportunidad para cambiar su destino, además de la felicidad que les aportaba practicar gimnasia. Pero también recibían, en una sociedad muy tradicional, las presiones de algunos miembros de la familia por desprenderse de sus hijas cuando más empezaban a ayudar en casa. África Central es una de las zonas más desoladoras y violentas del planeta. Y ellos tenían la oportunidad de alejarlas de los secuestros de Boko Haram, de los ataques de las guerrillas que quieren derrocar el régimen chadiano, de la malaria, del hambre… para ir a un país del llamado primer mundo. Antes de cumplir cien días en España, se declaró la pandemia. Madrid se convirtió en uno de los epicentros de la covid-19 y las noticias que llegaban eran desoladoras.

Vivir algo así con 11 años y tan lejos de casa fue una prueba de fuego para ellas hacia la madurez. La comunicación entre las familias de acogida y sus progenitores era continua y las videollamadas se multiplicaron. Ana acoge a Achta en su casa y cuenta cómo fueron aquellas semanas: “Llevaba una rutina muy seria, cole por la mañana, entrenamiento por la tarde, todos los días. Los domingos hablaba con su familia durante varias horas. Si algo bueno sacamos del confinamiento es que esa convivencia constante nos hizo conocernos un poco mejor”.

Los entrenamientos en línea se convirtieron en un aliciente durante el confinamiento. Pero la pandemia les afectó profundamente. Las autoridades españolas no podían garantizar su regreso si viajaban a Chad durante el verano y el permiso de residencia les fue renovado automáticamente. Las niñas decidieron quedarse y sus padres las apoyaron. Su compromiso con la gimnasia es profundo y la responsabilidad de haber sido las elegidas es grande. “No vais a España a jugar ni a divertiros, vais a hacer gimnasia y a estudiar”, les advirtió antes de su partida Boniface, el padre de Anne Marie. En su país son ya un acontecimiento: una cena de gala con más de 200 invitados las esperaba en su frustrado regreso.

Este verano, la situación se ha repetido y cumplen un año y medio lejos de casa. La fundación ha intentado traer a sus padres y hermanos hasta España, pero una familia entera saliendo de un país donde acaban de asesinar al mandatario que llevaba 30 años gobernando con mano de hierro tiene pocas posibilidades de obtener un visado.

Al llegar a la casa de una de las familias de acogida, Grace se quedó ensimismada con la chimenea, hasta que el dolor de su dedo tras tocar el cristal del casete la sacó de su embelesamiento.
Al llegar a la casa de una de las familias de acogida, Grace se quedó ensimismada con la chimenea, hasta que el dolor de su dedo tras tocar el cristal del casete la sacó de su embelesamiento.Antonio Lopez Diaz

El proyecto también ha pasado grandes dificultades. El padre Camille Manyenan finalizó su periodo como director en el colegio de Toukra y su sustituto rompió los lazos con la fundación, cerró el gimnasio y acabó con el resto de proyectos deportivos. Para evitar la dependencia de otra institución, la Fundación Ramón Grosso ha abierto allí su propio colegio y, cuando las condiciones económicas lo permitan, construirá un nuevo gimnasio. Las niñas empiezan a viajar a competiciones para clasificarse y en época de pandemia las prioridades se vuelven más cercanas y urgentes, y algunos proyectos son difíciles de sacar adelante.

Las atletas chadianas han terminado el curso de una manera sobresaliente. Las cuatro abandonaron hace tiempo el grupo de apoyo y su dominio del español es completo. El pasado mayo, compitieron por primera vez en un campeonato, el Trofeo de Primavera de Las Rozas, y los resultados fueron excelentes para llevar apenas un año y medio entrenando con aparatos. A ellas no les parecieron tan buenos y la clasificación les sumió en un breve drama que curaron al día siguiente entrenando.

La fundación está realizando un documental que refleja el periplo de estas niñas desde que abandonaron su casa en Chad hasta los Juegos Olímpicos.

La historia de Sylvia García está ligada la gimnasia artística y las olimpiadas. Su padre, Ramón García, formó parte del primer equipo español de gimnasia que participó en unos Juegos Olímpicos, en Roma en 1960. En los entrenamientos conoció a la madre de Sylvia, Ana González, que era juez internacional de la disciplina. Si su hija de 14 años, Vega Chichón, campeona de España en varias categorías, continúa su progresión, estará desfilando junto a una de las atletas chadianas en los Juegos de París. Habrán compartido colegio, techo, entrenamientos, vacaciones y compartirán unos Juegos Olímpicos defendiendo distinta bandera. García acudiría a París con el corazón dividido, dice, pero hinchado de orgullo.

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