El ‘Trumpito de los Trópicos’ promete entregar Brasil
El hijo de Bolsonaro ya supera a Lula en los sondeos para las presidenciales haciendo campaña en Estados Unidos, donde se vende como el más servil de los aliados


El 28 de marzo, en la Conferencia de Acción Política Conservadora que se celebró en Texas, Flávio Bolsonaro pronunció un discurso de casi 16 minutos para convencer a la extrema derecha estadounidense de que apoyarlo en las elecciones brasileñas del próximo octubre le dará a “América” todo lo que necesita. Como, por ejemplo, tierras raras. “Brasil será el campo de batalla en el que se disputará el futuro del hemisferio. Porque Brasil es la solución para que América rompa la dependencia de China en minerales críticos, especialmente en elementos de tierras raras”, afirmó. “Sin ellos, la revolución tecnológica de América se estanca y la seguridad nacional se vuelve vulnerable. Y cuando América se vuelve vulnerable, todo el mundo libre se vuelve vulnerable”.
Qué tiempos aquellos, no hace mucho, en que era imposible que se tomara en serio en lo más mínimo a un candidato que vende su país como si fuera una mercancía. Pero los últimos sondeos, publicados el pasado fin de semana, indican que el hijo de Bolsonaro ha superado numéricamente al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores. Con el margen de error de dos puntos, ambos quedarían en empate técnico en la segunda vuelta si las elecciones se celebraran hoy. Aumentan por lo tanto las posibilidades de que la extrema derecha vuelva al poder en Brasil, ahora en un contexto mucho más peligroso.
A lo largo de su discurso, Flávio Bolsonaro trazó un paralelismo entre su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y Donald Trump, con la diferencia de que el brasileño fue condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado y el estadounidense se libró de ese mismo delito para convertirse en un hacedor de guerras incapaz de ganarlas (a pesar de anunciar la victoria todos los días). La diferencia, según Bolsonaro júnior, se debe a la injusticia que condenó a su padre, a quien, afirma, llamaban el “Trump de los Trópicos” cuando era presidente. El título se les concede también a otros extremistas de derecha del continente, como Daniel Noboa, de Ecuador, que parecen enorgullecerse de ser un clon tropical del hombre que está aniquilando Estados Unidos.
Flávio Bolsonaro vendió Brasil a la extrema derecha estadounidense como si estuviera en una aplicación de citas para relaciones serias. “Creemos que no entienden del todo la escala de lo que estamos hablando. Brasil tiene un territorio mayor que los Estados Unidos continentales. Tenemos 220 millones de habitantes —en realidad, 213— en una nación que es 90% cristiana —en realidad, 85,44%—. Representamos más de la mitad de toda Sudamérica en cuanto a territorio —en realidad, el 47,3%—, población —en realidad, 48,36%— y PIB. Con todo el respeto a nuestros vecinos, un único estado brasileño —São Paulo— tiene una economía mayor que la segunda economía más grande de la región —Argentina—”, desgranó. “Brasil y América están hechos el uno para el otro. Compartimos los mismos valores judeocristianos y tenemos lo que el mundo necesita. América necesita cadenas de suministro seguras para materiales críticos, un socio de confianza en el hemisferio y un mercado enorme para los bienes y servicios americanos. (...) Nadie puede detenernos. (...) O tienes al aliado más poderoso del hemisferio o a un antagonista —Lula— que se alinea con los adversarios de América y hace imposible cualquier política americana para la región”.
Jair Bolsonaro, descrito por su hijo candidato como “aliado de Donald Trump y el último líder mundial en reconocer a Joe Biden como presidente —en 2020—”, no puede presentarse a las elecciones. En su lugar, ha despachado a su hijo “cero uno” —llama a sus hijos por números, como en el Ejército—. Aunque niega que esté pidiendo la injerencia de Estados Unidos en las elecciones, el primogénito vuelve a recurrir al viejo truco, ya ampliamente utilizado por su padre, de poner en duda el sistema de votación de Brasil, reconocido mundialmente por su fiabilidad y eficiencia. A la vez, invoca la garantía de la “libertad” en las redes sociales, lo que significa que las grandes tecnológicas, las principales aliadas de la extrema derecha mundial, actúen sin ningún tipo de control. “Si nuestro pueblo puede expresarse libremente en las redes sociales y si los votos se cuentan correctamente, ganaremos”, faroleó en Texas.
El hijo “cero tres”, Eduardo Bolsonaro, es aquel que se mudó a Estados Unidos cuando aún no le habían revocado el escaño de diputado, con la misión de convertirse en amigo de la infancia de Trump y protagonista de la extrema derecha mundial. En las llamadas guerras arancelarias defendió que le impusiera a Brasil los aranceles más altos, en un episodio más del extraño caso de los “nacionalistas” que le piden a un gobernante extranjero sanciones contra su propio país.
En aquella época, Flávio Bolsonaro afirmó que Brasil no tenía poder para regatear y que, por lo tanto, no tenía otra opción. Para hacer alarde de su erudición, comparó el país con el Japón de la Segunda Guerra Mundial. Según él, Estados Unidos lanzó una bomba sobre Hiroshima y los japoneses aún creyeron que podían regatear con América. Y, como no habían aprendido la lección, Estados Unidos arrasó Nagasaki con otra y solo entonces Japón se rindió. “No estamos en condiciones de exigir nada al Gobierno de Trump; él hará lo que quiera, independientemente de nuestra voluntad”, declaró en julio de 2025 a la CNN Brasil. La responsabilidad de un gobernante, defendió, sería evitar que cayeran dos bombas atómicas sobre Brasil. Como es sabido, el Gobierno de Lula defendió la soberanía del país, las bombas no cayeron y los aranceles bajaron.
La campaña de Flávio Bolsonaro, un personaje cuya trayectoria está marcada por sospechas de delitos y condecoraciones a delincuentes y milicianos cuando era diputado del estado de Río de Janeiro, no deja de crecer, a tal punto que el sector más progresista de la sociedad brasileña ya se está preparando para el regreso de la extrema derecha al poder. Pero esta vez como subalterna voluntaria y declarada de Trump y de “América”. Todavía faltan casi seis meses para las elecciones y muchas cosas pueden cambiar. Pero el panorama pinta bastante mal. No hay noticias de que un candidato a la presidencia de Brasil haya hecho tanta campaña en Estados Unidos, lo que dice mucho de la gravedad del momento.
Si llegara a ocurrir lo innombrable, esa subordinación a un gobernante como Trump tendría un impacto regional —en una Sudamérica en la que la izquierda, el centro e incluso la derecha convencional están siendo barridos del poder— y un impacto mundial considerable. El padre del “Trumpito de los Trópicos” fue responsable de la muerte de la mayoría de los más de 700.000 fallecidos por covid-19 en Brasil y de una destrucción sin precedentes de la Amazonia desde el fin de la dictadura militar. Hay muchas posibilidades de que su hijo lo haga parecer un aprendiz de villano. Lo último que necesita el mundo son clones de Trump.
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