La salud, la razón más poderosa para actuar contra el cambio climático
Las emisiones del sector sanitario exceden a las de la aviación y son comparables en muchos países a las de sectores industriales clave

El cambio climático, causado principalmente por la quema de combustibles fósiles, ya no es una amenaza futura ni una abstracción científica. Es una crisis sanitaria presente, cotidiana y creciente. Cada ola de calor, cada episodio de contaminación del aire, cada sequía prolongada o inundación extrema deja huellas visibles en los sistemas de salud y, sobre todo, en la vida de las personas más vulnerables.
Pero hay un mensaje que debemos transmitir con claridad y confianza: las políticas climáticas bien diseñadas son, al mismo tiempo, algunas de las políticas de salud pública más eficaces y rentables de nuestro tiempo.
La evidencia científica es inequívoca. La quema de combustibles fósiles es responsable de millones de muertes prematuras cada año, tanto por los riesgos climáticos que exacerba, como así por las aún más inmediatas enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cánceres asociados a la contaminación del aire que genera. Los datos de colaboración científica Lancet Countdown Europa demuestran que el cambio climático ya está reclamando vidas y afectando la salud de los españoles.
En España, la exposición de poblaciones vulnerables a olas de calor se triplicó en las últimas décadas, y con ello la tasa de mortalidad relacionada al calor ha aumentado un 35%. El aumento de las temperaturas agrava patologías crónicas, compromete la salud mental, pone en riesgo los embarazos y tensiona unos sistemas sanitarios ya exigidos al límite. A esto se suman los impactos en la salud del aumento de las sequías, tormentas extremas, inundaciones, incendios forestales y la creciente aptitud ambiental para la transmisión de enfermedades infecciosas como el dengue o el virus del Nilo Occidental. El cambio climático actúa así como un multiplicador de riesgos sanitarios.
Sin embargo, la acción climática ofrece beneficios inmediatos y medibles para la salud. Según Lancet Countdown, las mejoras en la calidad del aire derivadas de la reducción en la quema de combustibles fósiles y del fortalecimiento de las regulaciones ambientales ya evitan unas 15.000 muertes al año en España, mientras que la transición hacia sistemas energéticos 100% renovables podría prevenir cerca de 10.000 más. Al mismo tiempo, ciudades más limpias y verdes, pilar esencial de la acción climática, reducen la mortalidad y mejoran el bienestar. Dietas saludables y sostenibles previenen enfermedades no transmisibles y refuerzan la seguridad alimentaria. Todos estos beneficios a su vez disminuyen ingresos hospitalarios y gasto sanitario, fortaleciendo así nuestros sistemas de salud.
En este contexto, resulta imprescindible mirar también hacia dentro. El sector sanitario cumple un papel central en la acción climática. Su adaptación al cambio climático es esencial para salvar vidas hoy, y fortalecer su resiliencia para mañana. Asimismo, es también responsable de una parte significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero, exceden a las del sector aeronáutico, y son comparables en muchos países a la de sectores industriales clave. Paradójicamente, un sistema creado para proteger la salud contribuye, sin quererlo, a deteriorar uno de sus determinantes fundamentales: un medio ambiente sano.
La buena noticia es que descarbonizar el sistema de salud no solo es posible, sino beneficioso. Hospitales energéticamente eficientes, cadenas de suministro sostenibles, modelos asistenciales menos intensivos en carbono, digitalización inteligente y prevención reforzada permiten reducir emisiones mientras se mejora la calidad asistencial, se reducen costes y se protege a pacientes y profesionales. El enfoque low-carbon healthcare no implica renunciar a la excelencia clínica, sino redefinirla y mejorarla a la luz de la evidencia y de los riesgos a los que nos enfrentamos.
Existen ya iniciativas concretas que demuestran que este cambio está en marcha. La Alliance for Transformative Action on Climate and Health (ATACH), impulsada por la Organización Mundial de la Salud, reúne a países y actores comprometidos con sistemas sanitarios resilientes al clima y con bajas emisiones de carbono. A través de esta plataforma, los países comparten soluciones, establecen hojas de ruta y convierten la ambición climática en acción sanitaria tangible. No se trata de declaraciones, sino de transformación real.
La comunidad de profesionales de la salud tiene un papel esencial en este momento histórico. Médicos, enfermeras, profesionales de la salud pública, investigadores y gestores sanitarios son, de forma consistente, algunas de las voces que generan mayor confianza social. No solo atendemos los efectos de la crisis climática: tenemos la responsabilidad —y la oportunidad— de liderar la respuesta.
Desde la consulta hasta el hospital, desde la universidad hasta la formulación de políticas públicas, el sector salud puede marcar el camino: salvaguardando la salud frente a los crecientes riesgos climáticos, reduciendo su huella ambiental, incorporando la salud planetaria en la formación, defendiendo políticas basadas en la evidencia y poniendo rostro humano a lo que a menudo se percibe como un debate técnico o distante.
No se trata de alarmismo. Se trata de realismo informado y esperanza fundamentada. Cada décima de grado que evitamos, cada tonelada de emisiones que reducimos, cada sistema sanitario que se transforma, tiene un impacto positivo en la salud de millones de personas. Especialmente de aquellas que menos han contribuido al problema y más sufren sus consecuencias.
La transición hacia sociedades climáticamente neutras no es una amenaza para el bienestar. Es una de las mayores oportunidades para mejorar la salud pública en décadas. Como profesionales de la salud, sabemos que prevenir es siempre mejor que curar. El cambio climático nos ofrece la posibilidad —quizá única— de aplicar este principio a escala planetaria.
La pregunta ya no es si debemos actuar, sino si estamos dispuestos a hacerlo con la ambición y la urgencia que la salud de las personas exige.
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