Ciudadanos anestesiados ante el horror
Los lectores y las lectoras escriben sobre la guerra en Oriente Próximo, las bajas médicas y la crisis de la vivienda

No sé si lo que más me aterra de este mundo en guerra es la sinrazón y la crueldad de Trump, Netanyahu, los ayatolás y demás tropa; los silencios expectantes de China o Rusia; la connivencia de las petromonarquías o la indolencia de nuestra Europa. El presidente de EE UU anuncia que está dispuesto a aniquilar toda una civilización, y en el mundo entero no nos revolvemos. ¿Tal es nuestra insignificancia? ¿Qué fue del espíritu mundial del no a la guerra? ¿A qué han quedado reducidos los movimientos ciudadanos? ¿O nunca existieron y solo salimos a la calle cuando le interesa a vete a saber quién? Produce terror contemplar que el mundo arde, miles de personas mueren, el autoritarismo y el militarismo avanzan, y nosotros, mientras, preocupados porque suben los combustibles. Luego nos preguntamos cómo fue posible la Segunda Guerra Mundial. Los ciudadanos, las ciudadanas, no somos nada. Acaso, mera carne para morir abrasada o ser llamada a filas para defender que las atrocidades vuelvan a repetirse. Alemania ya se está preparando.
César López Llera. Madrid
Bajas médicas
He leído con interés el artículo de Emilio Sánchez Hidalgo sobre el récord de bajas laborales en España y creo que, junto al diagnóstico, convendría poner el foco en soluciones que ya existen y siguen infrautilizadas. Muchas bajas no empiezan el día en que un trabajador deja de acudir a su puesto. Empiezan antes: cuando el dolor se normaliza, la sobrecarga se acumula y nadie interviene a tiempo. Lo digo en mi experiencia profesional. En el ámbito musculoesquelético, la intervención precoz, la observación de los puestos, la adaptación funcional, la educación en salud y el ejercicio terapéutico bien indicado pueden cambiar la evolución de muchos procesos. No lo resuelven todo, pero evitan bastante. Cuando estas acciones se aplican con criterio, no solo se reducen incidencias o se acortan recuperaciones; mejora la calidad de vida del trabajador. Tal vez no falten tanto diagnósticos como decisión para activar antes recursos y profesionales que ya pueden aportar mucho en prevención, recuperación funcional y retorno seguro al trabajo.
Miguel Gil Sánchez. Coín (Málaga)
¿Es esta la vida que me espera?
Trabajar hasta las 18.30. Salir a correr para no pensar un rato y así descansar la mente y agotar el cuerpo. Hacer la compra porque ya es final de mes, y la nevera está vacía. Llegar al piso, limpiarlo porque esta semana te toca a ti, ducharte, ponerte el pijama, y caer a plomo en la cama de tu habitación de siete metros cuadrados abarrotada de cosas, deseando que acabe el día. Me pregunto si compartir piso con gente desconocida será mi condena infinita en una ciudad como Madrid. Escribo frustrada, exhausta del día y de pensar que esta es la vida que me espera los próximos años. Estar incómoda en mi propia casa es quizás el sentimiento que más cortisol me produce. Llego, y no veo caras amigas, no siento que estoy en mi hogar, donde puedo ser yo, tirarme en el sofá y hablar de cómo estamos (de verdad). Me encuentro desamparada, sola y con ganas de sentir algún día alegría, y no ansiedad cada vez que llego a casa.
Ana Shuye Rodríguez Nieto. Madrid
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