20 millones de esclavas de los talibanes
Afganistán convierte en ley la barbarie contra las mujeres entre la indiferencia de la comunidad internacional

Durante una visita a Madrid el pasado diciembre, el relator especial de la ONU para los derechos humanos en ese país, Richard Bennett, señalaba que Afganistán es una prueba para saber si el mundo se opondrá a la persecución de género o considerará que los derechos de las mujeres son negociables. A la vista de lo que está sucediendo en el país asiático, parece evidente que ambas preguntas tienen la peor de las repuestas posibles. En una nueva vuelta de tuerca en la subyugación de la mujer y la oficialización de un auténtico apartheid de género, el régimen islamista talibán ha aprobado un Código Penal que legaliza la violencia física contra las mujeres y las reduce a objetos propiedad de los hombres, con menos valor que cualquier animal.
El texto que ha entrado en vigor explicita conceptos sobre las mujeres y medidas en su contra que constituyen un desprecio flagrante de los derechos humanos. En sus 119 artículos —que los talibanes se han cuidado mucho de evitar que se filtraran hasta su aprobación— establece, entre otras cosas, que las mujeres son propiedad de un “amo”, y respalda la violencia contra ellas como herramienta de disciplina social para evitar su “vicio”. El castigo, la vigilancia y la coacción se convierten en la forma habitual de tratar a la mitad de la población afgana, unos 20 millones de mujeres. Apalear a una mujer hasta causarle hematomas será punible con 15 días de prisión solo si un juez lo estima necesario, y esto en un sistema de justicia en el que el testimonio de un hombre y el de una mujer no valen lo mismo. Otras formas de violencia física directamente no se tienen en cuenta. La violencia psicológica y la violación directamente no existen. Eso sí, si se apalea a un animal la pena aumenta a cinco meses de cárcel. Si se incita a peleas entre camellos, perros, pájaros u ovejas el castigo es muy superior que someter, vejar y pegar a una mujer.
El autor de esta salvajada es el mismo régimen que se hizo con el poder en Afganistán en agosto de 2021 ante una comunidad internacional que dejó abandonados a cientos de miles de afganos y pretendió creerse las promesas de los talibanes de que se respetarían los derechos de las mujeres. Desde entonces, no ha habido una sola medida referida a las mujeres que no haya significado su desprecio, cosificación y sometimiento. En el Afganistán de hoy, las mujeres ni siquiera tienen derecho a mirar a la calle desde la ventana de sus casas. Afganistán es un buen ejemplo de lo que sucede cuando la comunidad internacional deja abandonada a su suerte a una población. Y nadie puede decir que no sabía que esto iba a suceder, porque los talibanes ya estuvieron en el poder entre 1996 y 2001, aunque entonces no fueron tan lejos como hasta ahora. Después de 20 años de guerra, las afganas están hoy más solas y más esclavizadas que nunca.
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