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CASO DE ACOSO DEL ALCALDE DE MÓSTOLES
Opinión

Te voy a decir cómo ligo

La pregunta que lanza el PP (¿y tú cómo ligas?) refleja su alarmante desapego del valor del consentimiento

Queda muy claro que Alfonso Serrano no sabe cómo ligamos los ciudadanos comunes en general, pero nosotros ya sabemos cómo liga él o al menos cómo le parece natural ligar si eres un alto cargo del PP y te atrae una subordinada: al ataque, sin considerar su voluntad, ni su posición de inferioridad.

Alfonso Serrano, el número dos de la presidenta de la Comunidad de Madrid y del PP madrileño, está demostrando en primera persona las gravísimas carencias de un partido que no parece haber asimilado las herramientas básicas de la igualdad de género, del espíritu del consentimiento que debe prevalecer en las relaciones en una sociedad democrática como la nuestra y del mínimo respeto a la mujer, especialmente si es una subordinada.

Todas sus intervenciones lo han puesto en evidencia y podemos verlo en cuatro sencillísimos pasos: 1. En lugar de arropar a la víctima de un supuesto acoso sexual y laboral por parte del alcalde de Móstoles, ha arropado al acusado. 2. En lugar de establecer los mecanismos para investigar, intentó disuadir a la víctima de cualquier intento de denuncia y participó activamente en que esta quedara en vía muerta. 3. En lugar de centrarse en los hechos, ha difamado a la víctima aludiendo a una supuesta incapacidad en su trabajo, un asunto que no solo choca con un currículum que suma dos carreras, dos másteres y un doctorado, sino que nada tiene que ver con el acoso sexual que haya podido sufrir. Es decir: aunque la concejal hubiera sido analfabeta, nada justificaría su acoso o la manera de ignorarla. Y 4. En lugar de comprender que un superior no puede hostigar a una subordinada de la que se ha encaprichado, nos espeta en su comparecencia: “¿Y tú cómo ligas? Pregunto”.

Estas cinco palabras: y-tú-cómo-ligas-pregunto son en sí mismas la mayor evidencia de que el Partido Popular de Feijóo, que se ha alineado con su alcalde acusado y con los dirigentes madrileños que han gestionado el caso como Alfonso Serrano, no ha entendido nada de estos tiempos. No de los tiempos de una sociedad imperfecta que falla un día tras otro, claro, sino de los tiempos en que la política debe aspirar a la ejemplaridad, a ser espejo de lo que queremos construir. Y ya sé que el trumpismo no ayuda, pero muchos seguimos exigiendo ese estándar moral.

El consentimiento se ha convertido en vector legal de las relaciones sexuales y de pareja y, si eso ya hay que tenerlo en cuenta a la hora de emprender contactos, más delicado aún es cuando las dos partes están en desnivel. La atracción es libre, faltaría más. El enamoramiento ocurre sin planificar, sin esquema legal, hasta ahí podíamos llegar. Pero la interacción es el terreno que puede ser punible si se convierte en asalto, si el encaprichamiento por parte de un superior incluye degradar a la víctima si ella no le corresponde. Y eso no es exactamente ligar.

Resulta increíble tener que explicar esto a Alfonso Serrano, pero lo haremos. ¿Y cómo ligo yo, nosotros, entonces? Pues las personas que respetamos a los demás lo hacemos sin imponernos. Y sin vengarnos. Y lo que ha hecho el alcalde de Móstoles no tiene pinta de ser ligar, sino acosar. Lo dice el sentido común. Y lo dice la ley.

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