Buenas previsiones, tareas pendientes
El FMI prevé para España el mayor crecimiento de la zona euro en 2026, pero sigue sin resolverse el problema de los precios y la vivienda


Como ya viene siendo habitual en los últimos años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado al alza las previsiones de crecimiento para la economía española, impulsada por el aumento de la fuerza laboral, gracias al incremento de la inmigración, y por los servicios ligados al turismo. Los técnicos del organismo prevén que España crecerá un 2,3% este año (tres décimas más de lo previsto en octubre) y un 1,9% (0,2 puntos más) en 2027, unas estimaciones que superan a las del Banco de España (2,2%) y que sitúan a España como la locomotora de la zona euro. La economía española mantiene un ritmo de crecimiento más próximo al de Estados Unidos (2,4% en 2026) que al de sus socios de la eurozona (1,4%) y en él destaca por primera vez la contribución a la actividad de la inversión relacionada con la tecnología (centros de datos, entre otros) aunque lejos de los niveles de Estados Unidos. Todo ello ha permitido a España capear mucho mejor que sus socios un entorno internacional marcado por las turbulencias.
Las nuevas estimaciones suponen, además, una enmienda a los propios análisis del FMI y no solo por subestimar año tras año el desempeño de la economía española. El Fondo alertaba el año pasado del impacto global de la escalada arancelaria liderada por el presidente de Estados Unidos y del frenazo en la inversión, derivada de la incertidumbre geopolítica. No ha sido así. De hecho, el comercio mundial mantuvo un crecimiento del 4,9% en 2025, aunque sí está previsto que modere su tendencia este ejercicio, y la inversión se ha visto impulsada en todo el mundo como consecuencia de la adopción de la inteligencia artificial y del aumento de los gastos en defensa.
Los datos del PIB, sin embargo, no son la única —y cada vez menos la principal— referencia para analizar la marcha de una economía. Los países avanzados afrontan una creciente crisis de asequibilidad, de la que no escapa España, en la que una parte muy importante de la población tiene crecientes dificultades para cubrir gastos básicos y, en especial, para acceder a una vivienda. Una crisis que se ceba con los jóvenes y con una clase media que cada vez se siente más al margen de los buenos datos económicos, lo que abunda en el sentimiento de frustración. En el caso de España, además, la baja productividad agudiza esa tendencia, lo que empaña la hoja de servicios de la economía. Como bien subrayan los expertos, la mejora sostenida de la productividad es el factor que realmente permite mayores salarios reales y mejor acceso a la vivienda sin presionar precios. Igualmente, en línea con lo apuntado recientemente por el presidente del Gobierno, el fin de los fondos Next Generation tendrá a partir de 2027 un notable impacto sobre la actividad por lo que convendría apuntalar nuevos estímulos a la inversión en los próximos meses.
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