Ir al contenido
_
_
_
_
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Monos malos

Es absurdo pensar que los trumpistas serán mejor que ahora cuando tengan más poder. Pero se les puede parar

“Vivimos en un mundo, el mundo real, que está gobernado por la fuerza, que está gobernado por el control, que está gobernado por el poder”, declaró el adjunto al Gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, la semana pasada en la CNN. “Estas son las leyes de hierro del mundo”. Llegaba tan exuberante de invadir Venezuela y secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro, que en lugar de una entrevista dio un discurso, ante la visible irritación de Jake Tapper, el presentador. Dijo que “el futuro del mundo depende de que EE UU sea capaz de afirmarse a sí mismo y a sus intereses sin pedir disculpas”, y que se acabaron las “formalidades internacionales” y “todo lo que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Occidente empezó a disculparse, a humillarse y a suplicar”. También se ha acabado lo de pedir disculpas por matar gente.

La gente como Miller y como Donald Trump creen que la única diferencia entre ellos y los demás es el poder, en un mundo donde solo existen el dominio, la fuerza y la sumisión. Han sometido rápidamente a Venezuela y se sienten en racha. Si nada los detiene, seguirán por donde ya han anunciado: Cuba, México, Colombia. Quieren Groenlandia “por las buenas o por las malas” para fortalecer la seguridad estadounidense y explotar sus recursos mineros que se intuyen bajo el permafrost. Nadie con dos dedos de frente puede pensar que respetarán las vidas y derechos de sus habitantes, más de lo que han respetado a Renee Nicole Good, la madre de tres hijos que murió asesinada en Minneapolis a manos de un agente del ICE.

Miller ha dicho que Venezuela está bajo el control de EE UU y que es absurdo y ridículo pensar en convocar elecciones. Lo absurdo es pensar que van a respetar los derechos de los venezolanos más de lo que han respetado a los 252 venezolanos que enviaron sin cargos al brutal Centro de Confinamiento del Terrorismo en El Salvador o a las 328.000 personas que han secuestrado y deportado a distintos lugares en el último año es realismo mágico. Trump ha prometido que Irán “recibiría un duro golpe” si asesina manifestantes. Lo absurdo es pensar que Trump o Netanyahu van a respetar las vidas de esos mismos manifestantes en el increíble caso de que consigan derrocar el régimen. Todos son “personajes no jugables” en el videojuego que Trump sigue en la pantalla de su tele. Es decir: narcotraficantes, criminales y terroristas domésticos, como llaman ahora a Renee Nicole Good. Es absurdo pensar que cuando tengan más poder serán mejores de lo que son ahora mismo. Pero no es absurdo pensar que se les puede parar.

Lo opuesto a la esperanza no es la desesperación sino el cinismo; la convicción de que todo el mundo es egoísta, oportunista y está dispuesto a cualquier cosa para avanzar sus intereses, y que todo aquel que diga o parezca cualquier otra cosa es un hipócrita o un ingenuo que se engaña a sí mismo y a los demás. Pero en el momento de escribir estas líneas, Irán continúa en la calle, y en las calles de Filadelfia están cantando “Hey-Oh, we won’t be silent while our friends are gunned down” (“no nos quedaremos en silencio mientras nuestros amigos son abatidos a tiros”). Y Lynn Margulis nos enseñó que las especies que se expanden por encima de sus posibilidades se extinguen rápidamente, y que la clave de la supervivencia no está en la sumisión ni la competencia, sino en la cooperación.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Marta Peirano
Escritora e investigadora especializada en tecnología y poder. Es analista de EL PAÍS y RNE. Sus libros más recientes son 'El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención' y 'Contra el futuro. Resistencia ciudadana frente al feudalismo climático'.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_