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Columna
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Galicia, faro de Occidente

Vencer tanto en una comunidad histórica con tanta identidad propia es una gesta para la derecha española. Pero no es un milagro, sino su antítesis: una gestión responsable, sin alharacas y que roza el aburrimiento, pero que la población valora

Alfonso Rueda saludaba a los militantes tras la victoria, el domingo en Santiago.
Alfonso Rueda saludaba a los militantes tras la victoria, el domingo en Santiago.Samuel Sánchez
Víctor Lapuente

Tres mensajes poselectorales:

1. El PP gallego es Rafa Nadal o Serena Williams. Cinco mayorías absolutas es como ganar cinco veces Wimbledon. Pero, mientras al deportista veterano le valoramos más cada victoria, arrancada con sudor al inexorable paso del tiempo, al PP se la criticamos más. Decimos que se llevó un susto, en lugar de admirar su capacidad para sobreponerse al desgaste. Además, como Nadal, la superficie del PP es la tierra batida de Castilla o Murcia y no la hierba de Galicia. Vencer tanto en una comunidad histórica con tanta identidad propia es una gesta para la derecha española. Pero no es un milagro, sino su antítesis: una gestión responsable, sin alharacas y que roza el aburrimiento, pero que la población valora. El PP cometió errores forzados criticables, como enviar un SMS a los trabajadores sanitarios anunciándoles una subida salarial dos días antes de las elecciones, y se puede discutir su inversión en algunos servicios públicos, pero, en términos relativos con otras regiones, la sanidad, la educación y la economía puntúan decentemente en Galicia.

2. Ojalá el problema del PSOE fuera la amnistía. Y se pudiera rectificar como una ley. La amnistía no es la razón de la caída del PSdeG porque sus votos han ido mayormente al BNG, que la defiende aún más. El drama del PSOE es más profundo. Va más allá incluso de las modificaciones ad hoc del Código Penal o de la deuda pública de las comunidades autónomas, aunque estas sean manifestaciones del mismo. El problema del PSOE es su acercamiento a los nacionalismos, que es una bendición para formar mayorías en el Congreso, como bien sabe Sánchez, pero una maldición para ganar elecciones en los territorios, como bien saben los barones socialistas. La percepción del votante moderado es que el PSOE ha legitimado tanto el discurso nacionalista del hecho diferencial ―de exigir al Estado un tratamiento especial, fiscal o penal, y negociaciones bilaterales en vez de conferencias solidarias con todas las CC AA― que ha deslegitimado su programa clásico de igualdad territorial. Quizás es una percepción ficticia, no real. Quizás los logros de la mayoría progresista taparán este pecado original. Pero, de momento, no es así.

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3. Galicia es el faro de Occidente. Vox ha vuelto a fracasar. Mientras de Estados Unidos a los países nórdicos, pasando por Alemania, Países Bajos, Francia o Italia, la extrema derecha gobierna o lidera las encuestas, unas aldeas pobladas por irreductibles galos siguen resistiendo. Gracias a una poción nada mágica, el sentidiño. @VictorLapuente

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