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Red de redes
Columna
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Comer es de pobres, ‘bro’

Un estudio convertido en meme muestra los riesgos de ser leal a la empresa

Varios empleados trabajan en una oficina.
Varios empleados trabajan en una oficina.Luis Alvarez (Getty Images)
Jaime Rubio Hancock

¿Trabajas como una bestia? Igual te parece que sí, pero a lo mejor te quedas corto, según el discurso que se ha movido en redes del más o menos influencer Amadeo Lladós, quien propone que nos ofrezcamos al jefe a trabajar de ocho a ocho “sin esperar nada a cambio”. Nada. Y además comiendo un bocadillo en la mesa porque “fuck, comer es de pobres, bro”. En su cuenta de TikTok, el vídeo de Lladós con su receta para ascender “como la espuma” lleva más de 80.000 me gusta, aunque tanto allí como en X suma centenares de críticas.

Lladós es un especialista en llamar la atención en las redes para vender sus cursos de no sé muy bien qué, imagino que de motivación para ser una fucking bestia y no un fucking pobre (le gusta mucho ese taco). Pero no quería hablar de las técnicas de marketing de Lladós, que, como escribía Sergio C. Fanjul en un artículo sobre el egoísmo contemporáneo, parece una parodia. Sobre todo porque, por cutre que sea, es muy probable que le vaya mejor que a mí.

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Sí quería detenerme en una de las respuestas que sirve para este y otros discursos supuestamente motivacionales. La respuesta, convertida en meme, es el titular de un estudio publicado en el Journal of Experimental Social Psychology: “Los trabajadores leales son seleccionados de forma selectiva e irónica para su explotación”. La imagen a menudo se acompaña de un texto que traduce el estudio a una frase coloquial que a su vez es otro meme: “La ciencia ha demostrado finalmente que no vas a heredar la empresa”.

El estudio, publicado en mayo de 2023, explica cómo funciona lo que los autores llaman un “círculo vicioso de sufrimiento”, y no hablamos de madrugar cada día. Los 1.400 participantes tenían que imaginar que eran los jefes de un empleado ficticio llamado John, en una empresa con un presupuesto ajustado que quería mantener los costes bajos (es decir, una empresa). Cuando se presentaba a John como un empleado leal, los participantes le pedían que trabajara más horas extra sin pagárselas. Además, los jefes consideraban que este John era más leal cuando aceptaba más trabajo, por lo que le daban aún más tareas.

Según explicaba Matthew Stanley, neurocientífico y uno de los autores del estudio, en la revista de la Universidad de Duke se trata de un ejemplo de “ceguera ética”. Los participantes sabían que lo que hacían era incorrecto y que sus acciones eran inconsistentes con sus principios y valores. Es decir, incluso el jefe imaginario de Lladós sabe que el trabajo duro se recompensa y que no hay que aprovecharse de los demás, pero lo cierto es que trabajar como un fucking bestia a menudo solo sirve para que te traten como a un fucking pringado y, de paso, para fomentar la manía de calentar la silla y la desconfianza hacia el teletrabajo. Quizás ayuda a cumplir los sueños, pero no los nuestros: como dice un comentario en TikTok, “mi jefe ahora tiene un Lambo. Gracias, Lladós”.

Esto no pasa siempre, subraya Stanley, y la lealtad puede ser positiva. Pero pasa. Todos tenemos puntos ciegos, en el trabajo y fuera de él. Y los memes, como los buenos chistes, ayudan a condensar estudios y experiencias en una frase o una imagen. Por supuesto, no lo recogen todo y dejan fuera matices y excepciones y complejidades, pero funcionan como aviso para parar y replantearnos algunas ideas que igual no tienen tanto sentido como creemos, como si de verdad queremos ser unas bestias en una relación, la laboral, que es asimétrica.

Además, cuando estemos en el lecho de muerte no recordaremos ese balance cuadrado a la perfección, ni nos alegraremos de habernos plantado a las cinco de la mañana en la oficina a hacer el trabajo del jefe, ni lamentaremos no haber pasado más viernes por la noche cerrando presupuestos (o reportajes). Y en eso no hay fucking marcha atrás.

Sobre la firma

Jaime Rubio Hancock
Editor de boletines de EL PAÍS y columnista en Anatomía de Twitter. Antes pasó por Verne, donde escribió sobre redes sociales, filosofía y humor, entre otros temas. Es autor de los ensayos '¿Está bien pegar a un nazi?' y 'El gran libro del humor español', además de la novela 'El informe Penkse', premio La Llama de narrativa de humor.
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