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EDITORIAL
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Aire fresco para Guatemala

Bernardo Arévalo se impone en la segunda vuelta electoral con un mensaje de renovación y de lucha contra la corrupción

El presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo, con su vicepresidenta Karin Herrera, en Ciudad de Guatemala tras su victoria en los comicios.
El presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo, con su vicepresidenta Karin Herrera, en Ciudad de Guatemala tras su victoria en los comicios.Esteban Biba (EFE)
El País

El rotundo triunfo de Bernardo Arévalo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebradas el domingo en Guatemala supone un importante giro político y un soplo de aire fresco para el país centroamericano. En primer lugar, el candidato, de posiciones progresistas, ganó por sorpresa planteando un desafío a las élites tradicionales que emprendieron un camino de corte autoritario durante el mandato del presidente saliente, Alejandro Giammattei. Y, en segundo lugar, la victoria, que ha llenado de esperanzas a la mayoría de la sociedad guatemalteca, abre una ventana reformista que resulta necesaria frente a la corrupción y a la decadencia de las instituciones.

Arévalo, de 64 años, sociólogo y diplomático especialista en resolución de conflictos, no estaba ni siquiera en el radar de las encuestas hace dos meses. Sin embargo, gracias a un discurso de ruptura con las dinámicas viciadas de la política local, se aseguró en junio un lugar en la segunda vuelta junto con la ex primera dama Sandra Torres, representante del establishment. Hijo del exmandatario Juan José Arévalo, quien en 1945 puso fin a un ciclo de dictaduras militares, hace una década impulsó el Movimiento Semilla, una iniciativa de un grupo de académicos, intelectuales y profesionales jóvenes que se convirtió en partido tras la llamada “primavera democrática” de 2015.

El espíritu de aquella oleada de movilizaciones contra la corrupción, truncada entonces por el mandato de Jimmy Morales, es el que volvió a inundar las calles de Ciudad de Guatemala tras conocerse los resultados, que otorgaron a Arévalo la victoria por más de 20 puntos de ventaja sobre su contrincante. Pero el trabajo del presidente electo no va a ser sencillo. Entre la primera y la segunda vuelta un sector de la Fiscalía y del poder judicial intentó impugnar, sin éxito, la candidatura del Movimiento Semilla. No lo logró, aunque el ganador recibirá una herencia especialmente complicada de impunidad, altos índices de pobreza y una creciente inseguridad. Durante la última etapa del mandato de Giammattei se intensificó la persecución de fiscales, activistas y periodistas, principalmente los que investigaron al actual Gobierno, como el fundador de elPeriódico, José Rubén Zamora, hoy en la cárcel.

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La capacidad de resistencia de las élites vinculadas a un sistema carcomido por los privilegios y el oligopolio, el llamado “pacto de corruptos”, será también el principal obstáculo de Arévalo. Con esta premisa, el futuro mandatario, que asumirá el cargo en enero de 2024, tiene ante sí el reto de encauzar el país por la senda democrática. Los próximos meses serán delicados. La prioridad debe ser no solo mantenerse vigilante en el largo proceso de traspaso de poderes, sino también la de tejer con inteligencia los apoyos necesarios para impulsar su proyecto y mantener la gobernabilidad.


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