_
_
_
_
tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Las mil y una cicatrices de Ava

Mujeres con discapacidad intelectual están siendo captadas y explotadas en la prostitución, un colectivo que resulta más fácil de cara a la explotación, porque estas jóvenes carecen de recursos para salir

Prostitution in Spain
Uno de los miles de locales donde se ejerce la prostitución en España.Juan Serrano Corbella

Ava vivía en un prostíbulo. Su mamá fue arrojada a la prostitución y a la cocaína desde muy joven. También su abuela. El hombre que vivía con ellas abusaba y pegaba a las dos mayores, y también a la niña. Ava recibía correazos por todo el cuerpo y el proxeneta apagaba cigarrillos y fósforos en el rostro de la menor. Su abuela fue la única que se enterneció de la niña y la llevó a un centro cuando Ava acababa de cumplir seis años. En ese lugar fue donde la conoció María. Se enamoró de esta pequeña resiliente, la adoptó y le abrió su corazón y su casa en Madrid, con total generosidad y entrega.

Ava llegó a nuestro país desde su Colombia natal con una mochila llena de horrores, daño en el cerebro por un parto violento y un trastorno emocional derivado de un estado traumático de desarrollo.

A los 17 años fue captada a través de internet por uno de los proxenetas españoles más buscados. Un QR enviado a su móvil y Ava montó en un bus con dirección a Palencia. Allí, nada más llegar a un dúplex frente a la catedral palentina, los miembros de su “nueva familia” le quitaron el móvil, la documentación, la obligaron a vestirse con lencería sexy y la explotaron sexualmente desde entonces.

Haz que tu opinión importe, no te pierdas nada.
SIGUE LEYENDO

Más de 20 hombres compraban cada día no solo a Ava, sino al resto de las chicas que vivían secuestradas en este lugar con ella. Todas de nacionalidad española, salvo una dominicana. En el burdel había otra menor, como Ava.

Cada mediodía, tras despertar en las mismas camas donde por la noche habían sido poseídas, sobadas e insultadas, apenas tenían tiempo para comer algo antes de comenzar de nuevo la jornada. Esta comida consistía en una sopa, y a continuación, repartían cocaína.

Las drogas están muy presentes y vinculadas a la explotación sexual. Porque los hombres las piden para aguantar más en el sexo, y porque drogas y sexo es un paquete de ocio completo. En el caso de las mujeres, los proxenetas incentivan su consumo porque es más fácil explotarlas, son más dóciles y, además, una vez que se enganchan, están más pendientes de su propio consumo que de escapar.

Ni Ava ni ninguna de sus compañeras de encierro y explotación tenían fuerzas para salir del lugar de prostitución escondida, donde eran alquiladas. Muchas de estas chicas tan jóvenes son captadas como Ava, por su extrema vulnerabilidad. Somos lo que hemos vivido en nuestra infancia. Ava, sin pretenderlo, buscaba la oscuridad que había conocido desde pequeña. Además, las telas de araña que tienden los proxenetas son de hierro, y ellos saben muy bien a quién captar. Mujeres y menores que, como Ava, vienen de entornos de gran violencia. Nacen en lugares con tan poco afecto y tan dañinos para el ser humano, que sus cuerpos y corazones están poblados de mil y una cicatrices y algunas se convierten en enfermedades mentales no diagnosticadas.

Mujeres con discapacidad intelectual que están siendo captadas y explotadas en la prostitución. La discapacidad intelectual no tiene signos externos y, sin embargo, resulta más fácil de cara a la explotación, porque las mujeres y menores con estas enfermedades no van a tener recursos para salir. También, en muchos casos, porque una mujer con discapacidad no va a ser consciente de su explotación.

A través de las redes sociales hoy en día los proxenetas están captando a las jóvenes, en muchos casos, con discapacidad intelectual. Estas socializan a través de estas mismas redes, porque las iguala al resto, y de esto se aprovechan los proxenetas para captarlas con engaños. Mujeres con las que en muy pocos casos se va a necesitar la violencia. Al contrario, si los proxenetas las miman mínimamente, no se van a ir nunca.

No hay datos en nuestro país de mujeres y menores explotadas sexualmente con discapacidad intelectual, pero tanto la Policía Nacional como la Guardia Civil ya disponen de equipos especializados, y en las asociaciones de víctimas de trata, cada vez atienden con más frecuencia a estas mujeres, todavía con poca formación, porque los recursos son de trata o de discapacidad, pero no para ambas cosas, que es lo que permitiría ayudarlas de verdad.

A estos mismos recursos llegan también mujeres rescatadas de esas cárceles de neón o de esa prostitución cada día más escondida, con enfermedades mentales también producto de la violencia, la explotación, la falta de humanidad, las drogas... Vemos mujeres con esquizofrenia, con trastornos de doble personalidad, etc.

Ava salió de ese lugar de explotación gracias al tesón de María, una madre coraje que no cejó en el empeño de encontrar a su hija. Gracias a ellas y a su valiente denuncia detuvieron al proxeneta que hoy en día sigue en la cárcel, aunque María y Ava también viven prisioneras del miedo y del estigma.

Es esta una historia real que cuento en mi nuevo cortometraje documental, Ava, que ha comenzado a caminar recientemente, y se podrá ver tanto en festivales nacionales como fuera de nuestras fronteras.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_