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La diplomacia del buen vestir de Colombia: sin tenis y sin escote para ser formales

El código de vestimenta emitido por la Cancillería colombiana provoca un revuelo sobre la propia imagen y el cambio cultural

Irene Vélez (derecha), ministra de Minas de Colombia, en reunión con la ministra de Turismo de España, Reyes Maroto.
Irene Vélez (derecha), ministra de Minas de Colombia, en reunión con la ministra de Turismo de España, Reyes Maroto.GOBIERNO DE COLOMBIA

Cuando al llegar al poder la ministra de Minas de Colombia, Irene Vélez, recibió con zapatillas deportivas a la ministra de Turismo de España, Reyes Maroto, no fueron pocas las críticas que le llovieron por lo supuestamente inapropiado de su indumentaria. Sin duda, más que los comentarios sobre el contenido de la reunión de ambas dirigentes. Unos meses después, el departamento de Talento Humano (sic) de la Cancillería de Colombia ha considerado “preciso” no obligar ni sugerir, sino “propender” un modelo de vestimenta formal. Lo hace, según un documento de 16 páginas, “en congruencia” con unos principios, que vienen a ser “una política exterior de Estado, coherente e innovadora, basada en la promoción de la democracia y los derechos humanos”. Y, claro, ‘bien vestida’.

Así, en 2023 la Cancillería colombiana sugiere a sus diplomáticos cómo deben vestir en dos situaciones: “formal de negocios” o “casual de negocios”. En el primer caso, para los hombres, explica el documento, “la vestimenta formal de negocios es por excelencia la ideal por su formalidad, dado que refleja carácter, personalidad y elegancia al vestir”. De acuerdo a los ‘estilistas diplomáticos’ el carácter y la personalidad lo otorgan “un traje de diseño clásico completo, camisa de manga larga, corbata o corbatín —con chaleco y pañuelo si es de su elección—, correa de cuero y calcetines largos”. No se sabe si en un acto de atrevimiento o de despiste, no puntualizan el color del pañuelo ni aclaran tampoco la longitud de los calcetines para considerarlos largos. En caso de que su cita sea “casual de negocios” el diplomático podrá derivar en una forma de vestir “cómoda, sin perder la formalidad y mezclar prendas clásicas y formales”. Para lograr todo ello —es importante el énfasis en la formalidad— podrá combinar chaqueta y pantalón diferente y dejar la corbata en el armario.

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Más acotado queda todo en el caso de las mujeres. Para las citas formales de negocios, la Cancillería pide que vistan con “traje sastre de saco y falda”, aunque también puede ser pantalón “o vestido completo con medias veladas”, y aclara: “Evitar los escotes pronunciados y faldas cortas”. No aclara, eso sí, quién va a delimitar la pronunciación del escote ni la altura de la falda ni tampoco qué pasará en caso de que no se cumplan tan formales propuestas. Eso sí, el desquicie continúa con más consejos para las mujeres: “Utilizar un maquillaje discreto y natural, sin tonalidades muy fuertes. También te recomendamos accesorios pequeños, conservar un peinado sencillo, usar en las uñas colores discretos y evitar llevarlas demasiado largas”.

El código incluye cuatro tipos de calzado para hombres y mujeres y, como habrá sospechado, no incluye las zapatillas depotivas. Ni por asomo: la Cancillería es implacable y dedica un apartado de su nuevo código de vestimenta. “El Ministerio de Relaciones Exteriores promueve los intereses nacionales en el exterior, es nuestro deber proyectar una imagen seria, profesional y acorde con la misión, visión y los objetivos institucionales, por esta razón la presentación personal no puede estar acompañada de ropa informal (como los tenis) en las instalaciones del Ministerio”.

Ni falta hace decir que ni el presidente, Gustavo Petro ni la vicepresidenta, Francia Márquez, se ajustan a estas limitaciones, aunque no se han pronunciado sobre el nuevo código. Seguramente lo harán en la línea de la senadora María José Pizarro, que en la toma de posesión de Petro vistió con una chaqueta con la foto de su padre, el exguerrillero del M19 asesinado y que tuiteó: “La vestimenta no afecta la labor de las personas. Estos “códigos” invisibilizan nuevas estéticas e identidades. Estamos en el siglo XXI, al gobierno llegaron nuevas ciudadanías y la diversidad étnica de la nación colombiana. La Cancillería debe rectificar, el cambio es cultural”.

Ante el revuelo, el canciller, Álvaro Leyva, de 80 años, quiso deslindarse. En un tuit, aseguró que, junto a María Mercedes Carranza, introdujo en la Consitución de 1991 “el artículo sobre el libre desarrollo de la personalidad. Así, no soy quien diga cómo debe vestirse la gente. Prevalece sí lo que la recta razón y el buen comportamiento indiquen”. Todo aclarado.

Sobre la firma

Javier Lafuente

Es subdirector de América. Desde 2015 trabaja en la región, donde ha sido corresponsal en Colombia, cubriendo el proceso de paz; Venezuela y la Región Andina y, posteriormente, en México y Centroamérica. Previamente trabajó en las secciones de Deportes y Cierre del diario.

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