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ANATOMÍA DE TWITTER
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

El terror del narco y la pregunta de una niña: “¿Por qué?”

Convivir a diario con el horror no implica acostumbrarse a él

Aeromexico vuelo Culiacan
Capturas de pantalla de un vídeo que muestra la reacción al interior de la cabina de pasajeros luego de los tiros, este jueves en Culiacán.David Tellez (REUTERS)

Al principio apenas se percibe un “¿por qué?”. “Agáchate, agáchate”, se ve que le responde un hombre. “¿Por qué, mamá?”, se vuelve a escuchar, ya un llanto entrecortado de una niña y se ve a decenas de personas tratar de resguardarse en el suelo de un avión, entre los asientos. Es el vuelo 165 de Aeroméxico que el pasado jueves por la mañana debía hacer el trayecto entre Culiacán y la Ciudad de México. La aeronave, que se encontraba en la pista pero no había iniciado maniobras de despegue, estaba siendo tiroteada. Como lo había sido casi al mismo tiempo una unidad de las Fuerzas Armadas que se encontraba en Culiacán como parte del operativo que capturó a Ovidio Guzmán, El Ratón, el hijo de El Chapo, el narcotraficante del que, junto a Pablo Escobar, usted habrá leído, visto y escuchado más en toda su vida. Y, por mucho que eso haya sucedido, las imágenes que dejó la batalla por su detención nunca las hubiera imaginado.

Como ocurrió hace tres años, las huestes de Guzmán hicieron todo lo posible para evitar que su líder fuese sacado de Sinaloa. Durante prácticamente un día, el poder del narco sitió Culiacán, una ciudad de un millón de habitantes, y otros lugares del Estado. Se amaneció con los enfrentamientos entre los criminales y los militares, con imágenes de narcobloqueos y se fueron digiriendo las horas con imágenes de terror que parecían no tener fin. Muchas llegaban a través de las redes sociales por periodistas que, como Marcos Vizarra, se juegan, literal, a diario el pescuezo en uno de los lugares más complicados para hacer periodismo. “Estoy dentro de un hotel al norte de la ciudad de Culiacán. Hace unas tres horas me quitaron mi carro y me puse resguardar aquí. Los armados entraron al Hotel de nombre Two y están amenazando a clientes para que les den sus llaves de carros. Hay gritos y llantos”, tuiteó, seguido después de unos mensajes en los que tranquilizaba y, aseguraba también, que se desconectaría. “Para dimensionar el tamaño de la respuesta del crimen organizado hoy en Sinaloa: 250 vehículos robados en un lapso de 12 a 14 horas. De 17 a 20 por cada hora, uno cada tres minutos, aproximadamente. ¿Cuánta gente se necesita para hacer algo así?”, escribía, por su parte, Adrián López, también periodista sinaloense, director de Noroeste.

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El poder del narco resulta omnímodo en algunos lugares de México. Convivir a diario con el horror no implica acostumbrarse a él. El propio López escribía en este diario un artículo sobre las lecciones que dejaba la captura de Guzmán y cerraba: “No sabemos si la violencia seguirá, nada nos garantiza que no será así. Pero tarde o temprano los sinaloenses volveremos al trabajo, a la escuela, a la calle… porque no hay de otra y tenemos que vivir. La pregunta es ¿cuánto tiempo nos tomará volver a hacerlo sin miedo?”. Horas más tarde, y por tanto, miles de lecciones tuiteras de sabelotodo después, clamaba en la red social: “Aquellos que están opinando que los sinaloenses “ya estamos acostumbrados” a situaciones como las de ayer y que hasta “nos lo merecemos”, van dos respuestas simples: 1. Nadie merece ni se acostumbra a ese miedo; y 2. No conocen Sinaloa”.

La detención de El Ratón, como la de cualquier capo del narco, deja en el camino numerosos interrogantes: cómo fue la detención, quién colaboró, el balance que deja, cómo queda el Cartel de Sinaloa, si Guzmán será extraditado… un largo etcétera de preguntas que se agolpan. Sin embargo, la más contundente, la de esa niña que le pregunta entre llantos a su madre “por qué” mientras suenan las balas en el avión en el que iban a viajar, se topa, aún en 2023, con un rotundo silencio en México.

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Sobre la firma

Javier Lafuente
Es subdirector de América. Desde 2015 trabaja en la región, donde ha sido corresponsal en Colombia, cubriendo el proceso de paz; Venezuela y la Región Andina y, posteriormente, en México y Centroamérica. Previamente trabajó en las secciones de Deportes y Cierre del diario.

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