Columna
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Esto tampoco va a pasar

Las mujeres de este país merecemos más rigor y que se tome en serio a quienes, desde sus conocimientos de expertos, advierten a la opinión pública sobre los peligros de la ‘ley trans’

La ministra de Igualdad, Irene Montero, contestaba a los periodistas el miércoles en Madrid.
La ministra de Igualdad, Irene Montero, contestaba a los periodistas el miércoles en Madrid.DANIEL GONZÁLEZ (EFE)

Lo advirtieron el Consejo General del Poder Judicial, la Asociación de Mujeres Juristas y las feministas de reconocido prestigio: la ley del solo sí es sí traería rebajas de penas a los delincuentes sexuales. Pero el Ministerio de Igualdad viene desoyendo insistentemente estas críticas considerándolas ataques personales. Tres años después de la mayor movilización por la igualdad de la historia de España, de manifestaciones multitudinarias, de una ola irrefrenable de toma de conciencia provocada por el actual panorama de reacción misógina, resulta que el gol es en propia puerta y nos lo ha metido la persona que ostenta el cargo más importante en materia de feminismo en este país. No va a haber ni una sola rebaja de pena, decía Irene Montero como respuesta a las voces discrepantes que no atendió. Menos mal que nosotras, las mujeres, íbamos a ejercer el poder de una forma distinta, más empática, con escucha activa y menos arrogancia. Cuando se demuestra el error, el problema es de los jueces, que son todos unos machistas.

A la luz de lo que está ocurriendo con la del solo sí es sí, ¿qué podemos esperar cuando se apruebe la polémica ley trans? No habrá, como advierte el mismo CGPJ, una desprotección de los menores si se les permite la autodeterminación de género, ni correrán ningún peligro todas las normas en materia de igualdad existentes al hacer irrelevante el dato del sexo tal como advierten juristas y feministas, ni veremos a hombres que nunca antes presentaron incongruencia con su sexo de nacimiento entrando en cárceles de mujeres ni a varones compitiendo en el deporte femenino. Tampoco se librarán los maltratadores de la aplicación de la ley contra la violencia de género si resulta que en su DNI constan como mujeres. Ni habrá mutilaciones, hormonaciones experimentales, y procedimientos médicos con graves e irreversibles consecuencias en adolescentes confusos que se arrepentirán de haber transicionado. Nada me gustaría más que creer que estos peligros no son más que temores infundados, ataques personales a la ministra o actitudes derivadas de la supuesta transfobia que se atribuye ahora a cualquier voz crítica, pero resulta difícil creer que hay una maquiavélica confabulación de médicos, jueces y académicos que pretenden enmendar la ley solo porque le tienen manía a Irene Montero. Las mujeres de este país merecemos más seriedad, más rigor y que se tome en serio a quienes, desde sus conocimientos de expertos, advierten a la opinión pública sobre los peligros de la nueva norma. Lo que está en juego es grave y debería preocuparnos a todos.

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