Columna
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Una universidad cercana y para todos

Esta semana la UNED ha cumplido 50 años. No es mal momento para festejarla y para pensar en cómo reforzar su labor para que siga siendo una universidad cercana y para todos otros 50 años más

Un estudiante sigue una clase a distancia.
Un estudiante sigue una clase a distancia.

Cuando llegué a la UNED, una de las cuestiones que más me preocupaba era cómo iba a llevar la docencia a distancia. No porque tenga nada en contra de este tipo de metodología, sino porque demasiada gente me decía que me iba a una universidad sin estudiantes. Podrás investigar y escribir mucho, comentaban, felicitándome por el tiempo que iba a ganar gracias a eso. Y aunque la perspectiva de disfrutar de una especie de barra libre de investigación y escritura sonaba tentadora, me apenaba pensar que me iba a perder todo lo que implica la docencia y el contacto con alumnas y alumnos de carne y hueso.

Sin embargo, la experiencia me trajo una realidad muy diferente. En mi primer cuatrimestre me tocó tutorizar un buen número de trabajos de fin de grado. Era febrero de 2020, así que mientras todos descubríamos qué significaba vivir en pandemia, yo tuve, además, mi propio proceso de aprendizaje sobre los estudiantes de la UNED. Los meses de confinamiento duro los pasé intercambiando correos y compartiendo tutorías virtuales con mis alumnos, lo que me permitió seguir de cerca la evolución de su trabajo al tiempo que les ponía cara e iba conociendo la historia y las circunstancias personales de cada uno de ellos. Mi aprendizaje se consolidó en los cursos siguientes, con más trabajos de fin de grado y con otras asignaturas. Y aunque en materias de primero, con 1.500 matriculados, no es posible saberse el nombre de todos, los foros, el correo o las clases virtuales permiten conocer a un número considerable y, sobre todo, estar ahí para ellos.

Así he podido redescubrir no solo que la UNED sí tiene estudiantes y que son muy reales, sino también que el perfil de estos es un poco diferente al de los alumnos de otras universidades. El abanico de edades, por ejemplo, es mucho más amplio. Junto a jóvenes procedentes de la selectividad, abundan las personas de edades más avanzadas que quieren ampliar sus estudios para mejorar su situación laboral, aquellas que simplemente buscan disfrutar adquiriendo conocimientos y también las que, al borde de la jubilación o ya retiradas, tienen la oportunidad de estudiar por primera vez en su vida. Muchas de ellas no pudieron hacerlo antes por motivos económicos, laborales o familiares. Muchas de ellas no podrían estudiar ahora en una universidad presencial por esas mismas razones.

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Esa vocación social, de creadora de comunidad además de transmisora de conocimiento que late detrás de cada universidad adquiere por todo ello en la UNED una dimensión especial. Una dimensión que tiene más alcance aún al descubrir que el 40% de los universitarios con discapacidad en España estudian en ella, al recordar la apertura de sus programas a la población penitenciaria o al pensar en el papel dinamizador que desempeñan sus centros asociados, sobre todo los que tienen su sede en localidades con menos habitantes. En un tiempo donde la España vaciada y el reto demográfico son temas de preocupación, esta red de centros extendida por todo el país ofrece un tejido de apoyo magnífico para un plan de vertebración del territorio.

Esta semana la UNED ha cumplido 50 años. No es mal momento para festejarla y para pensar en cómo reforzar su labor para que siga siendo una universidad cercana y para todos otros 50 años más.

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