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Elecciones en Brasil
Columna
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El desafío de Lula a Bolsonaro: “Tiene miedo de perder porque podría acabar en la cárcel”

El presidente brasileño prepara el camino para que si se ve perdedor pueda impugnar el resultado de las elecciones con el apoyo de los militares

Elecciones Brasil 2022
Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, en un acto en São Paulo.AMANDA PEROBELLI (REUTERS)

En su visita a Minas Gerais, el segundo mayor Estado del país, Lula da Silva, que sigue dominando los sondeos como vencedor de las presidenciales de octubre, ha desafiado abiertamente a su contrincante, Jair Bolsonaro al afirmar que el presidente teme perder las elecciones “para no acabar en la cárcel”.

El desafío de Lula ha tenido mucha repercusión porque ha sido leído como una amenaza al presidente, ya que sobre Bolsonaro están detenidas en el Congreso 120 peticiones de impeachment que no han sido aún puestas a votación. Muchas de esas acusaciones no solo podrían obligarlo a dimitir, sino que serían motivo de procesos judiciales que sí podrían llevarle a la cárcel.

Lula ha sido duro en sus primeras salidas en público estos días. Siempre sin pronunciar su nombre, ha afirmado que “estamos enfrentando a un adversario que representa la ignorancia, que representa la violencia, que representa al fascismo en Brasil y vamos a tener que arrojar ese fascismo a la cloaca de la historia de donde nunca debería haber salido”.

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Lula se está esforzando en crear un abanico de fuerzas políticas no solo de izquierdas, sino hasta de derechas para intentar convencer que hoy en Brasil lo más urgente, antes de que sea demasiado tarde, es apear a Bolsonaro del poder para evitar que resuciten los demonios de la dictadura. Así lo ha dicho: “Bolsonaro habla todos los días de golpe. Él va a ver el golpe. Lo va a sufrir el 2 de octubre [fecha de las elecciones]. La gente va a dar un golpe en el autoritarismo y va a restablecer la democracia, un golpe democrático popular sin fusiles ni ametralladoras”.

Bolsonaro a su vez, según la opinión de los analistas políticos, está preparando el camino para que si se ve perdedor pueda impugnar el resultado de las elecciones con el apoyo de los militares más cercanos bajo el pretexto de que las urnas no son seguras y pueden ser manipuladas. Y lo hace con un discurso ambiguo, como es su estilo, presentándose como paladín de la defensa de la libertad y de las costumbres, según él, aplastadas por la izquierda.

Todo su afán en estos años de Gobierno ha sido armar a la población, permitiendo a la gente común y hasta estimulándola a comprar hasta seis armas. Según él, “solo los dictadores temen al pueblo armado”. Y ha afirmado: “Yo quiero que todo ciudadano de bien posea sus armas de fuego para resistir, si fuera el caso, a la llegada de un dictador”. Ese dictador, sería, claro, su contrincante Lula visto como un comunista algo que el exsindicalista nunca fue. En su blog Metropoles, Ricardo Noblat, comenta que lo que pretende Bolsonaro es que la gente esté armada en una especie de milicia para que una parte de ella pueda usarlas para impugnar las elecciones si las perdiera”. Y añade Noblat: “Y sigue el baile. O dicho de otra forma, el golpe avanza”.

Bolsonaro ha llegado al sarcasmo de decir que la gente tiene que luchar hasta con las armas contra el dictador y contra quienes se niegan a cumplir la Constitución y pretenden quitar la libertad a las personas. Son sus fantasmas de siempre: de que la izquierda intenta implantar una dictadura y que fue la dictadura militar la que devolvió la libertad a Brasil. Según él, el único problema que tuvo la dictadura brasileña es que, en comparación con otras del continente, fue demasiado leve. “Debería haber matado a otras 30.000 personas más”, dijo con candor.

Hoy, a cinco meses de las elecciones ya existe el consenso que solo Lula con su historial es el único que podría destronar al ultraderechista Bolsonaro ya que ningún otro candidato ha despuntado con fuerza. De ahí que todos los esfuerzos de los demócratas, incluso de una parte de la derecha, es apoyarle para que gane las elecciones mientras crece el miedo de que pueda sufrir algún atentado. Ello ha llevado a su equipo a determinar que sus actos electorales se hagan si es posible en lugares cerrados con detector de metales. Días atrás, en São Paulo, al salir de un encuentro con algunos líderes políticos su coche se vio de repente bloqueado por un grupo de bolsonaristas con gritos de amenazas que necesitó dispersar la policía.

En este clima de tensión que vive la política y en el que está gravemente amenazada la democracia, han sorprendido las declaraciones del novel de literatura, Vargas Llosa, de que prefiere Bolsonaro a Lula. Dichas declaraciones han sido recogidas con extrañeza e incredulidad por los medios y por las redes sociales y con exaltación por parte de las huestes más radicales del bolsonarismo. Aunque es conocida la mentalidad liberal del escritor peruano ha sorprendido que no esté informado de que lo que se juega Brasil, con la reelección de Bolsonaro, es el futuro de su democracia.

Mientras tanto, Brasil sufre cada día con mayor fuerza las consecuencias de una crisis económica que martiriza a millones de personas a la que el Gobierno no ha sabido afrontar. Como ha escrito Vinicius Torres Freire en el diario Folha de São Paulo “en vez de inflación y hambre, Bolsonaro habla de armas y de guerra civil”. Según él “es fácil observar que la economía está a la deriva en un país desgobernado, sometido a los objetivos de un proyecto golpista”. Y añade que Bolsonaro " une el hambre con la voluntad de un poder autoritario incluso a través de un conflicto armado”.

La tensión política en este momento es tal que aunque la campaña electoral solo podría iniciar oficialmente en agosto, sea Bolsonaro que Lula están ya en plena campaña recorriendo el país, con el agravante de que el presidente ha dejado prácticamente de gobernar para dedicarse en cuerpo y alma a combatir los fantasmas y molinos de viento de la vuelta de un comunismo que, en verdad, nunca ha existido en Brasil y que fue solo una excusa para implantar una dictadura militar sangrienta y que hoy parece querer volver a repetirse. De ahí las esperanzas de una victoria de Lula, incluso por parte de quienes no le votarían en otra situación política menos peligrosa de la que está viviendo el país.

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