tribuna
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Contorsionismo chino en Ucrania

Pekín se ha embarcado en un ejercicio de contorsionismo diplomático por su apoyo a Rusia, que puede erosionar tanto sus intereses económicos como el prestigio internacional y doméstico de sus autoridades

El ministro chino de Exteriores, Wang Yi, se dirige al consejo de derechos humanos de Naciones Unidas en formato remota, este lunes en Ginebra.
El ministro chino de Exteriores, Wang Yi, se dirige al consejo de derechos humanos de Naciones Unidas en formato remota, este lunes en Ginebra.FABRICE COFFRINI (AFP)

A lo largo del mes de febrero han sido múltiples las ocasiones en que la diplomacia china ha expresado su apoyo a Rusia, tanto en su rechazo explícito a la expansión de la OTAN como en su denuncia del papel desestabilizador de Estados Unidos en la periferia de Rusia. Washington ha sido el blanco de las críticas de altos funcionarios chinos por originar el conflicto entre Rusia y Ucrania, violar los acuerdos de Minsk al enviar armamento a Ucrania, y promulgar sanciones ilegales, unilaterales e ineficaces. La narrativa china también coincide con la del Kremlin al usar el eufemismo “operación militar especial” para referirse a la invasión rusa de Ucrania y al hacer una interpretación del principio de la indivisibilidad de la seguridad que tiene en cuenta las preocupaciones rusas, pero obvia las ucranias. El respaldo chino también ha permitido a Moscú el redespliegue masivo de tropas desde su frontera con China al frente ucranio y ha aumentado la confianza de Vladímir Putin en sus capacidades para afrontar las previsibles sanciones occidentales. El posible uso del sistema internacional de pagos de China (CIPS) para las transacciones rusas que queden fuera del sistema SWIFT sería un buen ejemplo de ello.

Dicho apoyo debe enmarcarse en la asociación estratégica integral que mantienen ambos países y que quedó escenificada durante la visita de Putin a Pekín con motivo de la celebración de los XXIV Juegos Olímpicos de Invierno. Esta asociación se fundamenta en tres pilares. La excelente sintonía personal entre Putin y Xi Jinping, que se han reunido unas 40 veces en la última década y comparten valores autoritarios y preocupaciones frente a la expansión de la democracia liberal. La cooperación de sus gobiernos en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas es buena prueba de ello. La complementariedad de sus economías, entre los recursos naturales rusos y el capital y tecnología chinos. China se ha convertido en el mayor socio comercial de Rusia y su comercio bilateral superó los 140.000 millones de dólares en 2021. Su visión de un orden multipolar, frente a la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados, que les permita mantener zonas de influencia en su periferia y que se está plasmando en una cooperación militar cada vez más estrecha. Valgan de ejemplo el creciente número y sofisticación de los ejercicios militares y la cooperación tecnológica conjunta, como el sistema de alerta temprana que están desarrollando para las capacidades nucleares y misilísticas chinas.

Además de estos elementos estructurales, hay otros dos factores más específicos que explican el apoyo chino a la política exterior agresiva de Putin, y que están vinculados a efectos directos de la invasión rusa de Ucrania. El primero sería dar una mayor prioridad a Rusia en la agenda de seguridad europea y estadounidense. Lo que llevaría a Estados Unidos a destinar más recursos a la OTAN y al Viejo Continente, reduciendo en consecuencia su ancho de banda para hacer frente al ascenso de China en la región del Indo-Pacífico. El segundo es el aumento de la dependencia rusa de China a medida que pueda quedar más aislada internacionalmente. Desde que Occidente impusiera sanciones a Rusia por la anexión de Crimea en 2014, el comercio de Rusia con China ha pasado de suponer el 10% al 20% del comercio exterior ruso, mientras que apenas supone un 4% del comercio exterior chino. Esta tendencia no haría más que acentuarse si más países reducen sus vínculos con Rusia.

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Sin embargo, a pesar de todos estos factores, el apoyo de China a Rusia es ambiguo, limitado y condicional, porque hay discrepancias de fondo importantes entre ambos países y las autoridades chinas son conscientes de los costes que podría conllevar. Una discrepancia fundamental entre ambos es el rechazo de China a acciones que erosionen la integridad territorial de un Estado y a justificaciones irredentistas de las mismas. Pekín ni está suscribiendo ni va a suscribir argumentos que legitimen la invasión rusa de Ucrania apelando al derecho a la autodeterminación o al derecho a decidir de la población local frente al Estado ucranio, ni va a reconocer la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, como no ha reconocido la de Abjasia ni la de Osetia del Sur, o la anexión rusa de Crimea. Asumir las posiciones rusas en este punto, por no hablar de una hipotética y altamente improbable ayuda militar china a Moscú, podría volverse fácilmente en contra de Pekín, al menos de tres formas.

En primer lugar, alentando movimientos independentistas en territorios como Hong Kong, Taiwán, Tíbet y Xinjiang, cuya relación con Pekín es fundamental para la legitimidad del régimen del Partido Comunista Chino. En segundo lugar, reduciendo el alto apoyo doméstico del que goza la política exterior china, y que tiene como principal fundamento normativo los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica. A ojos de la población china, su país es una fuente de estabilidad internacional y diferentes estudios de opinión realizados en China por el Pew Research Institute y GlobeScan evidencian el rechazo de la población de este país a la política exterior de países que son percibidos como agresivos, incluso aunque sean antagonistas de Estados Unidos como Corea del Norte o Irán. No es de extrañar, por tanto, que los medios chinos estén ofreciendo una cobertura muy reducida de la guerra de Ucrania. En tercer lugar, deteriorando la imagen internacional de China, que en muchos países, especialmente en vías de desarrollo, se ha beneficiado de la defensa que tradicionalmente hace su diplomacia del respeto de la soberanía y la integridad territorial de los Estados. Si la intervención del representante permanente de Kenia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el pasado 23 de febrero, incluso antes del inicio de la invasión rusa, es representativa de la posición de otros países del sur, el irredentismo ruso también va a recibir severas críticas desde estos estados.

Incluso en el ámbito económico, está por ver hasta dónde está dispuesto Xi a respaldar a Rusia con compras, financiación y servicios frente a las sanciones internacionales si esto implicara costes económicos directos a entidades chinas. El incremento de los vínculos económicos bilaterales tras la imposición de las sanciones occidentales contra Rusia por su anexión de Crimea se ha realizado sin represalias sobre intereses chinos. Entre otras cosas, porque las principales entidades financieras chinas han respetado dichas sanciones. En otras palabras, está por ver si China conseguirá mantener su actual estrategia en la que quiere soplar y sorber al mismo tiempo, reforzando sus vínculos con Rusia sin dañar sus relaciones con otros actores. Lo que sí está claro, es que cuanto mayor sea el daño causado por Putin en Ucrania, más insostenible será la posición de China.

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