Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

¿Contra quién van los abucheos?

La degradación democrática es el efecto último de las habituales increpaciones a los presidentes del Gobierno socialistas en la Fiesta Nacional

El rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la reina Letizia y la infanta Sofía, durante el desfile del 12 de octubre.
El rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la reina Letizia y la infanta Sofía, durante el desfile del 12 de octubre.Andrea Comas

La costumbre parece enquistada entre un sector minoritario de la población, sin que los líderes de las distintas ramas de la derecha en España sientan la obligación de pronunciarse. Los abucheos a los presidentes del Gobierno socialistas se han convertido en práctica tan rutinaria como suelen serlo en Cataluña los que se dirigen contra el jefe del Estado por parte de sectores muy excitados del independentismo. El año pasado los actos de la Fiesta Nacional estuvieron estrictamente restringidos por la pandemia y se celebraron sin público y sin incidentes. Esta vez se han relajado las medidas de control de aforo y ha vuelto el espectáculo de un grupo de personas estratégicamente colocadas en las proximidades de las tribunas presidenciales (o en los balcones de una de las zonas más ricas de España). La salida del Rey entre vítores contrastaba con los gritos de rechazo que dedicó un sector del público a Pedro Sánchez y los vítores que recibió Isabel Díaz Ayuso. Los insultos proferidos al presidente a su llegada y a su salida degradan sin remedio la celebración del día de la nación. Rodríguez Zapatero padeció, de la misma manera, prácticas semejantes desde 2005. Solo a Mariano Rajoy lo ha eximido del vituperio ese sector del pueblo de Madrid. El disgusto expresado la tarde del martes por Margarita Robles pudo ser ampliamente compartido por la mayoría de los españoles.

Que los líderes de Vox jaleen este tipo de acciones públicas responde a una estrategia política prefijada y ellos mismos han pronunciado en sede parlamentaria y ante micrófonos expresiones semejantes a las que se oyeron en la calle. Ellos también discuten la legitimidad del Gobierno de coalición actual y hablan con corrosivo desparpajo del “okupa de La Moncloa” para referirse al presidente del Gobierno. Menos explicable o más alarmante resulta el silencio selectivo que practica el Partido Popular ante una práctica tan antidemocrática como el abucheo político en un día que debía estar exento de sectarismo partidista: los aplausos al rey Felipe VI se tornan en increpaciones ofensivas al presidente del Gobierno.

La derecha sabe que el respeto a las normas básicas no puede estar en discusión en un sistema democrático, y la tentación del silencio o la tolerancia callada hacia el cuestionamiento de las instituciones fundamentales alimenta una radicalización que desdice de las aspiraciones de un partido de gobierno. El lema de la edición del desfile que se celebró el martes, “Servicio y compromiso”, podría tener otras aplicaciones políticas más allá de las actuaciones del Ejército en emergencias como la tormenta Filomena o el volcán de La Palma. El objeto del abucheo no pareció ser otro que el mismo impecable procedimiento democrático que hoy permite gobernar a la coalición de PSOE-Unidas Podemos y un día facultará a otro u otros partidos para hacer lo mismo: gobernar para todos.

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