Columna
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La ciencia de las inundaciones

El calentamiento no aumenta el número de fenómenos extremos, pero sí su fuerza destructora

Una casa destrozada por las inundaciones en Rech, Alemania.
Una casa destrozada por las inundaciones en Rech, Alemania.FRIEDEMANN VOGEL / EFE

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Predecir lo imprevisible, como las inundaciones que han matado a 200 personas en Alemania y Bélgica, parece la fantasía de un agorero, la manía de un loco o la estrategia de un farsante. ¿Qué mente honrada y sensata podría haber previsto que el 13 de julio iba a caer un diluvio tan brutal en esa zona? ¿Y qué podría haber hecho para evitar el desastre? Seguimos mirando las inundaciones, los terremotos y las erupciones volcánicas bajo el mismo prisma que los antiguos y los prehistóricos, como una maldición de algún dios taimado empeñado en complicarnos la vida, sí, pero contra el que nada cabe hacer. Esto, en realidad, no es más que una excusa para no hacer nada y un truco para eximir a los reguladores de toda responsabilidad. Aunque parezca una paradoja, lo imprevisible se puede prevenir.

La principal lección que nos ha enseñado esta pandemia que no cesa es que podríamos haber impedido cientos de miles, quizá millones de muertes que habrían sido evitables si nuestra política de prevención hubiera sido inteligente siguiendo el camino recomendado por los científicos desde hace décadas. La pandemia de covid es una catástrofe tan natural como lo pueda ser un tsunami o las actuales inundaciones de Centroeuropa, y pese a ello todos sabemos ahora lo que tenemos que hacer para prevenir la próxima.

Sistemas de vigilancia eficaces y coordinados, una industria capaz de manufacturar equipos de protección, una virología engrasada para responder con vacunas en cuanto se conozca el agente pandémico y unas autoridades sanitarias a las que hagan caso los propios gobiernos que las financian. Digo esto último porque la Agencia Europea del Medicamento (EMA) se ha desgañitado aconsejando las medidas sensatas a los Gobiernos para solo hallar ante sí el desierto de los tártaros. Pero también vale para la OMS y cualquier otro organismo científico. Esa es la forma de prevenir una imprevisible próxima pandemia.

En el caso de las inundaciones de estos días, ni siquiera los científicos más serios han estado a la altura. No porque su ciencia sea mala. Todo lo contrario, los meteorólogos del sistema de alerta europeo habían predicho un episodio de lluvia extrema en la zona cuatro días antes de que cayera la primera gota, como informa Warren Cornwall para Science. Su reacción, sin embargo, aparte de emitir la alerta correspondiente, fue felicitarse a sí mismos por su gran capacidad de predicción. Hannah Cloke, hidróloga de la Universidad de Reading y miembro del grupo del sistema de alerta, no está de acuerdo en absoluto en que los muertos sean víctimas del leviatán. “No deberíamos estar viendo esta cantidad de gente que muere por inundaciones en 2021”, dice. “Esto, simplemente, no debería estar ocurriendo”. Puesto que sí se puede prevenir lo imprevisible, la científica tiene razón.

Los investigadores del sector luchan para entender la contribución del cambio climático, la hidrología y los siempre elusivos componentes sociales de esta tragedia. Según los últimos cálculos, el calentamiento no aumenta el número de fenómenos meteorológicos extremos, pero sí su fuerza destructora. Y los planes de contingencia europeos se centran más en los grandes ríos que en sus afluentes que se han desbordado ahora. Son solo un par de pistas para reguladores.


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