Columna
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China Kumbayá

¿Está siendo riguroso el periodista que en un país dictatorial se centra en los ciudadanos sin cuestionar el marco en el que se mueven?

Personas con mascarillas caminan en Chengdu, provincia de Sichuan, China, el pasado 8 de septiembre de 2020.
Personas con mascarillas caminan en Chengdu, provincia de Sichuan, China, el pasado 8 de septiembre de 2020.TINGSHU WANG / Reuters

Uno de los reportajes más interesantes de este verano se llama Cómo China controló el coronavirus. Podría tratarse de cualquier panfleto de propaganda, pero el titular no le hace justicia. Lo firma Peter Hessler en la revista The New Yorker y ha provocado un debate muy encendido: al autor le han acusado de alabar la gestión de Pekín durante la pandemia y de no mencionar los pecados del régimen. Un académico australiano describe con sarcasmo el texto como un China kumbayá, una canción de hoguera y guitarra para blanquear a la dictadura más poderosa del mundo.

El reportaje está lleno de detalles para entender el país. Habla de lo metódicos que han sido los chinos para organizarse, de cómo han usado la tecnología y los comités vecinales para controlar el virus. Estos grupos de voluntarios, casi siempre del Partido Comunista, se han dedicado a rastrear contagios, informar a la población y llevarles comida en el confinamiento. El autor también narra las peripecias de emprendedores que no han recibido ninguna ayuda oficial. Se queja con humor de los mensajes interminables en el grupo de padres de la escuela, que pasaban lista para informar sobre la temperatura de cada niño.

¿Está siendo riguroso el periodista que en un país dictatorial se centra en los ciudadanos sin cuestionar el marco en el que se mueven? El Gobierno chino se aprovecha de la empatía de Hessler: en un momento de crispación total entre Pekín y Washington, es un regalo que un americano alabe lo duro que han trabajado. No tardaron ni una semana en mencionar el artículo.

Los críticos dicen que el reportero pasa de perfil por la opresión y el control cada vez más sofocante que se vive en China. Le reprochan no haber mencionado el arresto del jurista Xu Zhangrun, pocos días antes de que se publicara el reportaje. A Xu lo retuvieron seis días acusado de contratar a prostitutas. En realidad fue un escarmiento por criticar públicamente la gestión de la pandemia. Dijo que esta había revelado el “corazón podrido del Gobierno chino” y el “vacío del inquietante Estado”.

Hessler conoce muy bien China. Escribe desde Sichuán, adonde se mudó el año pasado para enseñar literatura en la universidad. Es su segunda etapa.

En los noventa llegó desde Missouri con una beca de los Peace Corps para enseñar inglés. Se quedó prendado de sus alumnos, tímidos obsesionados con aprender que miraban el mundo con retranca. Nos ha regalado personajes que denomina sino-dickensianos, llenos de dilemas morales y ternura. Sus libros son atajos para entrar en el mundo rural. Es cierto que no escribe sobre atrocidades que están ocurriendo, como los campos de reeducación en Xinjiang. ¿Pero acaso sus testimonios de la clase media frustrada valen menos por eso?@anafuentesf

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