Crianza
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Ser el mejor ejemplo y cuatro consejos más para que nuestros hijos sean generosos

Inculcar valores a lo largo de las diversas etapas de crecimiento debería ser una enseñanza prioritaria en la educación

Varios niños en un colegio comparten el almuerzo.
Varios niños en un colegio comparten el almuerzo.Klaus Vedfelt (Getty Images)

Vivimos en una sociedad muy competitiva que va demasiado deprisa y que cada vez piensa menos en los demás. Donde tenemos demasiadas cosas en la cabeza y entre manos y nos cuesta reconocer o valorar todo lo bueno que nos sucede. No sabemos lo privilegiados que ya somos y parece que vivamos siempre en la insatisfacción continua. Hemos dejado de ser capaces de disfrutar de los pequeños detalles, del día a día, de la gente a la que queremos. Cada vez cuesta más encontrar a personas que defiendan sus valores con decisión y crean enérgicamente que son la base de las relaciones.

Los valores son las reglas de conductas y actitudes según las cuales nos comportamos. Permiten tomar decisiones adecuadas y vivir en sociedad. Motivan a las personas a actuar de una u otra manera porque forman parte de su sistema de creencias, determinan sus conductas y expresan sus intereses y sentimientos. Definen los pensamientos de los individuos y cómo estos desean vivir y compartir sus experiencias con quienes les rodean.

Inculcar valores a lo largo de las diversas etapas de crecimiento debería ser una enseñanza prioritaria en la educación de los hijos. Los valores son necesarios para que puedan desarrollarse de forma armónica y les ayudarán a establecer relaciones sanas y a tener una buena autoestima. Unos aprendizajes que les permitirán relacionarse correctamente con su entorno y entender las dinámicas que se consideran en él.

La educación en valores fomentará el respeto y la comprensión de la diversidad, el desarrollo del pensamiento crítico, la adquisición de habilidades sociales y comunicativas, como la empatía o la cooperación. De la misma manera que nuestros hijos aprenden música, matemáticas o idiomas, deberíamos enseñarles, a través del ejemplo, a desarrollar la perseverancia, la amistad, la bondad, la humildad o la generosidad. Nuestros hijos no siempre nos escuchan, pero sí nos observan a diario, así que la forma en la que nos relacionemos con los demás, cómo pidamos las cosas, agradezcamos o ayudemos, será la manera como ellos lo harán.

Sin duda, la generosidad es uno de los mejores valores que podemos enseñarles. Esta es lo que nos impulsa a dar sin esperar recibir nada a cambio. Es la cualidad de ser amable y comprensivo con los demás, ofreciendo nuestro tiempo y ayuda de forma desinteresada. Es una de las mejores virtudes que puede tener una persona y uno de los pilares del bienestar emocional. Sin duda, el propósito de todas las familias es que sus hijos sean felices y esa felicidad pasa por conseguir desarrollar en ellos el hábito de la generosidad.

Debemos enseñarles a ser generosos desde bien pequeños y cuanto más se practique a diario mejor se integrará en la personalidad. Ser generosos permitirá a nuestros hijos e hijas a apreciar y disfrutar plenamente de la vida, a entender y empatizar con lo que pasa a su alrededor. Y es una de las emociones más saludables y enriquecedoras que existen. Nos ayuda a ser capaces de apreciar lo que tenemos, conseguimos o somos. Nos permite vivir en mayor armonía y satisfacción, y a conectar con nosotros mismos, nos energiza y nos engrandece. Potencia nuestra ilusión, nuestras ganas de mejorar y nos genera mucha paz. Practicarlo mejora nuestro autoconocimiento y autoestima y nos hace ser mucho más agradecidos y vivir con menos estrés. Además, nos conecta con la paz, el amor, la confianza y la ilusión. Y con la abundancia, la positividad y la alegría interna. Los niños y jóvenes educados en la generosidad serán mucho más empáticos, desarrollarán un liderazgo positivo y aprenderán a sacar lo mejor de los demás, con empatía y respeto.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar el valor del agradecimiento?

  1. Convirtiéndonos en el mejor ejemplo que puedan tener: ayudando a los demás siempre que podamos y explicándoles todos los aspectos positivos que nos aporta ser generosos.
  2. Enseñándoles a ser generosos no solo con cosas materiales, sino también con nuestra ayuda desinteresada, nuestro tiempo, con palabras de aliento y gestos de cariño y comprensión. Ayudándoles a identificar las necesidades de las personas que les rodean.
  3. Animándoles a ayudar a aquellos que lo necesitan: en casa, cumpliendo con las tareas asignadas; en la escuela, teniendo una buena actitud en clase con sus profesores y compañeros o colaborando con algún amigo que muestre dificultades para realizar alguna tarea o ejecutando los cargos de la clase.
  4. Ayudándoles a reflexionar sobre cómo se sienten cuando alguien de forma desinteresada les ayuda y les ofrece su cariño y tiempo. Hablándoles también de la importancia de ser agradecidos y valorar los esfuerzos que hacen por nosotros las personas que nos quieren.
  5. Mostrando desagrado ante el egoísmo, felicitándoles cuando se muestran generosos con sus hermanos o amigos, ayudándoles a identificar y a hacer frente a las emociones que sienten cuando les cuesta compartir.

Aristóteles decía: “De todas las variedades de virtud, la generosidad es la más estimada”. Enseñemos a niños y adolescentes a ser generosos, a dar a los demás todo aquello que puedan ofrecer, a no esperar una recompensa por la ayuda desinteresada, colaborando así en la construcción de un mundo mejor.

*Sonia López es maestra, psicopedagoga y divulgadora educativa. Mamá de dos adolescentes.

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