Cómo afrontar las malas notas y suspensos de nuestros hijos

La tranquilidad, el diálogo y el equipo docente serán los principales aliados para mejorar los resultados de los niños

FABIO PRINCIPE (Getty Images/EyeEm)

A estas alturas del curso, cuando queda poco más de un mes para que finalice la tercera evaluación, es un momento crucial en el que van llegando a casa las notas de los últimos exámenes. Esos que darán un impulso final positivo o negativo al curso. Es importante tener algunas cosas claras sobre cómo recibir las calificaciones para que afecten positivamente a nuestros hijos. Sobre todo si se trata de suspensos.

Lo primero que debemos tratar de averiguar es el motivo de ese mal resultado. “Puede deberse a muchos aspectos. Desde que en la familia haya ocurrido un cambio relevante (separación, hospitalización e incluso una muerte) hasta que no se haya estudiado lo suficiente o a que, a pesar de haberlo hecho, no se haya comprendido”, afirma Pilu Hernández Dopico, maestra, formadora de formadores y consejera delegada de El Pupitre de Pilu. A lo que Mónica Diz Besada, orientadora educativa y bloguera, añade factores como “la madurez del alumno, la adecuación de la enseñanza (contenidos, metodología) a las necesidades del niño, la estimulación y la ayuda externa que haya podido recibir”.

En teoría, una mala nota no debería nunca pillarnos por sorpresa si somos unos padres implicados que conocemos el proceso de aprendizaje de nuestros hijos desde el momento en el que empiezan la escolarización. A pesar de ello, sí puede pasar que no nos lo esperemos. En ese caso, hay que recibirlo siempre con serenidad: “Los padres deben estar tranquilos para poder analizar cuál es el origen del suspenso. Hablar y tratar de entender qué es lo que ha pasado, por qué no ha superado determinadas materias con éxito. Realizar este primer paso con la debida calma será de gran ayuda para ambas partes”, recomienda Hernández Dopico.

Plan conjunto pero flexible

Pero esta calma y buenas maneras no nos puede impedir ponernos manos a la obra lo antes posible. Sobre todo en lo que se refiere a la relación con sus profesores, parte esencial de la educación en Primaria. En una evaluación continua, “la relación profesorado-padres debe ser también continua y formativa. Si los padres se han enterado de un suspenso al final de un trimestre, es que esa relación profesor-padres ha fallado. Así que eso es lo primero que hay que corregir”, afirma Diz Besada. “Es necesario hablar con tutor y profesores para obtener una visión lo más completa posible de la situación y ver cómo se pueden mejorar los puntos débiles o si verdaderamente hay que pensar en una posible repetición de curso”, concluye Hernández Dopico.

Diz Besada se muestra de acuerdo en que la relación entre cole y familia es esencial. Los progenitores “deben procurar ser cómplices del profesor, actuar de modo colaborativo. Cuando los profesores y los padres actúan conjuntamente, el éxito es altamente probable”. Sería interesante elaborar un plan conjunto, pero para la orientadora es esencial que este “sea flexible, teniendo en cuenta la madurez del alumno, su edad y sus necesidades”. Es decir, un protocolo personalizado para cada alumno con problemas. Y, añade Hernández Dopico, hacerlo sin perder de vista la posibilidad de que las medidas ordinarias no funcionen (actividades, metodología, recursos, plan de refuerzo) y haya que solicitar una evaluación psicopedagógica.

La labor de los padres

Por nuestra parte, los padres debemos ser capaces de supervisar el trabajo que se hace en casa, por ejemplo, poniendo horarios y teniendo la certeza de que se hacen los deberes. “Involucrarnos y ayudar en las tareas, pero no hacérselas”. Y encontrar las claves para “cambiar hábitos, ya que está claro que lo que se ha hecho hasta ese momento es el reflejo de que no funciona”, sugiere Hernández Dopico.

La orientadora educativa, que se manifiesta “en contra de los deberes tradicionales”, apuesta por una labor aún más compleja y emocionante para los padres de niños de esas edades: “Lo más importante es ayudarles a tener ilusión y motivación por los estudios, a desarrollar competencias básicas, como comprensión lectora, razonamiento numérico, concentración, creatividad, expresión oral, coordinación motriz, planificación, resolución de problemas, habilidades sociales, autonomía, autocuidado”. Por eso reclama tiempo de los padres a favor de este trabajo, en lugar de preparar exámenes o hacer montones de tareas.

También apuesta porque “los progenitores conozcan técnicas de estudio y puedan practicarlas en casa con sus hijos desde pequeñitos, entrenando la preparación de un examen de vez en cuando. De esta forma que aprendan a gestionar el estudio desde los primeros cursos y de mayores lo harán por sí solos”.

Repetir no es sinónimo de drama

Si, a pesar de haber afrontado las dificultades, los resultados no mejoran, hay que contemplar la posibilidad de repetir curso. Pero como recomienda la experta dejando claro que “no tiene que ser un drama”. “La actitud positiva de los padres es clave para que su hijo no crea que les ha fallado. Es complicado, pero en estos casos los progenitores lo deberían ver como algo beneficioso para el estudiante y, de esta forma, superar las dificultades académicas y afrontar el resto de los cursos sin problemas añadidos”, concluye Hernández Dopico.

Pero ¡ojo! Repetir no se debe convertir en el comodín de la enseñanza para todos los estudiantes que van al trantrán. Así lo explica Diz Besada: “Los docentes, que trabajan día a día en el proceso de enseñanza y aprendizaje del menor, deben saber si con la repetición adquirirá los objetivos mínimos propuestos del curso. Si pensamos que no los va a adquirir y, aun así, va a seguir llevando un desfase, es mejor que no repita, proporcionándole todas las medidas ordinarias y extraordinarias que tiene el centro. Así fomentamos la socialización con sus compañeros, no haciendo que cambie”. En cualquier caso, ambas expertas recomiendan confiar en el equipo docente.

Reconocer el esfuerzo

Del mismo modo, si el esfuerzo surte efecto, no podemos permanecer indiferentes ante nuestros hijos. “A todos nos gusta que nos reconozcan nuestro trabajo, y los niños no son menos. Cuando un menor obtiene buenos resultados hemos de elogiarles, que perciban que estamos orgullosos, que han respondido con creces a su trabajo. En definitiva, demostrarles que lo han hecho bien”, asegura la orientadora. Hernández Dopico recuerda que “lo que hay que premiar es el esfuerzo y el afán de superación de un niño, independientemente de un boletín de notas. Y si se ofrece un premio material, un regalo, tratar que no se convierta en una meta. Es mucho más efectivo el refuerzo social para mantener arriba su autoestima y autoconfianza”, concluye.

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