Mi hijo adolescente ha suspendido varias asignaturas por primera vez, ¿qué puedo hacer?

Con la llegada de las notas del primer trimestre llegan los primeros disgustos. Hacerles cambiar de actitud no es tarea fácil

Una adolescente se lo piensa dos veces antes de entrar al instituto.
Una adolescente se lo piensa dos veces antes de entrar al instituto.unsplash

La semana en la que estamos inmersos es, seguramente, una de las más duras para muchos adolescentes, que ven cómo ha terminado ya el trimestre y se acerca irremisiblemente la carta de calificaciones a sus hogares. Pero también para sus padres, que no entienden cómo sus pequeños, tras una vida académica bastante tranquila y sin sobresaltos, aparecen en casa con varios suspensos. Lo primero que deben tener claro es que, aunque mal de muchos no es consuelo de nadie, es bastante habitual que esto suceda. El primer trimestre suele ser el más duro. Y más aún en determinados cursos.

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Ana Cobos sabe de lo que habla porque es Presidenta de COPOE (Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España) y orientadora en un instituto. “Suele ocurrir sobre todo en el primer trimestre de Primero de ESO porque los alumnos están acostumbrados a la forma de trabajar más tutorizada de Primaria y de repente tienen que acostumbrarse a una manera de trabajar. Y no a una, sino a varias, puesto que se dobla el número de profesores y profesoras. Tienen que aprender a descifrar los códigos de comunicación de cada uno de los profesores para poder aprobar.” También se enfrentan a nuevos espacios, nuevos compañeros, incluso lo que se espera de ellos cambia en muy poco tiempo.

Pero no es el único curso complicado. Para Antonio Labanda, psicólogo educativo y Coordinador de la Sección de Psicología Educativa del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, Tercero tampoco es fácil, porque “aparecen en el currículo asignaturas que suponen mayor dificultad, como Física y Química. Por otro lado, ya no hay tantas ayudas de refuerzo y se les presupone una autonomía y una disciplina que quizás aún no tengan”.

Ante esta perspectiva, los padres a menudo nos preguntamos cuál es la mejor manera de reaccionar. Las posibilidades se pueden reducir a tres. Por un lado, la bronca descomunal, incluyendo algún grito e incluso los roles de poli bueno y poli malo distribuidos entre los progenitores. El castigo llegando al “a todo y para siempre” en caso de que las asignaturas suspensas sean más de tres; y el refuerzo o recompensa, es decir, aquello de si apruebas te compro….

Pues bien, para los expertos ninguna de estas opciones es la correcta. Ana Cobos dice: “Los gritos nunca son un buen sistema. No creo que se vaya a animar a un chaval a estudiar a base de tremendas broncas. Con los castigos, el miedo o las recompensas, puede que sí se consiga algo, pero a medio plazo. Es un método que no va a ser lo suficientemente consistente para conseguir que el adolescente estudie durante el resto de su vida académica”. Parece que estamos atados de pies y manos. Pero no.

La psicopedagoga y orientadora opta por una cuarta opción. Quizás más compleja, pero, a largo plazo, más efectiva. Es lo que se llama la motivación intrínseca: hacerles partícipes de la importancia que su formación tiene en su futuro. “Intentar que estudien porque sean conscientes de la importancia que la formación tiene para desarrollar su vida y su futuro. Para ello hay que trabajar mucho con los chicos y chicas su proyecto de vida”. Cobos aconseja ‘jugar’ con ellos a mirar hacia su “yo del futuro”. “Es tan sencillo como preguntarles cómo se ven de mayores y que traten de ilusionarse con esa imagen o idea”. Pero no tanto en qué carrera u oficio se ven trabajando, sino en su proyecto personal, su proyecto de vida.

Es posible que pese a que este sistema sea efectivo, los chavales necesiten algo más de ayuda. No que nos sentemos a estudiar con ellos o que les vigilemos estrechamente. Si no más bien al contrario: enseñarles a valerse por sí mismos, para lo que necesitan determinadas herramientas. Lo cuenta Labanda: “Es frecuente que les falle la organización y la planificación. Todos los días hay que sacar un tiempo para trabajar. Si no lo hacen así y se acostumbran a aprobar con el estudio del día de antes, llega un momento, según avanzan los cursos, en que se estrellan.” Que esto no suceda depende en parte de que tengan una buena higiene de estudio, es decir, que hagan deberes y tareas todos los días, que se organicen con tiempo suficiente para hacerse esquemas y estudiar. Y algo más: “No vale estudiar sentado o tumbado en la cama. Hay que hacerlo en la silla y con la mesa limpia y recogida para que sea más sencillo no distraerse ni perder el tiempo”. No parece tan difícil. Pero quienes tenemos hijos de esas edades, sabemos que sí…

Por eso también es importante que se autoimpongan un horario. Pero no debemos ser los padres quienes lo hagamos, sino ellos mismos. “Sí hay que recalcarles que con su sistema han obtenido un mal resultado, de modo que hay que cambiarlo. Pero es interesante que sean ellos quienes se pongan las metas organizativas. De esa manera podremos decirles que no están cumpliendo con su compromiso”, asegura el psicólogo educativo. Este sistema también sirve para que se responsabilicen de sus actos. Si no, podría parecer que los suspensos son también de los padres.

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