La etapa egocéntrica en los niños: qué es y cómo se desarrolla

Es una fase natural y evolutiva necesaria para el menor, aunque este periodo afecta a su desarrollo en los ámbitos social y afectivo

Dos niños se pelean por un juguete.
Dos niños se pelean por un juguete.josé luis pelaez (Getty)

La etapa egocéntrica en la primera infancia es una etapa natural y evolutiva necesaria para el niño. Este periodo afecta a su desarrollo en los ámbitos social y afectivo. Normalmente, sucede a los dos o tres años e implica un momento en el crecimiento del menor siente que es el centro de todo aquello que le rodea y no consigue desligarse de su visión exclusivista. Además, muestra comportamientos exigentes, también egoístas, entre ellos, rabietas y conductas descontroladas. El egocentrismo en la infancia, concepto usado por el psicólogo Jean Piaget (1896-1980) alude a “la dificultad que tienen los pequeños para situarse en una perspectiva distinta a la suya”. El niño irá descubriendo que existe un “otro” en su día a día, del mismo modo que comenzará a interiorizar situaciones que descubre en su entorno.

Por otro lado, el psicólogo educativo estadounidense Robert L. Selman, de 79 años, especializado en el desarrollo social en niños y adolescentes, estudió esta evolución. Para Selman, alrededor entre los 10 y 12 años, los menores empiezan a comprender que puede haber al mismo tiempo diferentes puntos de vista, los suyos y los de los otros. Durante ese crecimiento, el niño impulsa la empatía, se pone en la piel de los demás y empieza a mirar desde otro prisma que no es el suyo.

Raquel García, psicóloga especialista en desarrollo infantil, asegura que se habla de etapa egocéntrica a partir de los 24 meses: “A los niños suele suponerles un conflicto ciertas dinámicas sociales como el compartir o el juego cooperativo. Esto es así porque el menor quiere posicionarse como el centro y, por este motivo, reivindica su postura egocéntrica ante el entorno”. Y añade que a los adultos puede suponerles un problema comprender esta situación, ya que no es lo esperado, algo que no significa que sea contraproducente para los pequeños.

El acompañamiento de los padres. La generosidad y la autonomía de los niños

Las razones del egocentrismo podrían relacionarse con factores biológicos, psicológicos y sociales. “La visión egocéntrica permite al niño verse como un ser único, capaz de tomar sus propias decisiones y resolver sus propias necesidades. Por tanto, esto está ayudando a su formación del “yo” que le hará ser una persona autónoma en el futuro”, explica García.

En una etapa en la que pueden surgir conductas más rebeldes, los padres pueden gestionarlo desde una perspectiva comprensiva, generosa y paciente. “Conviene que hagamos ver a los niños las consecuencias de sus acciones de un modo positivo y respetuoso. Para evitar frustraciones cuando no quieran hacer algo, podremos anticiparnos a su rabieta o descontrol emocional dándoles opciones y poniéndoles límites para que realicen correctamente la conducta”, prosigue la especialista en desarrollo infantil.

La experta explica que cuando hay que dar una directriz al niño puede adaptarse para que sea mejor aceptada: “Tenemos que bañarnos: ¿prefieres hacerlo con el pulpo o con el barco? Si está teniendo un conflicto con algún otro niño porque no quiere compartir los juguetes, podemos explicarle que tenemos muchas cosas para jugar y que él puede elegir un juguete y su amigo otro diferente”. García sostiene que, si la reacción del niño es el lloro o la frustración, se le puede acompañar desde el cariño y la aceptación, “ofreciéndole ayuda para sacar esa tristeza mediante un abrazo u otro recurso de consuelo”.

“Pese a que algunos investigadores como Felipe Lecannelier, psicólogo experto en desarrollo infantil, argumentan que en la actualidad no se usa el término etapa egocéntrica, siguen existiendo datos que hablan que los niños pequeños pasan por ella”, incide Beatriz Goich Salinas, psicóloga en la primera infancia. Esta experta asevera que desde hace varios años se han estado realizando estudios para derribar mitos en relación con el egocentrismo en etapas iniciales y dando paso a la empatía como una característica que aparecería desde que nacen los bebés y, que, a través del paso de los años, iría tomando más fuerza, especialmente a partir de los cinco años, ya que sería necesaria madurez emocional.

Cuando un recién nacido está con su cuidador más cercano y lo mira, le agarra el dedo, ofrece gestos que denotan el vínculo afectivo. “La generosidad viene implícita en los niños y si los padres fomentan la colaboración, el trato respetuoso y son sensibles a las necesidades de su hijo, genera respuestas basadas en la empatía”, destaca Goich Salinas. La psicóloga infantil aclara que el ser egocéntrico en los niños tiene lugar por el nivel de maduración en el aspecto cerebral, ya que no existe un desarrollo completo y no hay facilidad en la expresión verbal de las emociones. No obstante, “un niño de dos años que ayuda a su madre a poner la mesa, es un gesto de empatía, aunque es básica a esa edad”, informa. “Si desde el nacimiento el bebé vive en un ambiente cálido, sensible, donde los cuidadores estén disponible a sus necesidades, es probable que con el paso de los años vaya adquiriendo más características de empatía y menos de egocentrismo”, expresa Goich Salinas.

Ayudar al niño a expresar sus emociones y mantener una autoestima saludable

La familia ha de trabajar para canalizar rasgos de la etapa egocéntrica, procurando la exposición de conductas positivas. Goich Salinas invita a los padres a:

  1. Cuando se habla al niño de valores relacionados con el buen trato a los demás, necesita muestras, no solo con palabras.
  2. La muestra de caras de emociones ya desde los dos años, para que empiece a reconocer las diferentes expresiones y pueda ir comprendiendo aquello que le sucede a los que están a su alrededor.
  3. La lectura del libro El monstruo de colores, de Ana Llenas, para distinguir también de manera lúdica las emociones e ir trabajándolas en la casa o la escuela.

Rosa Silva, psicóloga, apuesta por mostrar y vincular la etapa del egocentrismo en los niños con la autoestima. Subraya, además, que el secreto para educar en esta habilidad consiste en normalizar esta etapa evolutiva: “No debemos juzgarles, ni a nosotros mismos. No hay una fórmula para cultivar la autoestima, pero es importante conocerse y comprender que cada uno es único. Como padres ha de hacerse un trabajo de acompañamiento”.

En la sociedad actual, se premia en mayor grado el éxito y los logros, que el esfuerzo en sí, más con el auge de las redes sociales. “Cuando el niño tiene comportamientos propios de la etapa egocéntrica, como una rabieta, los adultos podemos sentirnos abrumados. Sin embargo, no hay que desesperar, se puede salir de ese bucle sin perder la dignidad”, refiere Silva. Además, la experta sugiere a las familias que se aseguren de mantener una autoestima saludable, algo que será muy positivo para el desarrollo del menor:

  • Conviene familiarizarse con una gestión emocional que en momentos de tensión nos permita acompañar al niño con amor, sin preocuparnos por lo que los demás estén pensando de la escena, ya que frecuentemente se juzga por todo en crianza y eso aporta inseguridad.
  • Es mejor evitar las comparaciones (“ese niño se comporta mejor que tú”), las humillaciones (“qué feo te pones cuando lloras”) o las etiquetas (“eres muy cabezota”), si no quieres mermar la autoestima del pequeño. Pese a sentirse desbordado, algo que, por supuesto puede suceder, lo recomendable es alejarse momentáneamente del conflicto cuando sea posible, respirar hondo y atender la situación del niño cuando uno esté más relajado.

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