Seis motivos a favor y seis en contra de ir al museo con tus hijos
¿Experimentar arte en persona o evitar el aburrimiento a los niños? Razones para motivar a la familia a un plan cultural o, por el contrario, descartar que ir a una exhibición sea una opción


Hay momentos en la vida de la gente con inquietud cultural donde visitar museos es un planazo. Pero también hay momentos en que las cosas se complican. Cada vez que voy ahora a una exposición, veo que la mitad del público son universitarias (alguna con el típico novio mansplainero que le explica la exhibición, como si ella no supiera leer los paneles que acompañan a cada obra), y después parejas de más de 50 años o grupos de amigas jubiladas. Lo que veo poco son padres con hijos, y yo los voy buscando siempre para ver si sus críos se portan peor que los míos y así pasar nosotros más disimulados y mejor recibidos en comparación.
Es cierto que desde que tenemos hijos el ratio de exposiciones visitadas con mi mujer ha bajado en picado, pero intentamos mantener una media anual que no sea irrisoria, no por estadística, sino porque es algo que nos sigue interesando. Eso sí, algunas veces vamos sin niños para podernos enterar de algo.
Por lo tanto, aquí tienes una reflexión sobre los motivos a favor y en contra de visitar museos con niños. Te puede ayudar a motivar a tu familia para salir los fines de semana o a tener la excusa para quedaros en casa y evitar el berrinche con más público.
Por qué hay que fomentar los museos a cualquier edad
- Si puede ser, el arte hay que verlo y experimentarlo en persona, no a través de una pantalla o de un libro de texto. Imagínate estudiar el Guernica o Las meninas en el cole o tenerlos delante de ti a tamaño real. Regálales esa sensación única a tus hijos.
- Por mucho que nuestro imaginario sea el de una sala silenciosa con bodegones y cuadros religiosos, hay infinidad de exposiciones con elementos atractivos para los más pequeños. Además, cada vez más museos hacen un mayor esfuerzo para acercar sus exposiciones a los niños, con zonas interactivas, visitas guiadas adaptadas a su edad… En este sentido, los CaixaForum repartidos por España se lo trabajan con nota.
- Que el dinero no te condicione. Muchos museos tienen días gratis o descuentos con multitud de carnets. Si crees que habrá drama familiar por el contenido de la exposición, procura ir un día en el que no te gastes tanto.
- Cualquier exposición ahora te la enseñan en su propia web o en cientos de reels comentados de Instagram. Así que nunca irás a ciegas y puedes hacerte una idea desde casa de si eso les va a gustar a tus hijos. Por supuesto, si se lo enseñas y les preguntas su opinión, evidentemente te dirán que eso es un rollo y no quieren ir y habrás matado el factor sorpresa.
- No hay una edad concreta para disfrutar de un museo… o para comportarse. Maleducados los hay de todas las edades y tamaños, como los que te pasan por delante cuando estás contemplando un cuadro. Si crees que tus hijos están preparados para apreciar la experiencia, llévalos ya.
- A los museos hay que acostumbrarse poco a poco para poderlos saborear con toda su intensidad o, por lo menos, para entender su funcionamiento. Es muy difícil que a tus hijos les acabe interesando algo que tú nunca promueves ni les enseñas. Además, las normas de civismo o la paciencia contemplativa también hay que entrenarlas; no se instalan de golpe pinchando en un enlace.

Mejor que vayan de mayores
- El miedo a que lo toquen todo (en especial, algo muy antiguo y muy caro) o, peor, que lo estropeen o lo rompan, te amargará la visita.
- Los niños se van a aburrir mucho. Una cosa es la sensación de orgullo intelectual que desprendes cuando piensas que vas a un museo, y la otra es la realidad palpable que te encuentras en la sala. No digo que las exposiciones tengan que ser un parque de atracciones, pero hay muchas que son aburridas, densas, poco vistosas y muy frías. Si los adultos con inquietudes ya experimentamos a veces esa sensación, ¿cómo no se van a aburrir los niños?
- Con niños son más entradas para pagar. Hay mucha gente que no regatea el precio de una bebida en un bar, pero en cambio tiene un trauma cuando debe pagar por cualquier cosa cultural. Cierto es que la entrada de los menores siempre es más barata, pero a veces cruje igual y total… si se van a poner a protestar y tendrás que salir rápido, quizá no vale la pena…
- En vez de fijarse en la exposición, los otros visitantes solo tendrán ojos para las rabietas de tus hijos y para juzgar lo mal padre que eres, lanzándote constantes miradas de reprobación.
- Si aprovechas que los niños son pequeños y los llevas en el carrito, descubrirás lo poco adaptados que están algunos museos o el recorrido laberíntico que deberás hacer para encontrar los ascensores.
- La razón de más peso, al final, es que, a poco que estés pendiente de los niños o se porten medio mal o te metan prisa, no disfrutarás casi nada de la exposición y te enterarás de la mitad.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































