Así aprenden los bebés

Los expertos aseguran que los más pequeños desarrollan estrategias que les permiten aprender mucho y con rapidez

Un bebé sonriente.
Un bebé sonriente.Unsplash

Imaginen un grupo de bebés, de ocho o diez meses, jugando con los juguetes que se encuentran esparcidos por el suelo en el interior de una sala. Siempre en contante movimiento, cada uno de ellos abandona el último objeto que tiene en sus manos, para disfrutar de otro. Una persona pasea delante de ellos y coloca una pieza desconocida, sin que se den cuenta. Comprobarán que cualquiera de esos niños y niñas, cuando levante la cabeza, percibirá que ese elemento no estaba antes allí, e inmediatamente abandonará el juguete que tenía entre las manos para dirigirse hacia su nuevo descubrimiento. Este comportamiento está asociado con el hecho de que el bebé adapta su atención para maximizar su aprendizaje. Y esta es una de las conclusiones a la que ha llegado el artículo de investigación Infants tailor their attention to maximize learning, publicado recientemente en Science Advances.

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Los expertos aseguran que los bebés desarrollan estrategias de aprendizaje que les permiten aprender mucho y con rapidez. Chema Lázaro, docente del Máster en Neuropsicología y Educación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), señala que, aunque hoy en día se sabe poco sobre a las maniobras que los bebés ponen en marcha para adquirir esos aprendizajes, “sí manejamos las posibles razones por las que lo hacen y que están muy encaminadas a encontrar respuesta al desafío del estímulo”. Chema Lázaro dice que “hay que tener en cuenta que cuando hablamos del cerebro nos movemos en el campo de las posibilidades plausibles. Las investigaciones nos están permitiendo elaborar teorías sobre su funcionamiento, pero cuanto más sabemos del cerebro más conscientes somos de todo lo que nos queda por saber. Es un campo de investigación que se amplía con cada paso que damos”. Teniendo esto en cuenta, continúa este experto en neuropsicología, “hoy en día sabemos que el aprendizaje está muy relacionado con conceptos como la atención, la motivación y la obtención de recompensas. Lo novedoso capta la atención del individuo, como respuesta innata ante estímulos que pueden resultar peligrosos. Como para los bebés el mundo es un lugar donde todo está por conocer, cualquier estímulo es una nueva oportunidad para probarlo y probarse a sí mismo”. Por eso, señala Chema Lázaro, “reconocer un estímulo y poder establecer un patrón para predecir su comportamiento (lo que vendría a ampliar el campo de conocimiento) es una recompensa en sí mismo para el cerebro. Pero para que se mantenga la curiosidad y la motivación para aprender, ese conocimiento tendría que aportar más beneficios relacionados con la satisfacción de las necesidades del individuo, que en esta etapa son muy básicas”.

En opinión de David Bueno, director de la Càtedra de Neuroeducació UB-EDU1ST - Chair of Neuroeducation UB-EDU1ST. Secció de Genètica Biomèdica, Evolutiva i del Desenvolupament. Departament de Genètica, Microbiologia i Estadística, la principal pericia de los bebés para aprender es que lo hacen solos. Según este experto en Neuroeducación, “aprender para la especie humana es simple instinto, no podemos evitar aprender. Los bebés no pueden evitar aprender. Los adultos tal vez conseguimos evitar aprender algunas cosas, porque ya somos capaces de gestionarnos, pero los bebés aprenden sin proponérselo y aprenden utilizando estrategias que, hasta hace poco, se pensaba eran cosas sofisticadas propias del mundo de los adultos como, por ejemplo, los razonamientos filosóficos”. David Bueno explica que “antes de hablar, durante la etapa preverbal, los bebés ya utilizan razonamientos filosóficos para adquirir conocimientos de su entorno idénticos al método científico descrito por Descartes y que usan los científicos hoy en día”.

Laura Jiménez Ortega, profesora del departamento de Psicobiología de la UCM e investigadora en el Instituto de Salud Carlos III (Centro mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humano), coincide en que "los bebés se comportan como “pequeños científicos” que construyen un modelo a partir de las regularidades del ambiente que comprueban y actualizan de forma constante, dependiendo del entorno percibido". Esta profesora del departamento de Psicobiología de la UCM sostiene que “en la base del aprendizaje del ser humano, a lo largo de su vida, estaría la plasticidad cerebral, es decir, los cambios en las conexiones neuronales de nuestro cerebro. En el caso de la población infantil es mucho mayor, lo que hace que el aprendizaje sea más rápido”. Además, agrega Jiménez Ortega, “la cantidad de información que le llega a un bebe es enorme y la capacidad de procesamiento limitada, lo que le obliga a hacer una selección previa de la información a aprender”.

En ese proceso de aprendizaje, los bebés participan en un proceso de actualización incesante para perfeccionar constantemente su modelo del entorno. El profesor de la UNIR confirma que es así porque, “entre los primeros años de vida y los seis años se produce la neurogénesis, el nacimiento de nuevas neuronas, y sobre todo la sinaptogénesis, es decir, la construcción de conexiones entre esas neuronas. Esto lo que permite es esa actualización constante, además de encontrarse en una etapa del neurodesarrollo donde está todo por hacer: se están construyendo todas las conexiones asociadas a las gnosias y las praxias. De ahí, la necesidad constante de estar expuesto a estímulos que le supongan un aprendizaje, bien por su novedad (y por tanto para ir incorporándolo a sus nuevas redes de aprendizaje) o bien porque el nuevo estímulo le supone una actualización del anterior y seguir iterando los aprendizajes previos”. Chema Lázaro considera que, a esta idea anterior, se podrían sumar momentos predeterminados del neurodesarrollo en los que es más proclive que se den ciertos aprendizajes. “Esto estaría en consonancia con presentarle al bebé estímulos acordes a las necesidades que tiene, huyendo de la hiperestimulación, porque más no es siempre mejor. Esa actualización constante se favorecerá cuando presentamos los estímulos adecuados, con las intensidades adecuadas; de esta manera, no generaremos ruido cognitivo”, explica el docente de la UNIR.

David Bueno asegura que el bebé “adquiere internamente un modelo del entorno, especialmente del entorno social, aunque también del espacio físico, pero sobre todo del primero, para saber cómo debe relacionarse el resto de su vida con este entorno”. De hecho, continúa este experto, “estos aprendizajes son los más importantes, los que más influyen en cómo se va a comportar, cómo se va a percibir a sí misma la persona durante el resto de su vida”.

El cerebro es esencialmente un motor de predicción. Predecir nos hace anticipar, nos permite generar respuestas a esas preguntas que nos planteamos sobre los estímulos que percibimos y a su vez nos ayuda a seguir avanzando. Esta idea nos acerca a la relación de los aprendizajes con el entorno y a su importancia en el desarrollo del cerebro de los bebés. Sobre esta circunstancia, Chema Lázaro asegura que, “en entornos excesivamente empobrecidos, las oportunidades que tiene el bebé de hacer predicciones y por tanto acercarse y construir nuevos aprendizajes estarán más limitadas; hablamos de una hipoestimulación. Por el contrario, si el estímulo sobrepasa la capacidad de la predicción, la atención se dirigirá a otros estímulos donde sí sea capaz de gestionarlos; hablamos de entornos hiperestimulados”. Ante esta idea, expuesta por este docente de la UNIR, ¿cómo se conseguiría favorecer los entornos de aprendizaje? En su opinión, “las cosas sencillas a veces son las mejores. En términos de aprendizaje, ajustar la complejidad del desafío a la capacidad de dar respuesta al mismo será clave en el éxito del aprendizaje. El desafío ajustado nos mueve de manera intrínseca, mientras que la recompensa por conseguirlo, intrínseca o extrínseca, nos mantiene y empuja en esa predicción constante de la que hablamos”.

Y en este instinto por aprender, la curiosidad es una de las principales motivaciones internas que tiene el ser humano. En los bebés, concluye David Bueno, “como nacen vírgenes, sin condicionantes educativos, la curiosidad en ellos es inmensa, es instintiva; cualquier cosa nueva les sorprende”.

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