Elecciones en EE UU

Biden pelea por el último voto indeciso en Pensilvania

Trump ganó por la mínima en 2016 en uno de los Estados más relevantes para decantar la victoria en la presidencia

El candidato presidencial demócrata de EE UU, Joe Biden, junto a Lady Gaga en Pittsburgh, Pensilvania. En vídeo, la actuación de la cantante en el mitin.KEVIN LAMARQUE / REUTERS

Aunque las encuestas insisten en proclamar su probable victoria, Joe Biden echó este lunes el resto en el último día de la campaña, a menos de 24 horas de una votación que decidirá si el antiguo vicepresidente de Barack Obama ocupa, al tercer intento, el Despacho Oval de la Casa Blanca. En una jornada maratoniana, con cuatro actos programados, tres de ellos en Pensilvania —incluido el fin de fiesta en Pittsburgh con el reclamo de Lady Gaga como invitada—, el candidato demócrata intentó arañar hasta el último voto en un Estado clave del cinturón industrial del norte de EE UU, donde su antagonista, Donald Trump, aún se reserva el beneficio de la duda de una remontada. De entre los territorios más disputados, Pensilvania es uno de los Estados que mayor número de votos (20) concede. Y en 2016 se rindió por la mínima a Trump.

Tras una campaña al ralentí, forzada por las medidas de seguridad de la pandemia, y previa parada en Cleveland (Ohio), Biden recorrió este lunes los confines de Pensilvania, prodigándose en encuentros con distintos colectivos representativos del tejido económico y social del Estado. Por la mañana se reunió con líderes sindicales, en un Estado industrial venido a menos por el impacto primero de la crisis económica y, ahora, de la covid-19; más tarde, con representantes de la comunidad afroamericana, mientras su esposa, Jill Biden, tradicionalmente ajena a la actividad pública de su marido, visitaba una zona rural y se reunía luego con un grupo de las mujeres llamadas en inglés “suburbanas”: blancas que viven en los barrios residenciales de las ciudades, un nicho de votos especialmente mimado por ambos candidatos en esta convocatoria y que en 2016 favoreció claramente al republicano. Mientras tanto, la candidata demócrata a la vicepresidencia, Kamala Harris, recurría también a su esposo, Doug Emhoff, en los actos finales de la campaña, en Filadelfia, también en Pensilvania. Tras el cierre de campaña en Pittsburgh, Biden tenía previsto regresar a su casa en Wilmington (Delaware) para pasar la noche electoral y dirigirse a la nación desde el mismo centro de convenciones de la localidad donde aceptó ser candidato en agosto.

El candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden, reacciona durante un acto posterior al "caucus" de Nevada, en Las Vegas, Estados Unidos, el 22 de febrero de 2020. En vídeo, el perfil de Biden.EUGENE GARCÍA | EFE (VÍDEO: V. FIGUEROA)

Alta participación

La ventaja de la que goza Biden en los sondeos estriba, en parte, en la participación de votantes que en 2016 se quedaron en casa y que este año han acudido a las urnas en masa, formando largas colas ante los colegios como las que este lunes aún podían verse en el centro de Pittsburgh, una vez que el plazo para votar anticipadamente se prolongase por la afluencia de público. Por eso Biden insistió de nuevo en la importancia de cada sufragio. “Cada voto cuenta”, dijo el candidato demócrata, recordando que Trump ganó en Pensilvania en 2016 por solo 44.000 votos de ventaja sobre Hillary Clinton. “El poder de cambiar este país está literalmente en sus manos, votar es la única manera de conseguir un mundo mejor para nuestros hijos”, subrayó el domingo en Filadelfia. “Pensilvania es clave”, remachó.

Pero el hecho de que el presidente Trump también se dejara caer por el Estado, el mismo día, pugnando por los mismos votos que pueden darle la victoria a Biden —la ventaja de este sobre el republicano es del 49,8% frente al 45,5% en el Estado—, no dio tregua a Biden, máxime en un Estado industrial que ve con desconfianza sus planes sobre el fracking, la fracturación hidráulica para extraer gas de esquisto, o las medidas sociales de su campaña, como el aumento de la hora de trabajo a 15 dólares (casi 13 euros). “Quiere prohibir el fracking, Biden le va a costar a Pensilvania 600.000 empleos”, repetía machacón un anuncio de la campaña de Trump en la televisión local de Pittsburgh. En efecto, en este Estado verde y boscoso, donde el paisaje es una sucesión de fábricas, chimeneas, hangares, taludes y silos gigantescos, con una actividad frenética en las carreteras, Biden necesitaba garantizar a los obreros —de ahí la reunión con los representantes sindicales— que ninguna de sus propuestas les perjudica como quiere hacer creer Trump. El mandatario llegó a tuitear que Lady Gaga, el icono pop que tenía previsto poner el broche final a la campaña demócrata, es miembro de una plataforma partidaria de prohibir el fracking.

Como argumento a su favor, el candidato demócrata recordó el intento del presidente de destruir lo que queda del Obamacare, un legado que pretende recuperar si llega a la Casa Blanca. “Trump y los republicanos, mediante un nombramiento al Tribunal Supremo [el de la juez Amy Coney Barrett] quieren acabar con el programa. Si lo consiguen, un millón de habitantes de Pensilvania perderán su cobertura sanitaria, así como 100 millones de estadounidenses con enfermedades previas, entre ellos cinco millones aquí en Pensilvania. Trump piensa que la salud es un privilegio, yo creo que es un derecho, y no solo restauraré el Obamacare, sino que edificaré sobre él”. Toda una amenaza para las numerosas clínicas privadas que jalonan el recorrido entre una fábrica y otra a las afueras de Pittsburgh.

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