Rutte plantea un papel para la OTAN en Ormuz con el fin de aplacar a Trump
El secretario general de la Alianza está embarcado en una nueva ofensiva para calmar al republicano en sus embates contra la organización
Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, conocido últimamente como el “susurrador” de Donald Trump en la Alianza, se ha embarcado en otra ofensiva para apaciguar al estadounidense en su enésimo embate contra la organización militar. En un acto en el Instituto Ronald Reagan de Washington, Rutte —uno de los líderes que mejor conexión ha logrado establecer con el imprevisible republicano—, ha abierto este jueves la puerta a la participación de la OTAN en un plan para garantizar el flujo comercial en el estrecho de Ormuz, una rama de olivo para el inquilino de la Casa Blanca, indignado por lo que percibe como falta de ayuda generalizada de los aliados en la ofensiva contra Irán, y como obstrucción en toda la regla por parte de los que, como España, han vetado el uso de su espacio aéreo o sus bases militares para el conflicto.
“Si la OTAN puede ayudar, evidentemente no hay ninguna razón para no ofrecernos”, ha sostenido Rutte, en una declaración que busca neutralizar la indignación del republicano por lo que considera falta de ayuda de los aliados en esa guerra, y que Trump abandone sus recurrentes amenazas de abandonar la Alianza o disminuir drásticamente el papel de Estados Unidos como líder.
Rutte se reunió con Trump este miércoles en la Casa Blanca para tratar de calmar las aguas después de los muy públicos exabruptos del republicano contra la Alianza. El encuentro, según la propia versión del ex primer ministro holandés, tuvo carácter “abierto” y “franco”, un adjetivo que en lenguaje diplomático se emplea para describir un desacuerdo acalorado.
El secretario general informó este jueves a algunos aliados de que, en esa reunión en la Casa Blanca, Trump le indicó que busca compromisos concretos (incluido un listado de fuerzas y capacidades militares preparadas para desplegarse) de los aliados europeos de la OTAN para garantizar el tránsito en el estrecho de Ormuz tras el alto el fuego alcanzado el martes, según explica una fuente de la Alianza. El magnate republicano quiere que se le presente un plan específico en los próximos días, según una información adelantada por Bloomberg.
“No podemos aceptar que el estrecho esté cerrado. Tiene que abrirse. Y cuando se abra, tenemos que mantenerlo abierto. Esto va de libertad de navegación, del Derecho Marítimo, el libre comercio”, ha defendido Rutte. Y ha apuntado a las varias iniciativas con las que se trabaja en Europa para formar coaliciones una vez callen las bombas y permitir el flujo comercial a través de ese cuello de botella por el que pasa un tercio de los fertilizantes y el helio (un elemento fundamental para la fabricación de semiconductores), y un 20% del petróleo y el gas mundiales.
Entre las iniciativas a las que alude el mandatario se encuentra la que lidera el Reino Unido, que reúne a unos 40 países, no solo europeos, también del Golfo, Japón o Canadá. O la que propuso Francia hace unas semanas. La Unión Europea también se ha mostrado abierta a colaborar con dos de sus misiones si se llega a un alto el fuego duradero. Sin embargo, con una tregua débil que pende de un hilo por los ataques de Israel a Líbano, los europeos quieren garantías primero de que se darán las condiciones para lanzar allí una misión.
“Vamos paso a paso”, ha indicado, sobre la posibilidad de que la OTAN participe de algún modo en el estrecho de Ormuz. “En la Alianza, para eso hace falta un acuerdo entre todos los aliados para dar ese paso. En este caso, la estructura precisa es menos importante que la velocidad. Pero si la OTAN puede desempeñar un papel, sería estupendo”, ha añadido.
Balance de daños
Con su sonrisa indeleble y sus piropos incesantes al magnate republicano, el viaje a EE UU del ex primer ministro holandés (según la OTAN, ya programado hace tiempo) parece hábilmente diseñado para hacer balance de daños en la Alianza y poner unos cuantos parches a las grietas creadas por las críticas incesantes de Trump a una organización basada en la disuasión y que funciona desde la confianza en que sus miembros se defenderán unos a otros. Algo que Trump parece poner constantemente en duda. “La OTAN no está muerta”, ha dicho Rutte en su discurso en el Instituto Reagan de Washington.
El lugar para esas palabras no era, ni mucho menos, una casualidad. El fallecido presidente republicano no solo es uno de los ídolos políticos de Trump, que tiene un retrato suyo en el Despacho Oval; Ronald Reagan también fue un defensor acérrimo de la alianza transatlántica.

Entre adulación y adulación a Trump y su liderazgo, el holandés ha defendido tímidamente a los aliados europeos un día después de reunirse en la Casa Blanca con un Trump muy enfadado por lo que considera un desaire de sus socios en la organización. En su intervención, el secretario general ha repetido lo que explicó el miércoles a Trump: que los miembros europeos, “casi sin excepción”, “hacen todo lo que Estados Unidos pide” en la guerra contra Irán.
Este jueves, el presidente estadounidense, que hace unos días volvió a amenazar con sacar a su país de la organización que lidera, ha asegurado que ningún aliado de la OTAN entiende nada “a menos que se le presione”.
Mientras Rutte trata de persuadir al republicano, Washington se plantea un plan para castigar a países miembros de la OTAN de los que considera que no ayudaron a Estados Unidos e Israel en la guerra. La propuesta, revelada por el periódico The Wall Street Journal, prevé sacar a soldados estadounidenses del territorio de esos países díscolos y desplegarlos en otras naciones consideradas más favorables a las políticas de Washington.
El plan, según el periódico, también podría incluir el cierre de al menos una base militar en Europa, en uno de los países que la Administración de Trump considera poco amistosos. Posiblemente, España o Alemania, agrega este medio.
La guerra de Irán y la oposición cada vez más clara de los aliados europeos de Trump (incluso de algunos de sus más cercanos y con los que más sintonía tiene, como Italia) está siendo una prueba de fuego para la Alianza Atlántica, una organización que el magnate republicano desprecia. Pese a las amenazas, hay distintas salvaguardas que dificultan que Trump saque a EE UU de la OTAN de manera unilateral y que reduzca al mínimo su contingente en Europa. Sin embargo, recuerda una veterana diplomática europea, el estadounidense puede torpedearla desde dentro. “Y desde luego, parece que eso es lo que está haciendo. Vladímir Putin puede estar frotándose las manos al ver que la capacidad de disuasión de la OTAN es cada vez menor por la pérdida de confianza en su principal aliado, EE UU”, señala la diplomática, que habla bajo condición de anonimato.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































