Israel endurece el tono con Siria y apunta a un conflicto bélico
Una reciente incursión militar israelí en una aldea aumenta la tensión tras meses de negociación. “La Damasco de 2025 es la Gaza de 2008”, avisa un ministro de Netanyahu


Israel ha pasado en un año de visualizar la entrada de Siria en los Acuerdos de Abraham (es decir, el reconocimiento del Estado israelí por parte de un vecino con el que ha combatido en tres guerras desde que nació en 1948) a incrementar las amenazas y hasta dar por inevitable un nuevo conflicto bélico.
El Gobierno de Benjamín Netanyahu ya venía cambiando el tono y añadiendo demandas al pacto de seguridad que negocia con Damasco desde hace meses y que ha llegado a un punto muerto, dos meses después de que el enviado de EE UU para Siria, Tom Barrack, lo viese muy cerca. Pero la reciente incursión militar en una aldea siria, convertida en baño de sangre, ha avinagrado aún más las relaciones y aumentado el pesimismo.
El viernes, en Beit Yinn, una aldea entre la capital y la zona de Siria que Israel ocupa desde hace un año, tropas israelíes penetraron para efectuar tres arrestos. En un episodio poco común, jóvenes locales sorprendieron a los soldados abriendo fuego. Seis militares resultaron heridos (tres de gravedad), mientras que Israel mató a 13 personas, entre ellos dos niños, en los bombardeos posteriores. Fue uno de los incidentes más graves desde la caída del régimen de Bachar El Asad hace un año. Damasco lo llamó un “crimen de guerra”.
El ministro israelí de Diáspora y Lucha contra el antisemitismo, Amijai Chikli, no está entre los que deciden en Israel asuntos estratégicos clave, pero suele decir lo que otros solo piensan. Este domingo ha añadido leña al fuego con un mensaje en sus redes sociales en el que define la emboscada en Beit Yinn como “el comienzo de una nueva era”, porque nunca los militares israelíes se habían topado en una de sus —habituales— incursiones en Siria con “una resistencia organizada de tal escala”.
Su conclusión: “La Damasco de 2025 es la Gaza de 2008 [año de la ofensiva Plomo Fundido], pero en un terreno mucho más difícil”, e Israel tiene como vecino “un nuevo Estado enemigo, con un ejército, una economía y alianzas estratégicas”, lo que obliga a las Fuerzas Armadas y de seguridad a “prepararse adecuadamente”.
“La conquista del [monte] Hermón [del lado] sirio y la zona de amortiguación [la nueva franja ocupada en 2024] fue un paso vital, pero es necesario comprender que es muy probable que el frente sirio se convierta en una importante zona de guerra”, ha agregado Chikli.
Ya antes del incidente letal en Beit Yinn, el ministro de Defensa, Israel Katz, se había mostrado particularmente pesimista en una reunión a puerta cerrada del comité parlamentario de Asuntos Exteriores y de Defensa, el jueves, según la radio pública. Aseguró que su país “no está en el camino” de un acuerdo de paz o de seguridad con Damasco y que, de hecho, se prepara ya para la posibilidad de que soldados o milicianos ataquen a la minoría drusa, cuya defensa ha tomado como bandera para justificar sus intervenciones.
El ministro dio cuenta incluso de una posible incursión terrestre contra los Altos del Golán, bajo control israelí, por parte de grupos armados, entre los que mencionó a los hutíes de Yemen. Nunca antes Israel o las agencias de inteligencia de otros países los habían ubicado en Siria.
El primer ministro, Benjamín Netanyahu, guarda silencio desde el incidente. Teme, por un lado, generar una escalada con Turquía (apoyo clave de las nuevas autoridades sirias y con cuyo presidente, Recep Tayyip Erdogan, se entiende bien Donald Trump) y, por otro, molestar al presidente estadounidense, según el diario Yediot Aharonot.
Trump hizo historia este mes, al recibir a Ahmed al Sharaa, el nuevo presidente de Siria. Era el primer jefe de Estado de la historia de Siria en pisar la Casa Blanca. Estados Unidos llegó a ofrecer por él diez millones de dólares (nueve millones de euros) porque, años antes de derrocar a El Asad hace un año y recuperar su nombre real, integró la rama local de Al Qaeda, con Al Julani como nombre de guerra.
No obstante, el pasado día 17 y cuando tenía una vista judicial por uno de sus casos de corrupción —por los que este domingo ha pedido el indulto presidencial—, Netanyahu eligió desplazarse hasta la parte de Siria bajo control militar israelí para alimentar los tambores de guerra. “Otorgamos una enorme importancia a nuestra capacidad aquí, tanto defensiva como ofensiva, para proteger a nuestros aliados drusos y, en especial, al Estado de Israel y su frontera norte frente a los Altos del Golán. Esta misión puede cambiar en cualquier momento, pero contamos con ustedes”, señaló.
El Ejecutivo de Netanyahu ha lanzado a Al Sharaa mensajes contradictorios. Por un lado, lo ha llamado al diálogo, sugiriendo incluso la inminencia del establecimiento de lazos diplomáticos. Por otro, ocupa más territorio sirio (ya lo hace con los Altos del Golán desde la Guerra de los Seis Días de 1967), decide a bombardeos los límites del despliegue del ejército nacional y lo ha llamado “yihadista vestido de traje”. Además, ha modulado su discurso: de presentar a las milicias islamistas como principal amenaza a poner el foco en las nuevas autoridades.
Israel no solo aprovechó la confusión del fin de la guerra para ganar más territorio a Siria, sino también para destrozar casi enteras las capacidades estratégicas de sus Fuerzas Armadas, en una oleada de bombardeos con escasos precedentes en Oriente Próximo fuera de tiempos de conflicto bélico.
Ha levantado una barrera y establecido ocho posiciones militares, sobre todo en la zona desmilitarizada. También viene efectuando incursiones terrestres en las provincias fronterizas e incluso en las afueras de Damasco. Y amenaza con bombardear cualquier despliegue del ejército sirio al sur de capital.
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