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La Cámara de Representantes de EE UU se prepara para votar sin una salida clara a la crisis republicana

El ultraconservador Jim Jordan trabaja contrarreloj para lograr los 217 votos necesarios para acceder a la presidencia del Congreso. Crecen las voces que reclaman un candidato con apoyo bipartidista

Iker Seisdedos
Jim Jordan
Jim Jordan atiende a la prensa, el viernes 13 de octubre, en el Capitolio.ELIZABETH FRANTZ (REUTERS)

A punto de cumplirse dos semanas de histórico vacío de poder, la Cámara de Representantes planea votar este martes para sustituir a su presidente, el speaker Kevin McCarthy, desalojado por una moción de censura de promovida por Matt Gaetz, uno de los suyos. La convocatoria no garantiza a estas alturas una salida a la crisis institucional sin precedentes. El candidato escogido por el Partido Republicano, con una escueta mayoría en la Cámara baja, es Jim Jordan, trumpista de Ohio, cuyo perfil, situado a la extrema derecha de la formación, no le hará fácil conseguir los apoyos que necesita: 217 síes.

Jordan salió elegido por los suyos a la segunda intentona. En una primera votación, prefirieron antes que a él al congresista de Lusiana Steve Scalise. Este acabó tirando la toalla el jueves por la noche, cuando le quedó claro que no sería capaz de aunar las suficientes voluntades para su elección en el pleno, en el que los demócratas planean votar en contra, sea cual sea el candidato. Jordan se enfrentó entonces a un aspirante de última hora: Austin Scott (Georgia). Con él sí pudo en una votación secreta celebrada el viernes, que arrojó un resultado a su favor de 124 contra 81. Después se supo que 152 correligionarios lo apoyarían llegado el momento del voto en la Cámara.

Desde entonces, Jordan ha trabajado sin descanso para conseguir los 65 apoyos que le faltan, y por el camino ha conseguido convencer a algunos de los que habían anunciado que se oponían a su candidatura. La idea del partido había sido hasta ahora no forzar una votación en el pleno si no tenían claro el triunfo. La intención era ahorrarse el bochorno que los conservadores pasaron el pasado mes de enero, cuando hicieron falta 15 votaciones antes de que McCarthy acabara empuñando el mazo de speaker. A cambio, este tuvo que adquirir una serie de compromisos con el ala más dura, entre ellos, aceptar que un solo representante pudiera promover una moción para despedirle. Nueve meses después, resultó ser Gaetz, uno de los díscolos, el que dio el paso, en protesta por el hecho de que McCarthy pactara con los demócratas una prórroga de 45 días para encontrar una salida al inminente a la suspensión parcial de la financiación de la Administración. Contó con la ayuda de siete congresistas republicanos y 208 demócratas.

Asistencia militar a Israel

El plazo para el cierre del Gobierno, fijado para el 17 de noviembre, está cada vez más cerca y los legisladores ya llevan perdidas dos preciosas semanas para avanzar en los pactos para evitarlo. La situación de parálisis legislativa también está impidiendo tomar medidas de asistencia militar a Israel, en la guerra que lo enfrenta con Hamás. La ayuda a Ucrania también está congelada.

Jordan escribió este lunes una carta a sus compañeros de filas en la que les decía: “El papel de speaker es unir a todos los republicanos. Eso es lo que pretendo hacer”. En ella, hacía también referencia a las “cinco familias”, que es como se conoce a los principales grupos ideológicos en los que se divide el partido en la Cámara de Representantes. El aspirante estuvo en 2015 involucrado en la fundación de uno de ellos: el Caucus de la Libertad, que representa al grupo de los ultraconservadores. Jordan es la opción más trumpista.

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El informe final del comité bipartidista que investigó durante 18 meses el ataque al Capitolio, concluyó que el congresista de Ohio ayudó decididamente en los intentos de Donald Trump de revertir el resultado electoral de noviembre de 2020. Casi tres años después, el expresidente, que se enfrenta a dos juicios por aquellos hechos, aún sostiene sin pruebas que Joe Biden le robó en las urnas.

La vicepresidenta de esa comisión, la republicana Liz Cheney, congresista por Wyoming hasta las elecciones de noviembre pasado, ha sonado estos días en Washington como posible candidata de consenso para desatascar la crisis de liderazgo si Jordan no consigue salir adelante: tendría, según los que apoyan esa teoría un tanto voluntarista, el apoyo de los demócratas, así que solo habría que convencer a un puñado de republicanos moderados. A los representantes de los condados más disputados ―esos que a veces votan a un partido y otras, al contrario― no les conviene la figura de un speaker radical, que polarice al electorado con vistas a la cita con las urnas del año que viene, en la que se renuevan los 435 escaños de la Cámara baja.

Algunos republicanos hablan desde el viernes de la posibilidad de una alianza centrista. “El bipartidismo no es un pecado”, dijo ese día la congresista de Florida María Elvira Salazar. Y el líder de la minoría demócrata, Hakeem Jeffries (Nueva York) admitió el domingo que se estaba produciendo “discusiones informales” entre miembros de ambos bandos para ver la manera de salir del atolladero que ha sumido al Capitolio en el caos.

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Sobre la firma

Iker Seisdedos
Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.
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