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La renuncia de Scalise, candidato republicano a presidir la Cámara de Representantes, sume al partido en el caos

El representante por Luisiana desiste de su empeño ante la falta de apoyos. Una nueva votación proclama ahora aspirante a Jim Jordan

Steve Scalise anuncia a la prensa que desiste de aspirar al puesto de presidente de la Cámara de Representantes, el jueves en Washington.
Steve Scalise anuncia a la prensa que desiste de aspirar al puesto de presidente de la Cámara de Representantes, el jueves en Washington.José Luis Magana (AP)

El Partido Republicano ―y con él, la Cámara de Representantes de Estados Unidos y el país mismo― se hizo este jueves por la noche un poco más ingobernable con la renuncia del congresista por Luisiana Steve Scalise en su carrera para convertirse en speaker, puesto en el que aspiraba a suceder a Kevin McCarthy, destituido deshonrosamente la semana pasada mediante la moción de Matt Gaetz, uno de los suyos.

Scalise había vencido el miércoles en una votación interna del partido a Jim Jordan (Ohio) por un margen (113-99) que al final se demostró escaso. A partir de entonces, el congresista trató de convencer entre bambalinas a sus correligionarios de que lo apoyasen antes de convocar una votación en el pleno, en la que contaba con el pronunciamiento en contra de los demócratas. Necesitaba 217 síes entre los 222 escaños con los que cuenta la formación conservadora en la Cámara baja. Finalmente, todo indica que desde la impotencia, Scalise renunció a su candidatura. Este viernes, esa retirada ha dado una segunda oportunidad a Jordan, que ha conseguido ser elegido candidato del partido al cargo.

Varios republicanos de estridente perfil mediático, como George Santos (Nueva York) o Marjorie Taylor Greene (Georgia), habían anunciado que no apoyarían a Scalise. En vista de que las cuentas no acababan de salirle, el congresista, que anunció en agosto que padecía un mieloma múltiple del que se está tratando con quimioterapia, aparcó al final de la jornada sus aspiraciones de ocupar el puesto de la tercera autoridad del país y segundo en la línea presidencial. Su enfermedad ha sido uno de los argumentos de quienes se oponían a su ascenso. El expresidente Donald Trump declaró por la mañana en el programa de radio del presentador de Fox News Brian Kilmeade que Scalise “está en serios problemas [para desempeñar el puesto] desde el punto de vista de su cáncer”.

Trump apoyó la semana pasada la candidatura de Jordan. Es uno de los congresistas más fieles a su liderazgo, y colaboró activamente en los intentos del magnate de revertir el resultado electoral de las elecciones de 2020 y de aferrarse a la Casa Blanca. Tras conocer la renuncia de Scalise, Jordan volvió a la carga para recabar los 217 votos que necesita para empuñar el mazo de speaker. No pinta bien, porque varios representantes, más de los cinco que bastarían para hacer naufragar su elección, declararon que no piensan apoyarlo.

Pasado el mediodía del viernes (hora local), la batalla se animó con un nuevo aspirante: el congresista de Georgia Austin Scott, un político de perfil bajo, en la Cámara desde 2012. Se presentaba como la alternativa a Jordan y empezó la jornada en la CNN diciendo que todo este lío hace que los republicanos parezcan “un grupo de idiotas”. El partido (o lo que queda de él, tras la desbandada propia del jueves, cuando muchos representantes abandonan Washington para pasar el fin de semana en casa) se reunió por la tarde y optó por Jordan como nuevo candidato.

Parálisis legislativa

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Hasta el 3 de octubre, Scalise era líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes. También era el segundo de McCarthy El Breve, que fue presidente del Congreso solo durante nueve meses, tras su elección en enero pasado, cuando le hicieron falta 15 votaciones para vencer la resistencia del ala dura de su partido. Gaetz, uno de sus miembros más conspicuos, promovió la semana pasada una moción de censura para arrebatarle el mazo de speaker. Lo apoyaron en su misión desestabilizadora otros siete republicanos y la totalidad de los demócratas (208) presentes aquel día en el pleno. Fue una jornada histórica: nunca en los 234 años del Capitolio había quedado vacante el cargo de presidente de la Cámara de Representantes.

Aquella votación sumió al Capitolio en el caos y al país en la parálisis legislativa. Y eso incluye la imposibilidad de aprobar ayuda militar para Israel, por lo que las noticias llegadas desde la franja de Gaza han añadido presión a la crisis institucional en Washington. El Congreso no puede hacer nada, ni siquiera el más simbólico de los gestos, hasta que sus miembros no escojan a un líder. Con el programa de asistencia a Ucrania congelado, también se acerca sin remedio la fecha del 17 de noviembre, día en que expira la prórroga presupuestaria firmada con los demócratas para evitar un cierre parcial de la Administración. Aquel fue el compromiso que le costó el puesto a McCarthy.

“Nadie me va a utilizar como excusa para frenar nuestra capacidad de lograr que la Cámara recobre la normalidad”, dijo a los reporteros en el Capitolio el jueves por la noche Scalise tras el anuncio de su renuncia. Cuando le preguntaron si tenía pensado respaldar Jordan como candidato a presidente de la institución, Scalise respondió que no había hecho “ningún trato con nadie”. “Estoy seguro de que habrá mucha gente que querrá ahora optar al puesto; solo espero que no lo hagan únicamente por un interés personal”, añadió.

La prueba de que el Partido Republicano se ha convertido en un ente ingobernable la ofreció él mismo en una reunión en la que anunció a los suyos que tiraba la toalla. Según Punchbowl News, web de reciente creación especializada en los intríngulis de la Colina, modo en el que Washington se refiere al Capitolio tirando de topografía, Scalise les dijo: “Nuestro partido aún tiene que unirse y no está en ese punto. Todavía hay algunas personas que tienen sus propias agendas. Yo fui muy claro: tenemos que hacer que todos dejen de lado esos intereses personales y se concentren en lo que este país necesita. Este país cuenta con nosotros para volver a estar juntos. Esta Cámara de Representantes necesita un presidente; urge volver a ponerla en funcionamiento. Claramente, no todos estamos en ese punto. Y todavía hay cismas que deben resolverse”.

En 2017, el aspirante frustrado a speaker protagonizó un trágico capítulo de la historia de la infamia política en Washington, cuando le disparó un fanático que abrió fuego contra varios miembros del Congreso que participaban en un partido de béisbol de la liga que cada año enfrenta a los legisladores aficionados al deporte. Tardó meses en recuperarse de las heridas.

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Sobre la firma

Iker Seisdedos
Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.
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