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Nueve muertos en las protestas de Senegal tras la condena a prisión del líder opositor

El Gobierno de Macky Sall suspende temporalmente las redes sociales y despliega al Ejército en puntos estratégicos de la capital ante el riesgo de nuevas movilizaciones

Manifestantes corren en una calle de Dakar mientras la policía les lanza gases lacrimógenos, este jueves 1 de junio.
Manifestantes corren en una calle de Dakar mientras la policía les lanza gases lacrimógenos, este jueves 1 de junio.Leo Correa (AP)
José Naranjo

Nueve personas murieron en las protestas que estallaron este jueves por todo Senegal tras la condena de dos años de cárcel al líder opositor Ousmane Sonko. Así lo confirmó Antoine Diome, ministro del Interior, en una comparecencia televisada en la que también reconoció que el Gobierno había suspendido temporalmente el uso de redes sociales y plataformas como WhatsApp, Twitter o Youtube. Numerosos edificios públicos y privados han sido destruidos, desde facultades hasta supermercados, gasolineras y una estación de tren. El Gobierno desplegó al Ejército en puntos estratégicos de la capital, lo que no evitó que se produjeran nuevos enfrentamientos entre jóvenes y fuerzas del orden.

“Constatamos con pesar la violencia que condujo a la destrucción de bienes públicos y privados y, lamentablemente, nueve muertos en Dakar y Ziguinchor”, dijo el ministro en su breve alocución el jueves por la noche. “Tras constatar la difusión de mensajes de odio y subversivos en las redes sociales, el Estado de Senegal, con toda soberanía, ha decidido suspender temporalmente el uso de ciertas aplicaciones digitales”, añadió. Finalmente, recordó a los medios de comunicación la obligación de respetar el código de la prensa para prevenir cualquier atentado contra la seguridad del Estado, llamó a la calma y aseguró que el Gobierno está tomando “todas las medidas de seguridad necesarias”.

Una de esas medidas ha sido el posicionamiento de militares en puntos estratégicos de la capital, que comenzaron a ser muy visibles este viernes. Posteriormente, Abdou Karim Fofana, portavoz del Gobierno, confirmó a la agencia Reuters el despliegue del Ejército “para reforzar la seguridad”. Uno de los puntos calientes de las protestas fue la Universidad Chiekh Anta Diop, donde los daños han sido considerables. Decenas de coches fueron incendiados y varias facultades arrasadas. Este viernes por la mañana, cientos de alumnos que se habían quedado atrapados en el interior del campus se han ido yendo de manera progresiva hasta sus ciudades y pueblos en el interior del país.

Nuevos incidentes se produjeron este viernes en Senegal tras el estallido de cólera del día anterior. En Dakar, se registraron choques en los barrios de Grand Yoff, Parcelles Assainies, Ouakam, Ngor y Patte d’Oie, mientras que ciudades del extrarradio como Pikine o Mbao registraban nuevos episodios de violencia. En el sur del país, uno de los más graves tuvo lugar en el turístico enclave de Cap Skirring, donde grupos de jóvenes asaltaron dos oficinas bancarias y trataron de entrar por la fuerza al aeropuerto. Allí fueron repelidos por las fuerzas del orden. En Gueule Tappé, barrio de un distrito de Dakar, el joven carpintero Demba Ba expresaba el temor de muchos senegaleses. “Estamos cansados de esta situación, ya llevamos meses con esta incertidumbre. Pero una cosa le voy a decir: si mandan a Sonko a la cárcel, las protestas van a ir mucho más lejos de lo que fueron ayer”, aseguraba.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, trasladó este viernes a través de su portavoz que “condena firmemente el uso de la violencia, llama a la calma y pide a todos los actores que ejerzan contención”. Por su parte, la comisión de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) condenó a través de un comunicado “la violencia ejercida contra las fuerzas de seguridad y los bienes públicos y privados”. Asimismo, lamentó la pérdida de vidas humanas e instó a buscar una solución del problema “por medios pacíficos”. Desde París, el Ministerio de Exteriores manifestó que “Francia está extremadamente preocupada por los actos de violencia que estallaron en Senegal” y pidió “contención” a todas las partes.

La violencia entre manifestantes y policías ha sido especialmente intensa en ciudades del sur del país, como Ziguinchor y Bignona, así como en Mbour, Kaolack o Saint Louis, en el norte. El jueves, en varias localidades fueron incendiados supermercados y gasolineras y la circulación del tren que une la capital con Diamniadio se vio interrumpida después de que se quemara la estación de Rufisque, entre otros incidentes. La mayoría de los servicios de autobuses también se suspendieron; escuelas y comercios cerraron, así como la Administración pública.

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Corrupción de jóvenes

Un tribunal de Dakar condenó este jueves a Sonko a una pena de dos años de cárcel y a pagar una multa de unos 900 euros por el delito de “corrupción de jóvenes”, lo que podría impedirle presentar su candidatura a las elecciones presidenciales de 2024. En febrero de 2021, Sonko fue denunciado por Adji Sarr, joven empleada de un salón de masajes, quien lo acusó de haberla violado en repetidas ocasiones bajo amenazas de muerte. Sin embargo, el tribunal absolvió al líder opositor de estos crímenes y lo ha sentenciado por “corromper” sexualmente a la joven, un delito recogido en el artículo 324 del Código Penal senegalés y que consiste en “atentar contra la moral, ejecutando, favoreciendo o facilitando habitualmente el libertinaje o la corrupción de jóvenes menores de 21 años”.

Las fuerzas de seguridad se enfrentan a seguidores del líder opositor senegalés Ousmane Sonko, este jueves en Dakar.
Las fuerzas de seguridad se enfrentan a seguidores del líder opositor senegalés Ousmane Sonko, este jueves en Dakar.ZOHRA BENSEMRA (REUTERS)

Desde la interposición de la denuncia, Sonko ha asegurado que todo era un montaje instrumentalizado desde el poder para impedir que se presentara a las elecciones de febrero de 2024. Así lo creen sus seguidores y miles de senegaleses que se echaron a las calles del país a protestar nada más conocerse el veredicto. Hasta este jueves, el líder opositor continuaba retenido por la Policía e incomunicado del exterior en su casa del barrio de Cité Keur Gorgui, en la capital senegalesa.

La tensión había ido en aumento desde el pasado domingo, cuando el líder opositor fue detenido por las fuerzas del orden y trasladado a la fuerza a su domicilio. En una intervención grabada en su propia casa y que consiguió hacer llegar al exterior, Sonko aseguró que se encontraba “secuestrado” y llamó a la población a salir a la calle a protestar. Sus abogados y miembros de su partido intentaron visitarlo, pero los agentes les impidieron el acceso.

En el fondo de toda esta tensión está el hecho de que el presidente Macky Sall, en el poder desde 2012, baraja presentarse a las elecciones de febrero de 2024 para un tercer mandato, una posibilidad expresamente prohibida ahora en la Constitución. Sall considera que está habilitado para concurrir a los comicios porque la ley fundamental se reformó durante su primer mandato y la limitación impuesta no se le aplicaría de forma retroactiva. Así lo han hecho también recientemente Alpha Condé en Guinea, que acabó siendo derrocado por un golpe de Estado, o Alassane Ouattara en Costa de Marfil.

Ousmane Sonko cuenta con una gran popularidad, sobre todo entre los jóvenes, gracias a un discurso de ruptura con el Gobierno actual y de lucha frontal contra la corrupción, que ha mantenido desde su época de líder sindical cuando era funcionario de la Administración Tributaria. En 2017 dio el salto a la política y resultó elegido diputado al frente de su partido, Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad (Pastef), lo que le permitió amplificar su discurso panafricanista y anticolonialista a través de su escaño en la Asamblea Nacional. En 2019 quedó tercero en las elecciones presidenciales con un 15% de los votos y la coalición que lidera estuvo a punto de arrebatar la mayoría absoluta al partido en el poder en las legislativas de 2022.

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Sobre la firma

José Naranjo
Colaborador de EL PAÍS en África occidental, reside en Senegal desde 2011. Ha cubierto la guerra de Malí, las epidemias de ébola en Guinea, Sierra Leona, Liberia y Congo, el terrorismo en el Sahel y las rutas migratorias africanas. Sus últimos libros son 'Los Invisibles de Kolda' (Península, 2009) y 'El río que desafía al desierto' (Azulia, 2019).

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