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Los paramilitares opositores al Kremlin amenazan con más incursiones en suelo ruso: “Estamos aprendiendo”

Las agrupaciones de ultraderecha afirman que la operación en la región fronteriza de Bélgorod fue solo una demostración de fuerza y admiten dos muertos y 12 heridos en sus filas

Miembros del Cuerpo de Voluntarios Rusos, cerca de la frontera con Rusia, el miércoles.
Miembros del Cuerpo de Voluntarios Rusos, cerca de la frontera con Rusia, el miércoles.Associated Press/LaPresse (Associated Press/LaPresse)
Javier G. Cuesta

Las unidades de saboteadores que sembraron el caos al comienzo de esta semana en la fronteriza región rusa de Bélgorod han advertido de que esta escaramuza solo fue una prueba y habrá más incursiones en el país. “Creo que nos volveréis a ver en ese lado”, ha amenazado ya en territorio ucranio Denís Nikitin, uno de los comandantes del Cuerpo de Voluntarios Rusos, una agrupación de ultraderecha opositora al Kremlin que junto con otra unidad, la Legión de la Libertad de Rusia, combatieron durante más de 24 horas en territorio ruso. Los milicianos aseguran que solo perdieron dos soldados y una docena más resultaron heridos en una batalla que ha sido concebida como una forma de distraer tropas de las fuerzas rusas de otras zonas del frente ante un inminente contraataque ucranio.

Nikitin ha subrayado que sus ataques escalarán en el futuro. “No contamos con una gran cantidad de fuerzas para ocupar todo este territorio y controlarlo por completo. Para nosotros ha sido una demostración de fuerza. Tenemos objetivos militares y políticos al alcance”, ha asegurado el paramilitar, ya desde Ucrania, muy cerca de la frontera con Rusia. El miliciano —líder de la escaramuza de la provincia también fronteriza de Briansk en marzo pasado, y sobre el que pesa una prohibición de entrar en la Unión Europea por perseguir a extranjeros— compareció en una rueda de prensa rodeado de otros paramilitares en la que exhibieron un blindado ruso supuestamente capturado. Afirmaban haber hecho prisioneros.

“La operación en el distrito de Gráivoron fue exitosa y se lograron sus objetivos. El enemigo fue derrotado, una parte huyó vergonzosamente, capturamos una gran cantidad de equipo y tomamos prisioneros. Volveremos de nuevo”, señaló por su parte la Legión de la Libertad de Rusia en un comunicado. Según ambas unidades, uno de sus objetivos era tomar los edificios del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y del Ministerio del Interior (responsable de la policía) en aquel distrito.

El Ministerio de Defensa ruso publicó este martes un vídeo en el que mostraba varios vehículos de transporte occidentales destruidos en la zona de Gráivoron, donde tuvieron lugar los choques. Además, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, reiteró este miércoles que “más de 70 enemigos fueron aniquilados”, y prometió que su ejército responderá “pronto y con dureza”. Los milicianos, sin embargo, han desmentido esa cifra de bajas y han negado haber perdido los blindados. Según su versión, es habitual que las armas cambien de manos en el frente y acusan a Moscú de haber llevado al lugar vehículos que pudieron haber capturado en Bajmut o comprado en el mercado negro.

Vehículos estadounidenses

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Los saboteadores emplearon vehículos estadounidenses en su ataque, según ha confirmado el diario Financial Times, y un oficial ucranio ha reconocido que estos contaron con cierta “cooperación” de su país. Pese a esto, Kiev negó haber estado directamente involucrada en esta operación, acometida cuando la guerra ha superado los 450 días de combates.

Nikitin, acusado de simpatizar con la ideología nazi por la asociación estadounidense Liga contra la difamación, aseveró que Ucrania solo atendió a sus heridos y les proporcionó comida y medicinas. “Cada decisión que tomamos más allá de la frontera es una decisión propia. Obviamente, podemos pedir ayuda a nuestros camaradas (ucranios)”, agregó.

El paramilitar, no obstante, evitó responder a Reuters de dónde obtuvieron el armamento. “Sé exactamente de dónde saqué mis armas. Desafortunadamente, no de los socios occidentales”, señaló a la agencia de noticias, y aprovechó para lanzar otra advertencia a Rusia: “La frontera es bastante larga. Una vez más, habrá un sitio donde las cosas se pondrán calientes”.

Tras la reconquista ucrania de Járkov el otoño pasado, la región de Bélgorod levantó un muro de trampas antitanque desde octubre para evitar la entrada de las fuerzas ucranias en su territorio. Una obra faraónica que ha costado unos 10.000 millones de rublos, más de un centenar de millones de euros al cambio, y a la que se ha sumado el reclutamiento de 3.000 vecinos para formar unidades de autodefensa. A pesar de ello, la facilidad con la que entraron los saboteadores este lunes en su territorio ha provocado una tormenta de críticas contra las autoridades.

El gobernador de la región, Viacheslav Gladkov, ha respondido a través del Facebook ruso, vKontakte, a estas quejas. Durante su intervención, el alto cargo admitió que sus milicias no cuentan con armas para defenderse: “Hemos abordado los problemas de Gráivoron. Había suficiente personal militar —en el momento del asalto—, pero estamos buscando una forma legal para repeler al enemigo de manera profesional y no amateur”.

Mientras tanto, miles de vecinos ucranios de las aldeas rusas que hacen frontera aguardan en puntos de acogida a regresar algún día a casa. Las autoridades han pospuesto la toma de cualquier decisión sobre su vuelta hasta finales de esta semana como mínimo, pues el intercambio de fuego continúa en la zona. Según Gladkov, varios drones se internaron también en su territorio entrada la noche del miércoles y bombardearon varios distritos de la región.

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