Putin impone la ley marcial en las provincias de Ucrania anexionadas mientras evacúa la ciudad de Jersón

Moscú extiende el decreto de medidas excepcionales a las provincias rusas en la linde ucrania para “satisfacer las necesidades de las Fuerzas Armadas y de otros cuerpos de seguridad del Estado”

Una mujer se detenía en julio ante un vehículo militar ruso en Jersón. Foto: ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS) | Vídeo: EPV

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha ordenado este miércoles imponer la ley marcial en los territorios de Ucrania que Rusia se anexionó de forma ilegal recientemente (Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia), y ha reclamado a su Consejo de Seguridad que aumente la vigilancia en Crimea, anexionada en 2014, y las regiones fronterizas con el país invadido. El mandatario ha pedido también a su primer ministro, Mijaíl Mishutin, que presida un organismo que unifique el control sobre los territorios anexionados, donde Rusia afronta la presión del ejército ucranio. De hecho, las autoridades impuestas por Moscú en Jersón han iniciado la evacuación de la ciudad ante la próxima llegada de las fuerzas de Kiev. Rusia no tiene el control completo del territorio de ninguna de las cuatro provincias anexionadas.

El nuevo comité para estas zonas ocupadas serviría para redirigir la “economía de guerra” hacia el frente, pues su función será “atender las necesidades de las Fuerzas Armadas” en esferas tan dispares como los suministros militares, el equipamiento sanitario y los materiales de construcción. Gracias a las reformas legales aprobadas el pasado septiembre, cualquier empresario que se niegue dos veces a prestar sus servicios al ejército podrá ser encarcelado. “Necesitamos continuar trabajando para mejorar la coordinación”, ha advertido Putin.

La ley marcial rusa prevé la restricción de movimientos; la prohibición de huelgas, manifestaciones o cualquier tipo de actividad política, y la posible confiscación de los bienes de los ciudadanos. Asimismo, permite privar a la población del derecho a elegir el lugar de residencia, y las autoridades pueden encerrar en campos de seguridad o cárceles a los extranjeros de los países en guerra “de acuerdo con los principios y normas generalmente reconocidos por el derecho internacional”. Por supuesto, la ley marcial va acompañada de un despliegue policial mayor y da vía libre a la movilización forzosa para nutrir a las fuerzas rusas.

Un miembro de grupos de resistencia ucrania en Jersón ha asegurado a EL PAÍS que miles de hombres de la provincia llevan meses fuera de sus domicilios, alojándose en otras localizaciones, para evitar ser llamados a filas por el ejército de Moscú: “El temor a ser movilizados por la fuerza existe desde hace meses”.

Las autoridades impuestas por el Kremlin en Donetsk y Lugansk desde 2014 ya impusieron, días antes de comenzar esta nueva guerra en febrero, una movilización forzosa de ciudadanos y la prohibición de abandonar el territorio a todos los varones en edad de reclutamiento. El mandatario ha anunciado ahora la imposición de “un régimen de respuesta intermedio” en la anexionada Crimea, así como en las regiones rusas fronterizas con Ucrania de Krasnodar, Bélgorod, Briansk, Vorónezh, Kursk y Rostov. Esos territorios se encuentran en alerta antiterrorista desde el inicio de la ofensiva el 24 de febrero.

El alcance del decreto se extiende incluso al territorio de la Federación Rusa cercano al país invadido. Las autoridades de aquellas provincias en la linde con Ucrania podrán adoptar “una serie de medidas de defensa territorial y civil” con el fin de “satisfacer las necesidades de las Fuerzas Armadas y de otros cuerpos de seguridad del Estado”, así como para “proteger la población de las emergencias naturales y las provocadas por el ser humano”. El decreto introduce en esas provincias “un régimen especial de entrada y salida del territorio”. Además, se reforzará la vigilancia de la población y de las infraestructuras civiles, especialmente transporte y telecomunicaciones. Gobernadores de las regiones afectadas no tardaron en intentar tranquilizar a la población con el mensaje de que por ahora no es necesario cerrar sus territorios.

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El texto de Putin también establece un nivel de alerta “alto” para los territorios del centro y el sur de Rusia, incluida Moscú, lo que abre la puerta a adoptar medidas adicionales. Aunque sus autoridades aseguran que no necesitan tomar ninguna, el alcalde de la capital, Serguéi Sobianin, ha sido nombrado responsable de una segunda comisión de regiones que coordinará la adopción de cualquier restricción.

Evacuación en Jersón

Mientras Putin firmaba el decreto, Jersón, la única capital de provincia en Ucrania que Rusia mantiene bajo control, ha iniciado los preparativos ante una posible ofensiva de Kiev para su recuperación. Las autoridades militares impuestas por Moscú han comenzado a sacar a los habitantes de allí este miércoles. Además, para no obstaculizar el movimiento de sus tropas, ningún civil podrá entrar en la región durante al menos siete días. El Gobierno ucranio ha acusado al Kremlin de montar un “show de propaganda” con la evacuación y de tratar de asustar a los ciudadanos.

Putin asistía este miércoles por videoconferencia desde Moscú al Consejo de Seguridad ruso.
Putin asistía este miércoles por videoconferencia desde Moscú al Consejo de Seguridad ruso.Sergei Ilyin (AP)

La ciudad ha amanecido con largas colas ante los autobuses organizados para llevar civiles al otro margen del río Dniéper, también territorio ucranio ocupado por Rusia. El gobernador del Kremlin, Vladímir Saldo, afirma que más de 5.000 personas han abandonado la provincia en los últimos dos días. Sin embargo, la evacuación oficial comienza este miércoles en una región donde, según sus cálculos, más del 40% de los vecinos ha tomado el camino del exilio por la guerra desatada por Moscú ―en toda la región permanecerían en torno a 500.000 personas―.

La mayor parte de desplazados salieron durante los primeros meses de la invasión hacia zonas de la Ucrania libre y de la Unión Europea. Tras clausurarse los pasos de acceso entre los territorios ocupados por el ejército ruso hacia los controlados por Kiev, miles de personas optaron por salir a través de Rusia, y desde allí, a los países bálticos. Esa opción resulta mucho más difícil desde que esos Estados de la UE cerraron las puertas a los rusos.

La contraofensiva ucrania sobre la provincia de Jersón comenzó a finales de agosto. Su avance ha sido más lento que el ataque sorpresa de septiembre, que logró la expulsión de los rusos de la zona noreste de Járkov en unas pocas semanas. Por otro lado, siguen estables los frentes de Lugansk y Donetsk, en la órbita de Moscú desde la insurrección promovida en 2014. Las Fuerzas Armadas de Ucrania intentan tomar la zona rodeando a las tropas invasoras: por un lado, avanzan por el flanco noroccidental, desde la provincia de Dnipró; por el otro, la ofensiva se produce desde el sur, desde Mikolaiv. La operación desde el frente norte es más compleja porque requiere cruzar el río Dniéper, el mayor del país. Desde Mikolaiv, en cambio, el avance es por un territorio llano y directo.

La provincia de Jersón es fundamental para la subsistencia del Estado ucranio, porque le da acceso a la costa más septentrional del mar Negro, y porque expulsaría a los rusos de la orilla occidental del río Dniéper en la capital. Además, tomar la provincia permitiría a las fuerzas defensoras aislar Crimea y abrir un nuevo frente contra Rusia por el sur sobre Zaporiyia y el mar de Azov.

Llamamientos a la salida

Las autoridades rusas insisten en que están llevando a cabo una evacuación voluntaria. “¡Estimados residentes! Evacúen pronto. Las fuerzas ucranias bombardearán edificios residenciales. Los autobuses saldrán desde las 7.00 de Rechport a la Orilla Oriental”, decía un mensaje que han recibido los habitantes de Jersón.

El diario Jólod, declarado agente extranjero por el Kremlin, ha mostrado varios de los panfletos de evacuación repartidos en Jersón. “Proteja a su familia, márchese a la orilla izquierda”, titulaba uno acompañado de una foto de unos padres y su hijo con la sonrisa de un anuncio de clínica dental y envueltos en la bandera rusa. La orilla izquierda es la oriental, la que queda al sur de la ciudad, denominada así desde el punto de vista del rumbo a la desembocadura del Dniéper.

“¿Qué hay que saber sobre la salida?”, titula otro panfleto donde se intenta transmitir normalidad y se subraya que las autoridades ofrecen “la posibilidad de que se marchen las familias de Jersón a otras regiones de Rusia para descansar y estudiar”.

“Si comienzan los combates, habrá cañonazos de artillería y bombardearán la ciudad. Es mejor sacar a la gente de la ciudad, y eso es lo que estamos haciendo ahora”, ha afirmado, no obstante, el gobernador ruso Vladímir Saldo, en una entrevista concedida al canal Rossiya 24. “Para que esa tarea sea más ordenada, la entrada de civiles a la región de Jersón estará vetada durante siete días”, añadió. “Nadie planea entregar Jersón a las Fuerzas Armadas de Ucrania”, ha subrayado Saldo. Además, ha sostenido que la marcha de los civiles facilitará la fortificación de la ciudad.

El nuevo jefe de las Fuerzas Armadas Rusas en Ucrania, Serguéi Surovikin, en una reunión. Foto: REUTERS

El general Surovikin, recientemente puesto al frente de las fuerzas rusas en Ucrania, afirmó el martes que Kiev podría atacar con “armas prohibidas” la ciudad o destruir la central hidroeléctrica de Nova Kajovka. El gobernador regional ha matizado el peligro que podría suponer una hipotética inundación. “El nivel del agua no subiría más de un metro o metro y medio”, resaltó Saldo en el caso de la ruptura de la presa.

Asalto a Zaporiyia

Mientras, un representante ruso en la provincia de Zaporiyia, Vladímir Rogov, ha asegurado a la agencia rusa Ria Novosti que durante la noche del martes, una misión de 30 lanchas ucranias había intentado cruzar el Dniéper para asaltar Energodar, municipio ocupado por Rusia y donde se ubica la mayor central atómica de Europa, la central de Zaporiyia, que aportaba antes de la guerra un 20% de la electricidad de Ucrania. Las fuentes rusas aseguran, además, que una subestación eléctrica de Energodar fue destruida el martes con artillería ucrania de largo alcance.

A las puertas de Crimea

Si Ucrania recuperase Jersón, abriría un nuevo capítulo en la guerra porque estaría a las puertas de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014. Las Fuerzas Armadas ucranias están poniendo toda la carne en el asador para tomar la ciudad de Nova Kajovka, al norte de Jersón, porque en ella se encuentra una de las mayores presas del río Dniéper y desde donde Rusia canaliza agua y electricidad para Crimea. Moscú suministra desde Crimea de forma segura —alejados de la artillería de largo alcance ucrania— armamento y equipos a su Ejército en el sur de Ucrania. El Centro para las Estrategias de Defensa (CDS, por sus siglas en inglés), un instituto ucranio de análisis de políticas de seguridad, asegura que las tropas rusas en Jersón están sufriendo una reducción del abastecimiento de material por el sabotaje que se produjo el 8 de octubre contra el puente del estrecho de Kerch, la única infraestructura que conecta Crimea con Rusia. El paso de trenes y de vehículos se ha visto afectado y se produce con menos intensidad que en los meses previos.

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