Afganistán
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La resistencia de las mujeres en Afganistán

Varias activistas del país asiático han sido detenidas o asesinadas desde que los talibanes recuperaron el poder

Nayera Kohistani
Un grupo de activistas protestaba contra los talibanes por la desaparición de varias mujeres, en enero en Kabul.
Un grupo de activistas protestaba contra los talibanes por la desaparición de varias mujeres, en enero en Kabul.WAKIL KOHSAR (AFP)

Antes de que Afganistán fuese tomado por los talibanes, yo era maestra en una escuela de Kabul. Amaba mi trabajo y ante mí se abría un brillante futuro laboral. Pero cuando Kabul cayó, yo también caí. Al igual que millones de mujeres afganas, fui privada de mis derechos humanos fundamentales y me quedé sin trabajo.

Cada día me enfrentaba a nuevas restricciones impuestas por los líderes talibanes en nombre de la ley islámica. No podía salir de casa sin un mahram (un pariente varón), las puertas de las escuelas se cerraron para las niñas, los talibanes fomentaron los matrimonios forzosos e instauraron sus propios tribunales. Las mujeres ya no teníamos libertad en mi país.

Lejos quedaba la justicia social; una vez más el terreno estaba abonado para fomentar la violencia contra nosotras.

Estaba tan decepcionada... No podía quedarme mirando por la ventana cómo las mujeres eran privadas de sus derechos. Preferí ponerme en pie y luchar, sin importar el coste, antes que permanecer en silencio.

Con la participación de amigas y conocidas y en paralelo con otras activistas de derechos civiles creamos un movimiento llamado Mujeres afganas en busca de justicia, y salimos a las calles de Kabul a protestar. Nuestro eslogan era “Pan, trabajo y libertad”.

Durante varios meses movilizamos a muchas mujeres afganas para que reclamasen lo que era legítimamente suyo y planificamos manifestaciones, tanto en Afganistán como en el extranjero. Ha sido, sin duda, una lucha llena de desafíos. Yo ya no tenía una vida despreocupada como la que disfrutaba antes. Ya no era solo una maestra, la madre de dos niños pequeños; ahora representaba a una nación que clamaba contra la injusticia y la tiranía.

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Necesitaba ser la voz de millones de mujeres gritando por su libertad. Me enfrenté a la oposición de mi familia y a las amenazas de muerte de los talibanes. Nuestra lucha ha sido violentamente reprimida en las calles. Varias compañeras han sido arrestadas, desaparecidas y asesinadas por los talibanes, sus cuerpos sin vida dejados en las cunetas. Yo misma fui arrestada y torturada por manifestarme junto a mis dos hijos, de tres y siete años.

Pero el ambiente asfixiante y la represión de los talibanes no nos ha hecho retroceder. No daremos un solo paso atrás en nuestras posiciones, sabemos que en el camino hacia la libertad y la justicia tendremos que hacer muchos sacrificios y encontraremos muchos retos. Pero, a pesar de toda esta violencia, cientos de mujeres se han unido al movimiento. Juntas luchamos incansablemente para demostrarle al mundo hasta qué punto estamos dispuestas a defender lo conseguido en los últimos 20 años.

Las reivindicaciones de las mujeres no son un proyecto, sino una obstinada realidad. En el actual estado de Afganistán, la de las mujeres es la única voz gritando contra la opresión y los crímenes de los talibanes. Hoy, el mundo entero sabe que si Afganistán tiene un futuro, este será construido por mujeres luchadoras.

Ha pasado ya un año desde el comienzo de la batalla civil que estamos librando las mujeres contra las prácticas y la ideología de los talibanes. Durante este tiempo he sido detenida y torturada, mis amigas han sido asesinadas, hemos sufrido amenazas, pero nunca retrocedimos. Cada día más que pasa, la lucha de las mujeres tiene más sentido y se vuelve más coherente. Que la sociedad, en nuestro país, y en el resto del mundo, crea en la poderosa resistencia de las afganas es uno de nuestros mayores logros.

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