La OTAN arrastra a Europa a la pugna geoestratégica de EE UU con China

La cumbre de Madrid, calificada como un hito histórico para la Alianza, ha impulsado los preparativos para hacer frente a una rivalidad con el gigante asiático, que supone el mayor desafío del siglo XXI

Miembros de las fuerzas especiales chinas durante unos ejercicios en la provincia autónoma de Guangxi Zhuang, en mayo.
Miembros de las fuerzas especiales chinas durante unos ejercicios en la provincia autónoma de Guangxi Zhuang, en mayo.Future Publishing (Future Publishing via Getty Imag)

La cumbre de Madrid de esta semana ha dejado varios hitos históricos para la trayectoria de la OTAN, entre ellos, la clasificación de Rusia como amenaza directa y la luz verde para el ingreso en la Alianza de Finlandia y Suecia. Pero ha supuesto, además, el primer paso significativo de la OTAN para sumarse a la pugna por la supremacía mundial que EE UU mantiene con China. El giro hacia el Pacífico coloca a la OTAN, y de paso a Europa, en una posición de creciente rivalidad con el gigante asiático, una perspectiva inquietante para Bruselas y Berlín, por tratarse del mayor socio comercial de la Unión Europea y de Alemania, pero que se acepta como inevitable.

El endurecimiento de la posición de la OTAN hacia Pekín arrastra casi inevitablemente a la UE, porque 21 —pronto 23, con la prevista ampliación nórdica— de los 27 socios comunitarios pertenecen a la Alianza. Los aliados europeos se habían resistido durante meses al deseo de Washington de encarar el escenario geoestratégico en el horizonte de mediados del siglo XXI como un duelo bipolar, pero finalmente han aceptado apuntar hacia Pekín como “un desafío a nuestros intereses, seguridad y valores”, según el Concepto Estratégico de la Alianza aprobado en la capital española. Las fuentes consultadas indican que EE UU y el Reino Unido incluso defendieron un lenguaje más contundente contra China, pero finalmente se optó por un compromiso que satisficiese también a los aliados de la UE.

Lizza Bomassi, subdirectora del centro de estudios Carnegie Europe, cree que “el término desafío es la correcta definición por los matices con los que la OTAN tiene que abordar su relación con China”. La analista considera que la Alianza “no se puede permitir ser ingenua en cuanto a su relación con China, pero también tiene que ser realista porque hay asuntos globales que simplemente no se pueden abordar sin establecer un acuerdo estratégico con los chinos; el cambio climático es el ejemplo más obvio”.

La Comisión Europea presidida por la alemana Ursula von der Leyen ha intentado desde su toma de posesión a finales de 2019 mantener su propia relación con Pekín, sin dejarse arrastrar al pulso geoestratégico que libran EE UU y China. El jefe de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, abogó por una estrategia bautizada como doctrina Sinatra, en alusión a la famosa canción My way (A mi manera) del cantante estadounidense.

Esa doctrina de un camino propio para la UE se basaría, según ha detallado Borrell, en la cooperación con China en materias de interés global (desde el cambio climático a los conflictos en África o la lucha contra la covid-19) y, al mismo tiempo, una defensa cerrada de la soberanía estratégica europea (con protección de sectores económicos y tecnológicos clave) y de sus valores e intereses.

Pero la guerra de Rusia contra Ucrania ha alterado el escenario global, con China claramente del lado de Moscú, aunque no de modo beligerante. La alianza del presidente ruso, Vladímir Putin, y del chino, Xi Jinping, sellada unos días antes de la invasión del territorio ucranio, ha debilitado la posición europea a favor de mantener una entente más o menos cordial con Pekín y ha reforzado a los partidarios de endurecer la respuesta a los desafíos chinos, como es el caso de EE UU. Washington quiere una posición tajante para disuadir a Pekín, entre otras cosas, de la tentación de repetir en Taiwán la anexión unilateral de un territorio cometida por Rusia en Ucrania.

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“El cambio de actitud hacia China era un paso inevitable”, sentencia la eurodiputada socialista Inmaculada Rodríguez-Piñero, miembro de la comisión de comercio internacional del Parlamento Europeo y una de las impulsoras de los instrumentos de defensa comercial que la UE está adoptando, en gran parte, como protección frente a China.

El presidente chino, Xi Jinping, y la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, este viernes durante la cumbre virtual UE-China del pasado abril.
El presidente chino, Xi Jinping, y la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, este viernes durante la cumbre virtual UE-China del pasado abril. OLIVIER MATTHYS / POOL (EFE)

Rodríguez-Piñero recuerda que la UE ha pedido a Pekín hasta la saciedad, la última vez en la cumbre bilateral del pasado mes de abril, que mediara con Moscú para poner fin a la guerra de Ucrania o, al menos, para abrir corredores humanitarios de evacuación. “Y fue imposible convencerles, China se ha mantenido en una posición que califican de neutral, pero que es claramente de apoyo a Rusia y de dejar que Putin haga lo que considere”.

Punto de inflexión

Los analistas consultados coinciden en que la cita en la capital española ha supuesto un punto de inflexión en la historia de la Alianza, tanto por el momento tan crucial en que se ha producido —en medio de la guerra de Rusia contra Ucrania— como por las decisiones adoptadas durante las dos jornadas de la cumbre (29 y 30 de junio).

“Ciertamente, es la primera vez que había tanto en juego con una guerra a las puertas de la OTAN”, señala Bomassi, de Carnegie Europe. La analista cree que “en 2021, después de Afganistán, la legitimidad de la OTAN cayó en picado pero, sin duda, esa tendencia se ha dado la vuelta por la situación de Ucrania”. Y añade que la de Madrid “ha sido una cumbre esencial, en la que el fortalecimiento de la OTAN y el sentido de unidad eran palpables”.

Para Minna Ålander, investigadora del centro SWP (Instituto alemán para asuntos internacionales y de seguridad), “la solicitud de ingreso de Finlandia y Suecia muestra la gravedad de los cambios que se están produciendo en la seguridad de Europa”. Ålander destaca que las significativas fuerzas aéreas y navales de los dos candidatos “aumentarán la disuasión y estabilizarán la situación en la región del mar Báltico, que se ha deteriorado en los últimos años por la creciente asertividad de Rusia”.

La ampliación nórdica, según la analista, también refuerza a la Alianza en el Ártico, una zona cada vez más codiciada por todas las potencias geoestratégicas, incluidas Rusia y China. “Rusia ha estado construyendo infraestructura militar y capacidades en los últimos 10 años y tiene unas capacidades marítimas nucleares significativas en la península de Kola”, avisa Ålander.

Roces

La unidad de los 30 aliados frente a Rusia no impide ciertos roces en cuanto al tratamiento de China. En la declaración final de la cumbre solo se menciona una vez al gigante asiático. Y a diferencia del Concepto Estratégico, donde se acusa a Pekín de “políticas coercitivas” y de construir de manera opaca un emporio militar, la declaración describe a China como “un competidor sistémico” sin atribuirle directamente prácticas malévolas.

La cumbre de Madrid había generado muchas expectativas sobre la posición de la OTAN en el Pacífico, sobre todo porque por primera vez se había invitado a cuatro países de la región: Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Pero a juicio de Bomassi, en la agenda de la reunión había asuntos tan destacados que “en cierto modo, ha dejado a los observadores asiáticos con más preguntas que respuestas sobre qué significa realmente que el Pacífico asiático sea considerado como socio por la OTAN”.

El presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, en la cumbre de Madrid de esta semana.
El presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, en la cumbre de Madrid de esta semana.YONHAP (EFE)

Jamie Shea, analista del centro de estudios Friends of Europe y antiguo portavoz oficial de la Alianza, cree que “la OTAN ha extremado el cuidado para dejar claro que Rusia y China son dos casos muy diferentes y merecen, por tanto, un tratamiento muy distinto”. Shea añade que “muchos aliados europeos tienen una relación comercial muy importante con China y, además de preservarla, no quieren empujar a ese país aún más del lado de Rusia”.

China fue en 2021 el principal socio comercial de la UE, con un volumen de transacciones por valor de 696.000 millones de euros. China es el primer origen de las importaciones de la UE, con un 22%. Y el tercer mayor mercado para las exportaciones comunitarias, con un 10%. Para Alemania, China ha sido en 2021 el primer socio comercial por sexto año consecutivo, con un volumen de 245.900 millones de euros, por delante del comercio con Países Bajos y EE UU.

Pero incluso Alemania, máxima defensora de preservar intactos los lazos comerciales con el gigante asiático como hizo en su día con Moscú, ha visto debilitada su posición a favor de Pekín tras la invasión rusa de Ucrania y por la presencia en el Gobierno de coalición en Berlín de un partido verde mucho menos tolerante con las violaciones de derechos humanos en China.

Antes de la invasión de Ucrania, Berlín ignoró las advertencias de la UE y de EE UU sobre su dependencia energética de Rusia. Y lejos de reducirla, optando por la diversificación, construyó con Moscú dos gasoductos por el Báltico con una capacidad de importación de gas ruso de hasta 110.000 millones de metros cúbicos al año, más del 25% del consumo anual de gas de toda la UE. “En primer curso de Económicas ya se estudia que no puedes depender de un solo proveedor”, apunta la eurodiputada Rodríguez Piñero.

Algunos analistas adelantan el riesgo de que se cometa el mismo error geoestratégico con China. En el último informe de prospectiva estratégica de la Comisión Europea, aprobado el pasado miércoles, se advierte de que en varias materias primas “la dependencia de la UE de terceros países, incluida China, es incluso mayor que la de Rusia en combustibles fósiles [gas y petróleo]”.

El documento de la Comisión subraya que la producción de los 27 socios de la UE solo supone el 4% del suministro mundial de materias esenciales para el sector digital, como paladio, tántalo o neodimio. Y en materiales imprescindibles para la transición hacia energías limpias, como el litio, China tiene el 40% de los depósitos y el 45% de las instalaciones para su refino a nivel mundial.

Rodríguez Piñero, sin embargo, está convencida de que en el caso de China se reaccionará de manera más preventiva porque “Alemania, y en general Europa, han visto las orejas al lobo después de lo ocurrido con Rusia”. Y apunta como ejemplo el reglamento pactado el pasado jueves para que la Comisión pueda investigar a las compañías de países terceros que compiten dopadas en el mercado europeo con ayudas estatales de sus gobiernos o el reglamento pactado en marzo para cerrar los mercados europeos de licitación pública a las empresas de países que no ofrezcan una apertura similar a las europeas. “Hace tres años parecía imposible aprobar esas normas”, apunta la eurodiputada. “Ahora han salido adelante con Alemania entre los países impulsores”.

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