Le Pen pide a sus nuevos diputados menos ruido y vestir corbata en la Asamblea Nacional de Francia

La líder de la extrema derecha populista francesa instruye a sus 88 diputados, el mayor número en la historia de su partido, para que actúen como una oposición constructiva y eviten la confrontación

Marine Le Pen, líder de la extrema derecha en Francia, posa el 22 de junio con los miembros de su partido que han entrado en la Asamblea Nacional francesa.
Marine Le Pen, líder de la extrema derecha en Francia, posa el 22 de junio con los miembros de su partido que han entrado en la Asamblea Nacional francesa.BENOIT TESSIER (REUTERS)

Marine Le Pen, jefa de la extrema derecha francesa, dio dos consejos a los 88 diputados de su partido, el Reagrupamiento Nacional (RN), que, junto a ella, fueron elegidos en las legislativas del 19 de junio a la Asamblea Nacional. El primero, según informó Le Monde: “Sed simpáticos. Sed buenos camaradas. Que no se os suba a la cabeza”. El segundo era solo para los hombres: “Llevad corbata”.

Y así, con la lección aprendida, los 88 diputados más Marine Le Pen desembarcaron el miércoles en la Asamblea Nacional. Parecía el primer día de clase. Nervios y excitación. Estaban los habituados: pocos. Los novatos: muchos. Y los tímidos que, por primera vez, pisaban los augustos salones y pasillos del palacio de Borbón. Todos sonreían. Todos –los hombres– llevaban corbata. Una manera de mostrar que eran gente formal y que no iban al hemiciclo a dar la nota.

“Hacía 30 años que esperábamos esta victoria”, dijo una de las estrellas emergentes del RN, Laure Lavallette, diputada de 46 años por el departamento del Var, en la Costa Azul. “Nos honra y nos obliga”.

Nunca la extrema derecha de los Le Pen había tenido tantos diputados en Francia. En la legislatura anterior eran ocho. No bastaba ni para formar un grupo parlamentario. La máxima presencia fue entre 1986 y 1988, con 35. Ahora, con 89 sobre 577, reclaman el rango de primer grupo de oposición frente al presidente centrista Emmanuel Macron. La alianza izquierdista de Jean-Luc Mélenchon tiene muchos más, pero es una coalición de partidos. Por separado ninguno suma más diputados que el RN.

El resultado del RN desborda las expectativas. Supone un beneficio económico: le reportará unos 10 millones de euros anuales en subvenciones públicas, lo que le debería permitir devolver la deuda que arrastra desde hace casi una década con un banco ruso.

La marea lepenista lleva a la Asamblea Nacional a una generación de parlamentarios desconocidos y sin experiencia legislativa. Y coloca al RN –heredero del Frente Nacional, fundado por el padre de Le Pen, Jean-Marie– en el centro de la política institucional, y en un momento en el que podrá influir: el centro de gravedad del poder se desplaza al palacio de Borbón, tras perder Macron la mayoría absoluta.

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Tras entrevistar esta semana en París a nuevos diputados del RN, aparece un rasgo común: la identificación con Marine, como llaman todos a la líder. Al obviar su apellido, la diferencian de su padre, Jean-Marie Le Pen, asociado al racismo y al antisemitismo.

“A Jean-Marie Le Pen yo no lo conozco. Lo vi una vez, pero de muy lejos”, dice la nueva diputada Edwige Diaz. “Yo soy Marine”.

Diaz es uno de los rostros de esta generación Marine. Tiene 34 años. Sus abuelos paternos eran de origen español y pieds noirs, europeos de Argelia que se instalaron en Francia tras la independencia de 1962. Sus abuelos maternos eran comunistas. Ella tiene un máster en lengua española y ha trabajado en la empresa privada. Entró en el Frente Nacional en 2012, cuando Marine Le Pen ya había tomado el mando. Representará una circunscripción del departamento de Gironda, cerca de Burdeos: un territorio que nunca fue un feudo de la extrema derecha, al contrario que el norte industrial o la cuenca mediterránea.

Grégoire de Fournas, viticultor de 37 años, es otro de los diputados de la generación Marine en la Gironda. Ingresó en el partido hace siete años. Cuando a finales de abril, tras la victoria de Macron en las presidenciales, EL PAÍS lo entrevistó en los viñedos del Médoc, estaba a punto de declararse candidato a las legislativas y no tenía nada claro que fuese a ganar.

“Algo ocurrió”, dice Fournas dos meses después. “El resultado de Marine Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales creó una dinámica favorable para nosotros en las legislativas”.

Le Pen, en su tercer intento para acceder al palacio del Elíseo, se quedó a 17 puntos de Macron. Pero más de 13 millones de franceses votaron por ella: el mejor resultado de la historia para la extrema derecha. En las legislativas rebajó sus ambiciones e hizo una campaña modesta. Macronistas y mélenchonistas no llamaron a activar el cordón sanitario contra la extrema derecha y a votar explícitamente en contra de Le Pen. El rival, en estas elecciones, ya no era Le Pen: era Macron en el caso de Mélenchon, y viceversa. Esto allanó el camino para el éxito de la extrema derecha.

Lo explica Fournas, que en la segunda vuelta de enfrentó a un candidato de Mélenchon: “No hubo barrera republicana contra mí. La candidata de Macron dijo que votaría en blanco. Nosotros mostramos que no estábamos en los extremos, que nos encontrábamos en el campo republicano, y eso nos ayudó”.

Le Pen, al relevar hace una década a su padre en el Frente Nacional, embarcó al partido en un proceso de desdemonización: se trataba de sacarlo del rincón de los apestados. Se clasificó por primera vez para la segunda vuelta de las presidenciales en 2017. Perdió con un 33,9% de votos. Cinco años después llegó al 41,5%. Culminaba la segunda etapa del proceso: la normalización. Ahora viene la tercera: la institucionalización. Pero todo es frágil y puede desmoronarse al primer exabrupto de un diputado díscolo o en el momento en que la líder radicalice su lenguaje.

“Marine le Pen ha dado indicaciones precisas para que sus diputados trabajen y se comprometan en dar una imagen creíble del partido”, explica el politólogo Jean-Yves Camus, autor de Las extremas derechas en Europa (editorial Clave Intelectual). Camus distingue entre dos grupos de diputados: los militantes veteranos y los novatos. “El desafío es mostrar que son capaces de hacer propuestas de ley correctamente redactadas, lo cual no hay que dar por hecho en el RN”, dice. “Y otro inconveniente: carecen de aliados”.

Jean-Philippe Tanguy, otro nuevo diputado del RN, declara: “Haremos propuestas. Marine lo ha dicho. Nunca haremos obstrucción, ni happenings para que se hable de nosotros”. Tanguy –de 37 años y antiguo cuadro de General Electric en Francia– señala con estas palabras que su partido descarta una oposición basada en el ruido y la provocación.

Puede que cambien las formas, pero no el fondo ideológico: la mano dura con la inmigración y la “preferencia nacional” de los franceses autóctonos. Hay nuevas prioridades: el poder adquisitivo, bandera de Le Pen en las presidenciales y en las legislativas. Y también, como explica otro novato, Pierrick Berteloot, cuestiones de consenso como la lucha contra el acoso escolar, tema predilecto para este diputado de 23 años, el más joven del RN, hasta ahora empleado en los ferris que cruzan el canal de la Mancha. En el palacio de Borbón, confiesa: “Siento emoción y alegría y orgullo”. Tanto él como Tanguy representan distritos norteños.

Para homologarse como partido institucional y no de protesta, la consigna es no faltar al rival: el momento Trump pasó. Y, claro, nada de de ir sin corbata, como algunos mélenchonistas. Le Pen, que vuelve a soñar con presentarse a las presidenciales de 2027, se lo ha dejado claro, esta semana, a sus diputados: “Nosotros no venimos aquí con chancletas y camisas de flores”.

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Sobre la firma

Marc Bassets

Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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