El autor de la matanza racista en Búfalo publicó un detallado plan de su ataque

Payton Gendron, supremacista de 18 años, era un creyente en la teoría conspirativa del gran reemplazo, según la cual los blancos están siendo sustituidos por población de otras razas

People embrace outside the scene of a shooting at a supermarket, in Buffalo, N.Y., Sunday, May 15, 2022. (AP Photo/Matt Rourke)
People embrace outside the scene of a shooting at a supermarket, in Buffalo, N.Y., Sunday, May 15, 2022. (AP Photo/Matt Rourke)Matt Rourke (AP)

La Fiscalía del distrito del condado de Erie, al norte de Nueva York, ha confirmado que Payton S. Gendron, un joven blanco de 18 años que el sábado mató a 10 personas, en su mayoría negras, en un supermercado de Búfalo (Estado de Nueva York), actuó por “motivaciones racistas”. Gendron, calificado ya de supremacista blanco por las autoridades, comparecerá el martes ante el juez. La acusación de homicidio en primer grado (con premeditación y alevosía) puede costarle la cadena perpetua, ya que en este Estado no existe la pena de muerte. En su comparecencia ante el juez, el sábado por la noche, para la lectura de los cargos, Gendron permaneció impasible, sin asomo de ningún tipo de emoción, y se declaró no culpable. El joven tuvo un primer contacto con la policía el año pasado, tras proferir “amenazas generalizadas”, no de corte racista, contra su instituto, por lo cual fue derivado a un hospital, donde fue sometido a una evaluación psiquiátrica y, día y medio después, dado de alta. Desde entonces desapareció del radar de la policía.

De las víctimas de los disparos, 10 muertos y tres heridos cuya vida no parece correr peligro, 11 son negros y dos, blancos. Provisto de un rifle de asalto y otras dos armas y de equipamiento militar, incluidos chaleco antibalas y un casco con una cámara incorporada para transmitir en directo su acción, escogió un supermercado de la cadena Tops, ubicado en un barrio de clase baja y población mayoritariamente afroamericana, en las antípodas del homogéneo condado blanco en el que el asesino vivía con sus padres y hermanos. La plataforma de vídeo Twitch, que pertenece a Amazon, cortó la retransmisión del tiroteo a los dos minutos de iniciarse. Mostraba los prolegómenos del horror: la llegada de Gendron en coche al lugar, el aparcamiento y sus pasos decididos hacia la primera víctima, una mujer en camiseta de tirantes y bermudas que salía del establecimiento. Cuatro de los muertos cayeron en el parking. El resto, dentro. “Había cadáveres por todas partes”, declaró un cliente a los medios locales.

La radicalización del supremacista Gendron, vía internet, dio un paso adelante en mayo de 2020, cuando, por el aburrimiento de la pandemia, empezó a frecuentar foros como 4chan, en el que conoció la teoría conspirativa del gran reemplazo o sustitución, según la cual los blancos corren el riesgo de ser sustituidos por población de otras razas. Según relata en un manifiesto de 180 páginas que colgó en internet, cuyos detalles han sido divulgados por el diario The New York Times, se preparó para el ataque de Búfalo durante años, comprando municiones y equipamiento a la vez que practicaba tiro con frecuencia. En enero, el plan germinó.

Payton Gendron (a la derecha) conversaba con su abogado durante la lectura de cargos, el sábado.
Payton Gendron (a la derecha) conversaba con su abogado durante la lectura de cargos, el sábado. Mark Mulville (AP)

Gendron aparenta ser un lobo solitario, trastornado por el odio, capaz de escribir 180 páginas detallando su plan para matar al mayor número de negros en la ciudad con más porcentaje de población afroamericana de su Estado. Un chaval equipado con un rifle de asalto —en cuyo cañón había pintado en blanco el peor insulto posible a alguien de color, según medios estadounidenses, que no concretan la descalificación—, con una cámara para retransmitir la carnicería como hizo el supremacista blanco que atacó dos mezquitas en Nueva Zelanda y dejó medio centenar de muertos en 2019, uno de sus modelos.

Un lobo solitario y mimético: también se inspiró en la matanza de El Paso, en 2019, en la que un blanco viajó durante horas a través de Texas —como Gendron hizo el sábado a lo largo de 320 kilómetros por el Estado de Nueva York— para atentar contra población latina en unos grandes almacenes, con 23 muertos. El asesino de El Paso, Patrick Wood, dejó colgados en internet sus motivos, toda una declaración de odio. Como Brenton Tarrat, el asesino de Nueva Zelanda. Como el mismo Gendron: un relato con pormenores hasta la náusea de dónde aparcar, dónde comer antes de perpetrar el ataque, cómo recorrer todos los pasillos del supermercado y rematar, si podía, a cada negro con un tiro en el pecho.

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Gendron es el producto de un cóctel mortal: la intoxicación de teorías de la conspiración como la del gran reemplazo, antes limitada a la ultraderecha, pero que gracias a telepredicadores como el populista Tucker Carlson y algunos políticos republicanos, se ha convertido en popular; más la facilidad para acceder a armamento, un hecho que plantea, de nuevo, el dilatado debate sobre el control de armas. Todo ello en el marco de una oleada de violencia armada rampante, calificada de epidemia por la Casa Blanca.

En la acuciante necesidad de regular el acceso a las armas de fuego hizo hincapié el sábado el grupo March for our Lives (Marcha por nuestras vidas), formado por estudiantes del instituto de Parkland (Florida), que fue escenario de un tiroteo masivo en 2018: lo ocurrido en Búfalo muestra “el fracaso” de los políticos estadounidenses, afirmaron. “Nuestro país debería haber hecho todo lo que estaba a su alcance mucho antes para evitar que las armas caigan en las manos equivocadas. En cambio, el culto a las armas en Estados Unidos potencia esta violencia supremacista blanca”, dijo el grupo en un tuit. Varios congresistas demócratas apuntaron también discretamente la necesidad de reforzar el control, acusando a los republicanos de torpedear una y otra vez cualquier iniciativa legislativa, que deja a los Estados y los ayuntamientos la facultad de promulgar sus propias reglas.

No parece este el momento —en plena campaña para las complicadas elecciones de medio mandato— más favorable para plantear de nuevo un tema potencialmente explosivo, que traza una de las muchas fallas entre republicanos y demócratas. La polarización que aventó el mandato de Donald Trump, llevada a sus máximas consecuencias, también está en la recámara de la matanza de Búfalo.

“Una matanza atroz cometida por un supremacista blanco”, tuiteó la gobernadora del Estado, Kathy Hochul, nativa de Búfalo, el sábado por la noche. Fue la primera política que ponía nombre y apellido a una amenaza medular contra la seguridad de Estados Unidos: la del extremismo interno, o doméstico. En los 20 años transcurridos desde el 11 de septiembre, los extremistas de extrema derecha han matado a más personas en EE UU que los terroristas islamistas radicados en el país. El director del FBI, Christopher Wray, dijo al Congreso en septiembre pasado que el asalto al Capitolio no fue un hecho aislado y que “el problema del terrorismo interno se ha estado propagando por todo el país durante varios años”. Así lo confirman los registros, desde 2014, con un crecimiento exponencial, especialmente acusado en 2020 y 2021.

Wray agregó que los supremacistas blancos constituyen “la representación mayoritaria del terrorismo doméstico en general” y “han sido responsables de los ataques más letales en la última década”. Ejemplos no faltan, como el asesinato de nueve feligreses negros en una iglesia de Charleston (Carolina del Sur) por un blanco, en 2015. Dylann Roof, el joven que disparó en la iglesia, es uno de los nombres citados por Gendron, aunque dice sentir especial conexión con el supremacista de Nueva Zelanda: “El que más me radicalizó”, según ha consignado, con la pericia de un notario y el desvarío de alguien falto por completo de juicio, en ese memorando del odio.

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