Una debilitada Xiomara Castro toma posesión como presidenta en Honduras

La izquierda regresa con la primera mujer al frente del país centroamericano. La investidura se celebró después de que un sector de su partido maniobrara para restarle poder en el Congreso

Xiomara Castro después de jurar como nueva presidente de Honduras, en Tegucigalpa, Honduras.
Xiomara Castro después de jurar como nueva presidente de Honduras, en Tegucigalpa, Honduras.Bienvenido Velasco (EFE)

Xiomara Castro ha tomado posesión este jueves como presidenta de Honduras para los próximos cuatro años en un acto multitudinario en el Estadio Nacional. “Sí, se puedo, sí se pudo”, los hondureños celebraron después de una larga travesía por el desierto que duró más de 12 años, el regreso de la izquierda al poder en Honduras. Xiomara Castro, de 62 años, se convirtió en presidenta este jueves para los próximos cuatro años cuando juró el cargo frente a Luis Redondo, uno de los dos presidentes que se han proclamado presidente del Congreso. Castro se puso la banda presidencial en presencia del expresidente derrocado Manuel Zelaya y su nieta, un momento que el presentador del evento describió como “el regreso de la legalidad a Honduras”, desde que hace más de diez años Zelaya fue expulsado del poder en pijama.

En su primer discurso a la nación ya como presidenta, Castro se dirigió “a su pueblo “y a la resistencia nacional”, que durante años reclamó en las calles el regreso de su esposo al poder. Sus primeras palabras fueron dirigidas a las mujeres: “Estamos rompiendo cadenas y tradiciones”, dijo. La mandataria dijo que recibe una “tragedia” nacional y económica con datos “reales y no maquillados” y dejó patente su pretensión de refundar un Estado socialista y democrático. “Lo recibo en bancarrota”, resumió y prometió arrancar de raíz la corrupción “tras 12 años de dictadura”.

“La catástrofe económica que recibo no tiene parangón en la historia del país y esto se refleja en un aumento del 700% de la deuda y de la pobreza, que se elevó a 74%”, dijo Xiomara Castro con la banda presidencial cruzándole el pecho. “Somos el país más pobre de América Latina. Eso explica las caravanas de migrantes que huyen hacia el norte buscando una forma de subsistir sin importar el riesgo para sus vidas”, dijo en el Estadio Nacional.

Hasta el fin de semana, cuando sus diputados protagonizaron una bochornosa pelea en la tribuna del congreso, el adjetivo “histórico” era el que mejor encajaba con su llegada al poder. Al frente del partido Libertad y Refundación (Libre), Castro, de 62 años, había logrado una victoria por goleada en los comicios de noviembre terminando de esta forma con el secular bipartidismo. Con su triunfo en las elecciones más votadas de la historia, Castro logró la presidencia, el mayor número de diputados y las principales ciudades: Tegucigalpa y San Pedro Sula. Tan histórico como los resultados, lo es también el hecho de que una mujer llegue a lo más alto en uno de los países con mayor número de feminicidios del continente.

Consciente de su contundente victoria, la comunidad internacional se dispuso a arropar su llegada al poder y diversas personalidades llegaron al país centroamericano, entre ellos la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris; el rey de España, Felipe VI; el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, o la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. La izquierda del continente celebra la llegada al poder de la esposa del derrocado Manuel Zelaya como una pieza más de un engranaje del que forman parte Gabriel Boric en Chile y también aspiran a hacerlo este año Lula Da Silva y Gustavo Petro si, como dicen las encuestas, logran la victoria en Brasil y Colombia, respectivamente.

Todo estaba dispuesto para una gran celebración este jueves en Tegucigalpa hasta que la división interna terminó de aguar la fiesta con una bronca, también histórica, en la que varios miembros de su partido se pelearon en la tribuna del Congreso. Los insultos y empujones ante los ojos de todos el país evidenciaron la división que rodea su llegada al poder. La imagen más clara de su debilidad es la reunión que mantuvo con Jorge Cálix horas antes de la ceremonia. Si hace unos días lo llamaba “traidor”, este miércoles le ofreció un puesto en su Gabinete para permitir que el puesto lo ocupara su candidato, Luis Redondo.

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Así las cosas, hasta unas horas antes de la toma de posesión Castro negociaba in extremis un acuerdo que salvara el evento más importante de su carrera política.

Xiomara Castro, presidenta electa de Honduras, y Jorge Cálix, este martes en Tegucigalpa.
Xiomara Castro, presidenta electa de Honduras, y Jorge Cálix, este martes en Tegucigalpa.- (AFP)

En el origen de la disputa que ha amenazado con amargar su toma de posesión hasta el final están las distintas corrientes que le ayudaron a ganar las elecciones y que ahora conviven en su Gobierno. Un acuerdo previo a los comicios entre Libre y el partido de Salvador Nasralla (PSH) establecía que el popular presentador de televisión no se presentaría a los comicios como candidato si a cambio Castro le garantizaba la vicepresidencia de Honduras y la posibilidad de elegir la directiva del Congreso. Finalmente, Castro obtuvo 50 curules y Nasralla diez por lo que no alcanzan la mayoría simple para refrendar el pacto. Aprovechándose de esto, 20 diputados de Libre se unieron a 44 del Partido Nacional y otros grupos más pequeños para nombrar a Jorge Cálix como presidente del Congreso con su propia Junta Directiva. La reacción de Castro fue expulsar del partido a 18 de los 20 legisladores después de que dos se retractaran.

Sin embargo, el daño ya está hecho y Honduras ha llegado a la investidura con dos presidentes del Congreso, lo que sembró dudas sobre quién sería el encargado de ponerle la banda presidencial. Por un lado, estaba Redondo, apoyado por la Presidenta, y por otro Cálix, nombrado vía internet por 70 de los 128 diputados del Congreso, 18 de ellos expulsados de Libre, y el resto de los opositores Partido Nacional y Liberal. Hasta última hora del miércoles, las partes negociaron a cara de perro hasta que Castro anunció en Twitter que ofrecía a Cálix un puesto en su equipo cercano a cambio de permitir la llegada de Redondo. Y el balón sigue en el aire.

A la división interna, se suman los problemas que esperan a Xiomara Castro como presidenta del segundo país más pobre del continente después de Haití. El nuevo Gobierno recibe un país quebrado económicamente y penetrado hasta el tuétano por el narcotráfico. Un país con enormes posibilidades, pero con el 74% de la población viviendo en la pobreza y un 53% en la pobreza extrema. Los expertos prevén que Castro deberá asumir un ajuste fiscal debido a la caída por los ingresos por la pandemia y el impacto de dos huracanes seguidos en un año.

El otro foco de atención estará puesto en el presidente Juan Orlando Hernández, de 51 años, quien deja el cargo tras una convulsa gestión de ocho años marcada por su polémica reelección y el encarcelamiento de su hermano, Tony Hernández, condenado a cadena perpetua por meter toneladas de cocaína en Estados Unidos. Una condena, tras un juicio en una corte de Nueva York, en el que el nombre de Hernández salió a relucir en más de 100 ocasiones por complicidad con el cartel de los Cachiros. En entrevista con EL PAÍS, Hernández aseguró que formará parte del Parlamento Centroamericano desde este jueves, lo que aparentemente le podría garantizar la inmunidad diplomática, sin embargo, no son pocas las voces que prevén una acción judicial desde Estados Unidos para pedir su extradición.

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Sobre la firma

Jacobo García

Es periodista en México, Centroamérica y Caribe. Fue corresponsal de El Mundo y Associated Press en Colombia antes de llegar a EL PAÍS. Editor Premio Gabo’17 en Innovación y Premio Gabo’21 a la mejor cobertura. Finalista True Story Award 20/21 y colaborador en varios libros colectivos sobre periodismo y América Latina.

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