Trump carga contra Biden en su reaparición en la precampaña electoral: “Este país se está yendo al infierno”

El expresidente muestra músculo político ante los comicios de medio mandato de este año pero no aclara aún si se presentará a las presidenciales de 2024

El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante un mitin en los terrenos del festival Canyon Moon Ranch en Florence, Arizona, al sureste de Phoenix, el 15 de enero de 2022.
El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante un mitin en los terrenos del festival Canyon Moon Ranch en Florence, Arizona, al sureste de Phoenix, el 15 de enero de 2022.MARIO TAMA (AFP)

Donald Trump ha vuelto. El expresidente hizo en la noche del sábado una primera aparición pública combativa para arrancar 2022, el año de las elecciones de medio mandato que deben renovar la totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y elegir los gobernadores de 36 Estados y tres territorios. Para mostrar músculo eligió Arizona, un Estado republicano que en 2020 perdió por poco más de 10.000 votos ante Joe Biden. Un año y dos meses después, pintó un sombrío panorama del país que durante cuatro años gobernó de polémica a polémica: “Se está yendo al infierno. Es un desastre. Tenemos que ser fuertes y recuperar nuestro país y nuestro futuro”, aseguró Trump ante una multitudinaria audiencia de decenas de miles de personas en un evento que deja claro que la batalla por la presidencia en 2024 ya ha comenzado.

“Pocos imaginaron que [Biden] sería tal desastre”, afirmó Trump, quien subió al escenario con una gorra roja calada para evitar que los fuertes vientos del desierto lo despeinaran frente a las cámaras. “La inflación es la peor en 40 años. Las tiendas están vacías, no hay mercancías… Las calles de las ciudades demócratas están llenas de sangre y homicidios, hay cuatro veces más casos de covid que antes”, aseguró en un discurso que se alargó más de hora y media y que inició con una marcha fúnebre y un enorme mensaje en las pantallas: Joe Biden es un completo fracaso. También criticó al actual Gobierno por la “persecución” de quienes participaron en el asalto al Capitolio, en enero del año pasado. “Prisioneros políticos”, llamó el exmandatario a los detenidos tras los hechos en los que murieron cinco personas.

El trumpismo, que ha utilizado la ira como combustible desde 2016, explota ahora las debilidades de Biden. Las decenas de miles presentes se rieron a carcajadas, escasos minutos antes de que Trump tomara el templete, con un montaje de pifias del presidente. Desde sus tropiezos subiendo escaleras hasta sus olvidos de los discursos. Los simpatizantes aderezaron los discursos de los oradores con el “Let’s go, Brandon” (Vamos, Brandon), un insulto en clave para el presidente que se ha popularizado entre los republicanos. El lema Fuck Joe Biden (Jódete, Joe Biden) está por todos lados. “Bolsa de cadáver Biden”, lo llamó un senador local sobre el escenario.

“[Biden] Ha humillado a nuestro país. Putin está jugando con nosotros. Ya no nos respetan Rusia ni China. Ya no nos temen”, afirmó Trump. El expresidente, que aún no confirma con claridad sus intenciones de volver a presentarse en las presidenciales de 2024, lo deja todo entre líneas. “Lo más fácil sería seguir con mi vida. Competí dos veces y gané dos veces…”, sugirió en un momento antes de divagar hacia otro tema.

Atasco de varios kilómetros

El circo de Trump causó conmoción en Arizona. Su primer mitin de 2022 provocó un atasco de varios kilómetros en Florence, una ciudad al sureste de Phoenix, la capital del Estado, que vio llegar de varias partes del país a miles de trumpistas. Victor, de 64 años, voló desde Las Vegas la noche del viernes. Usaba la típica gorra roja de Make America Great Again (Que EE UU vuelva a ser grande), pero la suya tenía un autógrafo en la visera. “Me la firmó en 2019 Don Jr. (el hijo de Trump)”, afirma el hombre, quien dice que hará lo posible por hacer que Trump vuelva a la Casa Blanca. “Él va a limpiar todo este desastre”, señala. Todo comienza, en sus palabras, con “recuperar la Cámara de Representantes y el Senado” en los comicios del 8 de noviembre.

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“Necesitamos una victoria aplastante. Una victoria que los demócratas no puedan robarse”, dijo Trump a sus fieles. La narrativa del fraude le ha creado una paradoja con la que ahora debe lidiar. Después de más de un año de socavar la confianza en el sistema electoral, un periodo en el que jamás ha admitido su derrota, ahora necesita del sistema para hacerse con el control del Congreso. Esta idea se dejó ver en algunos momentos de su intervención: el expresidente pidió en varias ocasiones a sus seguidores que “salgan a la calle y voten”.

“Si quieren una elección segura debemos tener dos cosas: votación el mismo día de la elección y votos de papel”, aseguró. Los republicanos han promovido en los Estados que gobiernan, entre ellos Arizona, reformas para hacer más difícil votar por correo, algo que los trumpistas consideran un instrumento del fraude. Todo ello pese a que no existe una sola evidencia de irregularidades en este Estado, según los datos que han arrojado varias auditorías. Hubo un recuento de los votos validados por los dos partidos, una decena de tribunales han fallado que no hubo irregularidades, las agencias de seguridad también han certificado los resultados e incluso el fiscal general del propio Trump, Bill Barr, el fiscal de Arizona y otras autoridades locales han dado su visto bueno. Pero todo esto da igual. Trump y sus seguidores insisten en que fue él el vencedor legítimo en noviembre de 2020.

El guion que ha escrito Trump no permite pasar página de aquellos comicios. Todos los oradores que precedieron al expresidente aseguraron de una forma u otra que el republicano ganó las elecciones. Esto se ha convertido en una regla no escrita para los aspirantes a las elecciones del próximo noviembre que quieran su apoyo. “Nunca volveré a respaldar a ese idiota”, aseguró Trump esta semana en referencia a Mike Rounds, un senador republicano de Dakota del Sur que dijo que no existe prueba en ningún Estado que permita revertir el resultado. “¿Está loco o es simplemente estúpido?”, remató Trump. Es el mismo trato que otorga al actual gobernador de Arizona, Doug Ducey, quien avaló el triunfo de Biden. De manera peyorativa, Trump lo etiqueta como un “RINO”: un republicano únicamente de nombre, alejado de las posiciones de extrema derecha de su movimiento.

El exmandatario ya ha anunciado su segundo mitin para finales de mes en Texas. Trump utiliza estos eventos para preparar el terreno de sus candidatos. Para Arizona ha elegido a Kari Lake, una expresentadora de la cadena local de Fox News, criticada por sus posturas radicales. La aspirante prometió junto a su padrino político “cerrar la frontera” con México. “Nos están invadiendo. China está mandado fentanilo a través de México. Eso se acaba conmigo”, aseguró. “Y tengo un mensaje para todos los que están cruzando la frontera. Cuando sea gobernadora van a ser arrestados y deportados”, dijo entre aplausos.

Fox News, a la lista negra

Hace un año, Mike Lindell, un exadicto al juego y a la cocaína renacido en vendedor de almohadas por correo, era recibido por Trump en la Casa Blanca. La escena marcó el momento en que el personaje abandonó los márgenes del movimiento de fanáticos de Trump para convertirse en uno de sus portavoces principales. Capturado entonces por los fotógrafos con anotaciones en un cuaderno que solicitaban despliegues militares y un toque de queda nacional, en la noche del sábado pintó un futuro de esperanza para el trumpismo: “Todos sabemos que Dios corregirá lo que está pasando. No habrá problemas con las máquinas de votación en 2022″.

Lindell cargó contra los medios, pero no solo contra los habituales. A la lista negra se añaden ahora también los medios conservadores. “Estos son ahora nuestro mayor problema”, aseguró el empresario, subrayando en especial a Fox News, una cadena que acompañó a Trump durante su presidencia, pero que ha dejado de lado la idea de que la elección estuvo amañada. “Es asqueroso. ¿Cuándo fue la última vez que hablaron del fraude de 2020? Ya no dicen nada”.

Trump lanzó el sábado su primer grito de guerra del año electoral. Lo hizo cobijado por miles de simpatizantes en un evento que, por momentos, hizo pensar que muy poco ha cambiado en Estados Unidos en un año. “La gente tiene sed de verdad”, añadió el exmandatario, quien no oculta sus ganas de liderar de nuevo. “Somos el hazmerreír del mundo”, concluyó.

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Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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