El uribismo encara la campaña presidencial en Colombia en sus horas más bajas

La coalición de derecha sigue sin acoger al candidato del partido de Gobierno mientras el expresidente Uribe, el mentor de Iván Duque, registra su peor imagen en 25 años

El expresidente Álvaro Uribe habla durante un evento de la campaña presidencial de Iván Duque, el 20 de mayo de 2018.
El expresidente Álvaro Uribe habla durante un evento de la campaña presidencial de Iván Duque, el 20 de mayo de 2018.Mauricio Palos (Bloomberg)

En el arranque del 2022, un crucial año electoral en Colombia, el diálogo imaginario con un par de estatuas sentadas en una banca que el infatigable expresidente Álvaro Uribe divulgó en sus redes sociales tuvo un tinte nostálgico. “La señora y el señor parecen decirme que antes de la seguridad democrática no venían turistas, que gracias a la seguridad democrática llegaron muchos, se reactivó la economía, mejoró sustancialmente el ingreso, que todavía llegan”, narra en el video de 43 segundos, por fuera de cámara, el también fundador del Centro Democrático, el actual partido de Gobierno, en alusión a la política bandera de sus dos mandatos, entre 2002 y 2010. “Quisiera decirles que nos ayuden, para que, además de sus votos, muchos más colombianos nos ayuden con sus votos para fortalecer al Centro Democrático”, concluye en su enigmático mensaje.

El uribismo, la corriente creada en torno al exmandatario, el político más influyente en lo que va de este siglo en Colombia, protagonista de todas las grandes citas electorales y mentor del presidente Iván Duque, afronta en sus horas más bajas un calendario marcado por los comicios legislativos del 13 marzo y la primera vuelta de las presidenciales, el 29 de mayo. Cuando se encontraba en el poder, los colombianos solían referirse al “efecto teflón” para explicar que la popularidad de Uribe era a prueba de escándalos y controversias. Ya no. Su imagen se ha erosionado hasta despertar recelos en la mayor parte de la sociedad. En el más reciente estudio de la firma Invamer, que se hace cada dos meses desde 1996, su aceptación toca mínimos. El 67 % de los encuestados tiene una imagen desfavorable del también exsenador, mientras la favorable cayó al 19 %, su nivel más bajo en 25 años de mediciones.

Uribe, el más férreo opositor al Gobierno de Juan Manuel Santos y al acuerdo de paz que selló con las FARC, ha saboreado muchos triunfos en las urnas. Ha sido el único presidente colombiano elegido en primera vuelta, con más de la mitad de los votos. Y lo consiguió en dos ocasiones, después de haber reformado la Constitución para presentarse a la reelección –a la que no puede optar Duque, pues ya no es una opción en Colombia–. Lideró el inesperado triunfo del ‘no’ en el plebiscito sobre los acuerdos de paz, que polarizó a la sociedad, y también obtuvo en 2018 la mayor votación para un senador con más de 800.000 votos. Sin embargo, en agosto de 2020 renunció a su escaño para salir de la órbita de la Corte Suprema de Justicia, que lo llegó a mantener en detención domiciliaria por un caso de presunta manipulación de testigos para que declararan a su favor y lo desvincularan de las denuncias que lo relacionan con un grupo paramilitar. El proceso continúa desde entonces en la justicia ordinaria.

Los nubarrones se acumulan. Con una desaprobación que, según Invamer, se ubica en el 71%, el presidente Duque atraviesa una larga crisis de popularidad desde los primeros meses de su gestión, y el uribismo languidece como nunca antes. “Ha pasado de ser la locomotora de la derecha durante las dos últimas décadas a convertirse en su vagón de cola para el 2022″, apunta el portal político La Silla Vacía.

La incipiente campaña presidencial, con una veintena de precandidatos, se encamina a un pulso entre tres coaliciones: Pacto Histórico, Centro Esperanza y Equipo por Colombia, la más escorada a la derecha. La bandera del cambio cotiza al alza, y los dos aspirantes hasta ahora mejor posicionados coinciden en marcar distancia frente al uribismo. El izquierdista Gustavo Petro, perdedor de la segunda vuelta ante Duque en 2018, encabeza un Pacto Histórico hecho a su medida, lidera las encuestas y ha sido un tenaz opositor del expresidente. Y en el centro, Sergio Fajardo busca representar una opción de cambio menos abrupto y alejada de los extremos. “Aquí se cierra un capítulo, los 20 años en que la política ha girado alrededor de la figura del expresidente Álvaro Uribe”, le decía Fajardo a EL PAÍS el pasado octubre. Con ese panorama, al Centro Democrático, de ideas más extremas, solo le queda la opción del Equipo por Colombia si quiere formar parte de alguno de los grandes bloques.

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“Hay un cansancio evidente producto del Gobierno de Iván Duque. La expectativa de la población era tener un discurso mucho más contundente y acciones más palpables en las políticas públicas en las cuales Uribe fue reconocido”, señala la analista Mónica Pachón, doctora en Ciencia Política y profesora asociada de la Universidad de los Andes. El mensaje del uribismo se ha desdibujado en medio del deterioro de la seguridad, que era una de sus mayores banderas. Sin embargo, Pachón advierte que el Centro Democrático sigue siendo una fuerza unificada que suma al menos dos millones de votos en un escenario donde aún no emergen candidatos fuertes o de perfil popular, y los temores que despierta la izquierda que representa Petro puede ser un factor que cohesione al otro lado del espectro.

Hace cuatro años, en la precampaña, las encuestadoras medían como una sólida opción presidencial “el que diga Uribe”, una expresión que se popularizó. El presidente Duque fue el que dijo Uribe, y llegó a la Casa de Nariño con una cifra inédita de más de diez millones de votos. Esos días se antojan lejanos. El Centro Democrático escogió en noviembre a su candidato, el exministro de Hacienda Óscar Iván Zuluaga, pero el respaldo del expresidente no le ha bastado para despegar en las preferencias. Por el contrario, el 78% de los consultados aseguró en octubre que no votará por el que diga Uribe en un sondeo del Centro Nacional de Consultoría (CNC). En un escenario fragmentado, Zuluaga era también una carta para buscar alianzas que hasta ahora no han cuajado. El Equipo por Colombia ha discutido si le conviene abrirle la puerta, y ha pospuesto cualquier definición a pesar de haber tenido entradas y salidas esta semana. “Mi campaña sigue, inquebrantable, y de la mano de mi partido”, ha reaccionado Zuluaga. Este sábado incluso descartó de momento integrarse a la coalición, aunque reafirmó su propósito de “trabajar en la búsqueda de un amplio consenso que defienda a Colombia del populismo de izquierda”.

Óscar Iván Zuluaga, al ser anunciado como candidato presidencial del Centro Democrático, el 22 de noviembre de 2021.
Óscar Iván Zuluaga, al ser anunciado como candidato presidencial del Centro Democrático, el 22 de noviembre de 2021.LUISA GONZALEZ (Reuters)

Al tener en sus filas a los exalcaldes Federico Gutiérrez (Medellín), Alejandro Char (Barranquilla) y Enrique Peñalosa (Bogotá), Equipo por Colombia cuenta con un considerable despliegue territorial. Los tres mantienen buenas relaciones con Uribe y han exhibido afinidades. Algunos observadores incluso consideran a Fico Gutiérrez el verdadero favorito del expresidente. Los acompañan Dilian Francisca Toro, en cabeza del Partido de la U, y el senador David Barguil, precandidato del Partido Conservador, que ha presionado públicamente por incluir al uribismo. Sin embargo, esa posibilidad aún provoca resistencias. Alex Char, que ha esquivado debates y entrevistas, sorprendió al decirle al periódico El Tiempo que no estaba de acuerdo con la llegada del Centro Democrático. “Nacimos como un grupo unido alrededor de un tema de gestión, de gobernanza, que solo quiere tener gente que haga cosas, pero que no polarice más”, deslizó.

Otro exministro de Hacienda –pero del Gobierno Santos–, Juan Carlos Echeverry, quien forma parte del Equipo por Colombia pero renunció el jueves a su aspiración presidencial, utilizó argumentos similares al explicar las razones por las que se había manifestado en contra. “Tenemos una propuesta fresca, experimentada, regional, que creo que vale la pena presentársela a los colombianos independiente del Centro Democrático”, razonó Echeverry, que ha abogado por posiciones menos ideologizadas. “Yo sigo creyendo que el país quiere algo que se aleje de los extremos”, subrayó. La indefinición frente a Zuluaga se hizo más evidente todavía con el anuncio de la llegada a la coalición de Aydeé Lizarazo, la candidata del MIRA, un partido de origen cristiano. El uribismo, por ahora, ha quedado atascado en la lista de espera.

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Sobre la firma

Santiago Torrado

Corresponsal de EL PAÍS en Colombia, donde cubre temas de política, posconflicto y la migración venezolana en la región. Periodista de la Universidad Javeriana y becario del Programa Balboa, ha trabajado con AP y AFP. Ha cubierto eventos y elecciones sobre el terreno en México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Haití, así como el Mundial de Fútbol 2014.

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