Muere Bob Dole, el candidato republicano que no pudo con Bill Clinton

Héroe de la Segunda Guerra Mundial, el político, que perdió en su carrera a la presidencia en 1996, fallece a los 98 años

Bob Dole, en un acto de la campaña presidencial de 1996, en South Dakota.
Bob Dole, en un acto de la campaña presidencial de 1996, en South Dakota.J. DAVID AKE (AFP)

La carrera política del corredor de fondo Bob Dole ha llegado a su meta este domingo, mientras dormía, a los 98 años. Héroe de la Segunda Guerra Mundial, fue candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos en 1976 con Gerald Ford, perdió la Casa Blanca 20 años después contra Bill Clinton, se desempeñó como senador republicano durante un cuarto de siglo y ostentó la marca del líder más longevo de su partido en hasta que Mitch McConnell la superó en 2018. Pero sobre todo fue, durante casi un siglo, un conservador pragmático y un político dialogante de Kansas. La noticia de su muerte la dio a conocer la fundación que lleva el nombre de su segunda mujer, la también política republicana Elizabeth Dole.

Para aquellos cuya memoria no alcance tan lejos como hasta los campos de batalla de la liberación de Italia, será para siempre el político que perdió en las urnas contra Bill Clinton en 1996, hora de su reelección como 42º presidente de Estados Unidos. No fue una derrota cualquiera: Dole concedió a Clinton la gloria de ser el primer demócrata que logró repetir en la Casa Blanca desde Franklin Delano Roosevelt, en 1944. La campaña del republicano fue una de las más torpes que se recuerdan. En su descargo cabe decir que no era su momento: además de por sus errores, perdió víctima del optimismo progresista de los noventa y del empuje de dos cachorros de la generación del baby boom, su contrincante y el compañero de papeleta de este, Al Gore.

Él pertenecía a otra estirpe, esa que se conoce como The Greatest Generation en Estados Unidos, país cuyas élites viven ancladas en la nostalgia de un pasado en el que las cosas eran más duras, pero también más sencillas. Nacido en 1923 en la pequeña localidad de Russell (Kansas), vivió la Gran Depresión y las tormentas de polvo que empujaron a los personajes de Las uvas de ira, de John Steinbeck, a emigrar al Oeste. La familia de Dole, hijo de un tendero y un ama de casa, optó por quedarse en las Grandes Llanuras, y el muchacho acabó alistándose en el ejército para combatir en Europa. Lo hirieron en Italia gravemente en 1945, tres semanas antes del final de la guerra, tan gravemente que llegaron a darlo por muerto. La supervivencia se cobró el peaje de una invalidez permanente en el brazo derecho. A cambio, recibió condecoraciones reservadas a los héroes: tres Corazones Púrpura y dos Estrellas de Bronce.

Tras una penosa recuperación de 39 meses, se lanzó a una carrera como legislador en Kansas. Llegó a Washington en 1961 armado con una franqueza del Medio Oeste que le granjeó la fama de buen negociador y el respeto de sus contrincantes. Los grandes medios estadounidenses han conmemorado hoy su figura con la nostalgia implícita de un tiempo en el que republicanos y demócratas sabían ponerse de acuerdo para las cosas importantes. Sirvió primero en la Cámara de Representantes y, durante 25 años, en el Senado, donde ejerció como líder de su partido antes de abandonar su cargo para presentarse a las elecciones.

En 1996, fue el soldado de la revolución conservadora de Newt Gingrich enviado a morir en el frente de Bill Clinton. Al menos, el Partido Republicano logró en esos años recobrar la mayoría de la Cámara de Representantes, que había estado en manos de lo demócratas durante 40 años. “Su derrota [en las elecciones presidenciales] fue también el fin de la era Gingrich”, escribe Nick Bryant, veterano corresponsal de la BBC, en When America Stopped Being Great (Cuando Estados Unidos dejó atrás su grandeza, Bloomsbury, 2021).

Bob Dole recibe la Medalla del Congreso, en 2018.
Bob Dole recibe la Medalla del Congreso, en 2018.Carlos Barria (Reuters)
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Dole, entonces un experimentado político de 73 años, nunca volvió a optar a un cargo público. Se dedicó a trabajar por los veteranos de guerra, salió en anuncios, escribió un puñado de libros, entre ellos, unas memorias sobre sus tiempos como soldado, y volvió a los titulares cuando se convirtió en el único candidato republicano que asistió en 2016 a la convención del partido en Cleveland en la que fue designado Donald Trump. En 2018, recibió la Medalla del Congreso por sus servicios como “soldado, legislador y hombre de Estado”. Al año siguiente, la cámara baja lo distinguió como coronel honorario. En febrero de 2021, anunció que padecía cáncer de pulmón en una fase avanzada.

Al conocer la noticia de su muerte, el presidente Joe Biden lo definió como “un estadista como pocos en la historia de Estados Unidos. Un héroe de guerra y uno de los más grandes de la generación más grande“. “Para mí, también era un amigo al que podía acudir en busca de consejo o de un chiste capaz de aliviar tensiones en los momentos más tensos”, añadió. El expresidente Barack Obama dijo en Twitter que su liderazgo político fue el de un republicano de otro tiempo, cuando “cumplían un cierto código, y ponían al país por delante del partido”. Mike Pence, vicepresidente con Trump, celebró una vida extraordinaria “al servicio de América.”

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Sobre la firma

Iker Seisdedos

Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.

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