La Bienal de La Habana, entre el boicot y la agitación política

La primera exposición colectiva de la XIV Bienal de La Habana abre sus puertas en medio de un ambiente de agitación política por la convocatoria de una marcha opositora el 15 de noviembre

Montaje en la Bienal de la Habana de la exposición colectiva 'Caminos que no conducen a Roma. Colonialidad, descolonización y contemporaneidad'.
Montaje en la Bienal de la Habana de la exposición colectiva 'Caminos que no conducen a Roma. Colonialidad, descolonización y contemporaneidad'.BIENAL DE LA HABANA

“Habemus Bienal. Comienza el fin del boicot”. Con estas palabras de los organizadores, quedó inaugurada el viernes en el Centro Wifredo Lam “Caminos que no conducen a Roma”, la primera exposición colectiva de la XIV Bienal de La Habana, que abre sus puertas esta edición en medio de un ambiente de agitación política por la convocatoria de una marcha opositora el 15 de noviembre, y tras semanas de boicot por parte de artistas cubanos y extranjeros, que han hecho campaña por la no celebración de la muestra mientras “haya artistas perseguidos, presos u obligados al exilio y en la isla no exista libertad de expresión plena”. Para el Ministerio de Cultura de Cuba, se trata de “un boicot contrarrevolucionario e imperialista”, que no ha logrado impedir la celebración del evento ni conseguido que se produzcan bajas notables.

A tono con los tiempos que corren, nunca antes una Bienal de La Habana había estado tan politizada, y eso que siempre la muestra ha servido a artistas cubanos de plataforma para exponer obras críticas e incómodas para el poder. Al boicot se han sumado cientos de artistas de todo el mundo, incluidas figuras como la serbia Marina Abramovic o el pintor cubano Tomás Sánchez, pero frente a esta iniciativa otra convocada desde el periódico mexicano La Jornada salió en respaldo de la muestra, y según La Habana ésta ya cuenta con el apoyo de más de 800 artistas y personas del mundo del arte.

Bajo el título ‘Futuro y contemporaneidad’, por primera vez la Bienal se desarrollará en tres momentos diferentes durante casi seis meses (lo habitual era una duración de un mes), con la participación prevista de cerca de 300 artistas. La primera fase, ‘Preambulo’, comenzó con la exposición inaugurada el viernes, y se desarrollará hasta el 5 de diciembre enfocada en aspectos teóricos del mundo del arte. Del 6 de diciembre al 24 de marzo de 2022 será el turno de “La Habana de la Bienal”, en el que están previstas diversas exposición de artistas cubanos y extranjeros, y la última fase será “Regreso al porvenir”, del 25 de marzo al 30 de abril, con una muestra curatorial dividida en varios núcleos o proyectos.

Hasta el momento, según el director de la Bienal, Nelson Ramírez, las bajas de artistas extranjeros han sido pocas (los promotores del boicot informan que al menos una decena ya se han descolgado de la muestra). Muchos de los invitados, denunció Ramírez, han recibido “presiones directas” para que no asistan, “algunos por parte de sus galerías”, y dijo que otros han sido “confundidos” después de una labor “de proselitismo y extorsión” de los promotores del boicot, desde posiciones de “extrema derecha” pero también desde “un discurso de izquierdas”.

El director de la Bienal admitió como una “pérdida dolorosa” que se haya producido “algunas bajas de artistas” —que prefirió no identificar—, y calificó de “muy raro que se pretenda justificar el boicot contra un evento artístico desde la idea de que esa censura y esa represión es con el objetivo de privilegiar la libertad de expresión”.

Del otro lado, se sostiene que el boicot es lícito, entre otras razones, porque en los últimos meses varios artistas han sido encarcelados por expresar opiniones contra el Gobierno o por su activismo opositor, como Hamlet Lavastida, que paso casi tres meses en prisión después de regresar a Cuba desde Alemania —y finalmente aceptó el exilio a cambio de la cárcel—, o Luis Manuel Otero Alcántara, principal líder del Movimiento San Isidro, que se encuentra en prisión desde las protestas del 11 de julio. El activismo de Otero Alcántara fue clave en los sucesos del 27-N de 2020, sucedido a las puertas del Ministerio de Cultura, cuando un grupo de 300 jóvenes artistas se manifestó en demanda de que cesase el hostigamiento contra los artistas disidentes.

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Después de aquel inédito plantón, antecedente de la agitación actual, llegaron las protestas del 11 de julio y ahora la convocatoria de la llamada ‘marcha cívica por el cambio’, promovida por la plataforma Archipiélago, cuyo líder es el dramaturgo Yunior García, uno de los protagonistas de aquella manifestación el 27-N. García ha declarado su intención de marchar en solitario en La Habana este domingo, y el lunes Archipiélago ha convocado a los cubanos a salir a la calle como parte de la marcha por el cambio. Para el Gobierno cubano, las tres fechas son parte de un mismo “esquema desestabilizador” orquestado desde Washington.

Muestra de que la cosa preocupa es que el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, volvió a referirse otra vez el viernes al 15-N: “han levantado toda una aureola mediática para que el mundo espere qué va a pasar en Cuba el 15 de noviembre”. “A nosotros”, dijo, no “nos quita el sueño, estamos tranquilos, seguros, pero atentos y alertas, y estamos preparados para defender la Revolución, para enfrentar cualquier acción injerencista contra nuestro país, sobre todo contra todo lo que atente contra la paz, la tranquilidad ciudadana y nuestro orden constitucional”. En este clima de tensión y pese al boicot, la Bienal de La Habana ha comenzado.

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