Jamaica, Kenia, semáforo: los colores de las posibles coaliciones animan la campaña electoral de Alemania

La era pos-Merkel abre un abanico de alianzas inédito hasta ahora que por primera vez podría alumbrar una coalición de tres familias políticas

Armin Laschet (en el centro), candidato conservador a las elecciones alemanas, durante la presentación de su "equipo de futuro" con figuras destacadas del partido y nuevas promesas a los que incluiría en un hipotético Gobierno.
Armin Laschet (en el centro), candidato conservador a las elecciones alemanas, durante la presentación de su "equipo de futuro" con figuras destacadas del partido y nuevas promesas a los que incluiría en un hipotético Gobierno.Christoph Soeder (AP)

El cambio de era en la política alemana no se limita a la marcha de la canciller Angela Merkel después de 16 años al frente del país. Los sondeos apuntan a que el nuevo Ejecutivo que salga de las urnas el 26 de septiembre tendrá que poner de acuerdo a tres partidos. Si la intención de voto se mantiene, ninguna de las coaliciones que hasta ahora han gobernado la Alemania de posguerra tendrán los apoyos suficientes para salir adelante. Tampoco la Gran Coalición de conservadores y socialdemócratas que a regañadientes se pusieron de acuerdo en 2017. La era pos-Merkel será la de la fragmentación, con unos partidos que entran en terreno desconocido. Si ya era complicado que dos formaciones cerraran acuerdos, ¿cómo serán las negociaciones a tres bandas con cinco partidos en liza?

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“Para la sociedad alemana la situación es incómoda. Si a algo le dan valor es a la certidumbre, que es justo lo que no tenemos ahora”, señala Franco Delle Donne, doctor en comunicación política por la Universidad Libre de Berlín y productor del podcast Merkel. La canciller de las crisis. El panorama es inédito. Hay cinco partidos con opciones de formar parte del próximo Gobierno y al menos cuatro combinaciones posibles de tripartitos. Si los resultados dieran unos pocos puntos porcentuales a socialdemócratas o a conservadores, todavía podría haber otras dos combinaciones más de bipartito. Se avecinan semanas, quizá meses, de incertidumbre y de reuniones en público y en privado para conseguir una alianza que represente al menos el 50% de los asientos del Bundestag.

“No habrá Jamaica”, titularon algunos diarios alemanes en 2017, cuando los liberales de la FDP se retiraron de la negociación para la formación de un nuevo Gobierno, el que sería el último con Angela Merkel al frente. Así, sin más contexto, más de un lector extranjero debió de quedar descolocado. Desde hace unos años, la opinión pública alemana, con la prensa a la cabeza, usa algunas banderas nacionales para describir las posibles coaliciones. Los partidos siempre se han identificado con colores. La CDU de Merkel se representa con color negro; los socialdemócratas del SPD, rojo; los Verdes, por supuesto, verde; los liberales del FDP, amarillo, y Die Linke (la izquierda), el partido poscomunista, con un rojo más oscuro. De ahí la ensalada de países que se lee estos días en los medios alemanes.

Con los sondeos más recientes, que le dan el 25% de intención de voto al candidato socialdemócrata, Olaf Scholz; el 20% a la Unión —el nombre con el que se conoce a la suma de la CDU con su partido hermano bávaro CSU—; el 16% a los Verdes; el 13% a los liberales y el 6% a Die Linke, hay cuatro coaliciones posibles. La Jamaica (CDU-CSU, Verdes y liberales), la Kenia (CDU-CSU, SPD y Verdes), la Alemania (CDU-CSU, SPD y liberales) y la llamada semáforo (SPD, Verdes y liberales). El partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) no entra en ninguna quiniela. El estricto cordón sanitario que se le aplica hace que nadie se plantee siquiera tantear a la formación.

Armin Laschet, el líder conservador, tiene un candidato claro a compañero de coalición: los liberales, el que solía ser su compañero tradicional de Gobierno. Pero la necesidad de integrar a un tercer partido lo complica todo. Una alianza Jamaica tendría que conjugar los intereses del FDP —proempresa, a favor de las bajadas de impuestos y el rigor presupuestario— con los ecologistas, que en su programa electoral llevan un ambicioso programa de inversiones y gasto público para acelerar la transición energética.

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La coalición soñada de Olaf Scholz sería con los Verdes, pero necesitaría también a los liberales, es decir, un semáforo. Kenia es posible técnicamente, pero improbable, aseguran los analistas. Para empezar, el socialdemócrata, ministro de Finanzas de Angela Merkel, ha dicho varias veces que el SPD no quiere volver a una Gran Coalición. La coalición rojiverde, que “hace un mes estaba absolutamente descartada, podría darse si el SDP ganara un par de puntos porcentuales”, dice Delle Donne. Los alemanes también tienen una coalición kiwi, con los Verdes como principal partido y los conservadores, los puntitos negros, de segundo —existe en Baden-Württemberg—, pero ya no se contempla a escala federal. Surgió en abril, cuando la candidata verde Annalena Baerbock encabezaba la intención de voto hasta que una serie de errores y una campaña de desprestigio la descabalgaron del podio.

“La cuestión de los posibles compañeros de coalición dominará la campaña”, asegura la politóloga Ursula Münch, directora de la Academia de Educación Política en Tutzing, Baviera. Los conservadores llevan ya un par de semanas transmitiendo el mensaje de que votar al SPD puede significar un Gobierno de coalición con la presencia de Die Linke. Armin Laschet interpeló insistentemente a Scholz en el primer debate electoral televisado, el domingo pasado, para que descartara públicamente esa opción. Scholz evitó pronunciarse. La probabilidad es remota, porque el partido de izquierdas choca con todos los demás en cuestiones tan importantes como la pertenencia a la OTAN. “Pero es una buena oportunidad para que los conservadores traten de convencer a los votantes que dudan entre CDU-CSU y el SPD o los Verdes de que estas dos últimas elecciones podrían ser peligrosas”, dice Münch. Cuanto más presionado se vea Laschet, que el viernes presentó a un “equipo de futuro” de ocho personas que formaría parte de su hipotético futuro Gobierno, más recurrirá a la idea de que su partido representa la estabilidad y la confianza. Algo que los alemanes siempre han valorado a la hora de votar.

Los ‘rescatadores’ de Armin Laschet

El líder de la CDU y candidato conservador a la cancillería alemana, Armin Laschet, se rodeó ayer de un equipo de posibles ministrables para un hipotético Gobierno encabezado por él. Ocho personas, su “equipo de futuro”, con las que el partido de Angela Merkel quiere arropar a Laschet en lo que queda de campaña electoral. El también presidente de Renania del Norte-Westfalia, el Estado más poblado del país, pasa por su peor momento de popularidad. El partido se ha hundido en las encuestas hasta un 20% de intención de voto, muy lejos del cómodo 35% del que disfrutaba hace solo unos meses.

Los analistas han interpretado la presentación del equipo, ayer en la sede de los conservadores en Berlín, como una operación de rescate. Casi como una intervención de emergencia para evitar que la unión que forman la CDU y su partido hermano bávaro, la CSU, pase a la oposición el 26 de septiembre. La tarea, decía Der Spiegel, es “gigantesca”. Laschet se rodeó en la Konrad-Adenauer-Haus de siete políticos y un científico. Entre los primeros destacaba Friedrich Merz, un economista antiguo rival de Angela Merkel que se enfrentó a Laschet en las primarias del partido, en enero pasado. Merz, un conservador que se presentó con la promesa de devolver el partido a “sus esencias” —por contraposición al centrismo de Merkel y Laschet—, es un halcón fiscal y muy probablemente sería el ministro de Finanzas.

Laschet también integra en ese núcleo duro de colaboradores a jóvenes promesas como Dorothee Bär, de la CSU. Diputada por Baviera y secretaria de Estado de Digitalización en el Gobierno de Merkel, se encargaría de la “modernización del Estado”, dijo Laschet durante la presentación del equipo. El candidato aseguró que todos ellos son expertos en sus campos y que van más allá de “experimentos de tipo ideológico”, en referencia a una posible coalición entre los socialdemócratas, que le aventajan en cinco puntos porcentuales, los Verdes y La Izquierda.

La valoración personal de Laschet es especialmente mala a poco más de tres semanas de los comicios. Un sondeo hecho público ayer muestra que, si pudieran votar directamente al canciller, el 43% de los encuestados lo haría por el candidato socialdemócrata, Olaf Scholz. El conservador apenas obtendría un 16% de voto directo. En las otras preguntas, como quién le parece más simpático o le inspira más credibilidad, o a quién ve más capaz de liderar el país, Laschet también se queda muy rezagado con respecto al que ahora mismo es el candidato con mayores opciones de suceder a Angela Merkel.

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Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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